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Viernes, 14 de mayo de 2004
Cuba: Ya suenan las primeras trompetillas Por
Aurelio Pedroso
No sabemos si es cierto, como dicen las autoridades cubanas y como también piensan otros tantos por Miami, que en el nuevo horizonte de este contencioso con EEUU podría estar cerca la pólvora, pero el caso es que, por lo menos, ya han comenzado a sonar trompetillas. Y ojalá todo se limite a ello. Para saber lo que es una guerra no hay que verla por CNN, sino palparla con manos y corazón. Si de exagerar se trata, ahí estamos los cubanos. Los de aquí, los de allá y los de acullá. Fulano, Sutano y Esperancejo. Piense cada cual como piense. Asumimos el tremendismo como el pan de cada día. Sea el pan normado o aquel que pueda adquirirse algo más caro en moneda nacional o en divisas. El macuto de casi 500 folios elaborado para estrangular la ya averiada economía cubana y de paso importarnos una democracia “made in USA” ha sido el primer estímulo que ha provocado puntuales trompetillas. Desde permitir que Washington nos ofrezca sellado al vacío un lindo, próspero y democrático país, hasta tener que soportar que una de las primeras cosas que tengamos que agradecerle sea que nos vacunen a los niños contra cinco enfermedades, cuando de hecho tienen garantizadas más de 10. Trompetillas continuaron sonando cuando en respuesta al programa por una Cuba libre, el Gobierno cubano expuso en una nota oficial 15 medidas que, según el propio documento, podrían extenderse a más si fuese necesario. La primera de esas medidas es el cierre temporal de las tiendas que venden en dólares, excepto para renglones tan importantes como la comida y artículos de aseo e higiene. Quien no se haya movido de la isla en más de cuatro décadas hubiera podido certificar que lo ocurrido al día siguiente fue un ‘hiperpandemonio’. ¿Qué compraba la multitud que hizo poner nerviosos a almaceneros, cajeros y hasta algunos policías dispersos por el lugar? Pues puré de tomate, aceite vegetal, papel sanitario, detergente y jabón de baño. Ese día, el martes 11 de mayo, el mundo tocaría a su fin. Nada mejor que llevar consigo el aceite y el papel sanitario. Muchos pensamos que colapsarían las tiendas, ya de por sí con muy bajo avituallamiento desde hace meses, pero al día siguiente (miércoles) no había un alma comprando ni una botellita de 95 céntimos de dólar. Eso sí, ese día desapareció, hasta nueva presentación, el jabón de baño. Había, pues, que hacer sonar otra trompetilla a esos desesperados o inquietos clientes. Y otra más aguda y con sonido diferente. La correspondiente a aquellos que al parecer dividieron fuerzas familiares. Unas hacia los mercados y otras para extraer hasta el último centavo ahorrado en cualesquiera de las tres monedas que manejamos (dólar, peso cubano y peso convertible. No se incluye el euro que sólo circula en contados sitios de la isla) Algunos bancos tuvieron que pedir un “SOS” a instancias superiores porque no alcanzaba la plata. Para los próximos días, las trompetillas serán mayores. Muchos de los que se movilizaron a toda velocidad hacia supermercados y bancos también lo han hecho hacia la gran marcha de protesta contra la oficina de intereses norteamericanos, un inmueble cuasi inmunizado después de tantas y tantas marchas de protesta. A
fin de cuentas, se trata de un nuevo pulso La Habana-Washington, sin tantos
matices ni colores que puedan confundir. Esta vez bastante serio y en
verdad no exagera el cubano de a pie cuando lo pinta como “la caña
a tres trozos” (que la cosa está mal). Un peligroso partido
de ping-pong hasta ahora sólo acompañado de mutuas trompetillas. |
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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