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Viernes
21 de mayo de 2004
La
inversión extranjera directa hacia América Latina
disminuye por cuarto año consecutivo
La
inversión no es sólo un problema cuantitativo
Por
Michela
Romani
La inversión extranjera directa (IED) hacia América
Latina se redujo este año en un 19%. Desde 1999, cuando está
rúbrica alcanzó su cénit, la caída ha
sido de más del 50%. La que ha hecho sonar las alarmas ha
sido la Comisión Económica para América Latina
y el Caribe (Cepal) en un informe publicado esta semana. El organismo
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sin embargo,
no se limita a advertir sobre la disminución de estos recursos,
sino que pide a los Gobiernos de la región que pongan en
marcha estrategias para que la IED que llegue a sus respectivos
países genere unos beneficios a medio y largo plazo para
el conjunto de la economía.
En su informe
"La inversión extranjera en América Latina y
el Caribe", la Cepal destaca que el análisis de los
flujos de IED no puede limitarse a una dimensión cuantitativa.
Este tipo de análisis, basado en el razonamiento "cuanta
más inversión, mejor", asume que la llegada de
la IED produce toda una serie de beneficios tanto en el ámbito
macro como en el micro. En cambio, la Cepal destaca que en muchos
casos estos beneficios no son una consecuencia directa de la llegada
del dinero y subraya que la IED tiene también sus costes
económicos y sociales.
El análisis
de la organización de Naciones Unidas divide la IED en cuatro
categorías, de las que sólo tres están presentes
en América Latina: la búsqueda de materias primas;
la conquista de un espacio en los mercados locales y la búsqueda
de eficiencia.
En el subcontinente,
el primer tipo de IED se dirige especialmente a América del
Sur, donde abundan el petróleo (Venezuela), el gas (Bolivia)
y los productos mineros (cobre en Chile y oro en Perú).
Las estimaciones
de la Cepal indican que en 2003 la inversión hacia Sudamérica
se ha reducido en un 18,7%, hasta 21.527 millones de dólares
(17.867,4 millones de euros). Pero dentro de las naciones de esta
área, los flujos de IED han evolucionado de forma distinta.
En la zona de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la inversión
extranjera ha aumentado un ligero 0,7% y se ha situado en 7.148
millones. En cambio, en el Mercosur la llegada de recursos en concepto
de IED ha sufrido una drástica disminución del 34%.
Desglosando
estos datos por los diferentes países, se nota que la mejora
registrada en la CAN se debe esencialmente a Venezuela, donde la
IED se ha más que triplicado. Cabe recordar que 2002 fue
un año particularmente agitado por el país bolivariano,
donde se produjo un intento de golpe de Estado fallido contra el
presidente Hugo Chávez, y donde la oposición amenazó
durante meses con un paro cívico que finalmente se concretó
a finales de año. La inversión extranjera hacia Venezuela
en 2002 fue extremadamente reducida (779 millones de dólares;
646 millones de euros), así que, pese al aumento registrado
en 2003, la IED sigue siendo más de un 30% inferior a la
de 2001.
Las empresas
extranjeras que buscan afianzarse en esta zona de Sudamérica
se dedican principalmente al sector de las materias primas. En su
estudio, la Cepal afirma que este tipo de IED es la que menos está
sujeta a las condiciones macroeconómicas del país
receptor. Entre las aportaciones más positivas de estas inversiones
a las naciones que las reciben está el mejoramiento de la
"competitividad de las infraestructuras y los servicios que
facilitan las exportaciones, pero que no las generan". El informe
destaca que desde la década de los 90 hubo una progresiva
mejora de la competitividad internacional de las materias primas
procedentes de estas naciones suramericanas.
Sin embargo,
la Cepal también destaca que si las inversiones en esta específica
área económica se han mantenido relativamente constantes
en los últimos años, frente a la bajada de los flujos
destinados a otros sectores, es porque tanto el petróleo
como otras materias primas siguen teniendo precios muy elevados
en los mercados internacionales. Además, la organización
de la ONU recuerda que en muchos casos las actuaciones de las transnacionales
energéticas han supuesto costes ambientales muy elevados
para la región.
La otra cara
negativa de este tipo de IED es que, en mucho casos, ha generado
una fuerte tensión social, debido a que los ciudadanos han
reivindicado una mayor participación en los beneficios de
la venta de los recursos no renovables. El ejemplo más cercano
en el tiempo es el de Bolivia, donde las protestas sociales contra
un proyecto de exportación de gas natural a EEUU a través
de Chile provocaron la dimisión del presidente, González
Sánchez de Lozada, a finales del año pasado. Este
tema sigue siendo un rompecabezas para la actual Administración
presidida por Carlos Mesa.
La inversión
extranjera que se dirige al Mercosur pertenece principalmente a
la segunda categoría individuada por la Cepal. Dentro del
bloque de integración suramericano, el país que más
sufrió la disminución de la IED ha sido Brasil, donde
entraron por este concepto 10.144 millones de dólares (8.419,5
millones de euros), un 38% menos que en 2002 y tres veces menos
que en 2000. En Argentina, donde la inversión extranjera
ascendió a 1.103 millones de dólares (915,5 millones
de euros), con un incremento del 42%, se produjo una situación
parecida a la de Venezuela. La inversión hacia el país
austral fue muy baja en 2002, cuando la nación estaba sumida
en una profunda crisis económica que llevó a la pesificación
de la economía, es decir, a la ruptura de la paridad peso-dólar
que se había mantenido durante la década de los 90.
La Cepal explica
que los inversores extranjeros que miran hacia esta zona operan
principalmente en el mercado de las telecomunicaciones, la infraestructura
energética y las finanzas. Por poner algunos ejemplos, algunos
ejemplos, en el Mercosur se concentran importantes inversiones de
las principales empresas españolas, entre ellas Telefónica,
Endesa, Repsol, el SCH o el BBVA. Su objetivo es la conquista (o
el mantenimiento) de una posición en el mercado local. El
informe de la Cepal destaca este tipo de IED fue muy importante
en los años 90, la época de las grandes privatizaciones
de los servicios públicos u otros tipos de grandes empresas.
Pero desde 2000,
el fin de las privatizaciones y las convulsiones políticas
y económicas que vivieron muchos de los países de
la zona afectaron negativamente a la llegada de estos flujos. En
el caso de Argentina, la pesificación aplicada a las tarifas
de los servicios públicos privatizados ha provocado que muchas
firmas extranjeras congelaran sus inversiones como medida de presión
sobre Buenos Aires para que permitiera una revisión al alza
de las tarifas. La Cepal recuerda que hasta 25 compañías
extranjeras presentaron demandas judiciales contra el Gobierno argentino
por incumplimiento de los contratos. A su vez, la Administración
del presidente Néstor Kirchner culpa a las empresas por las
carencias estructurales que afectan al país por no invertir
lo suficiente.
El tipo de IED
que se dirige hacia México y la Cuenca del Caribe (América
Central y los países caribeños) pertenece a la tercera
categoría, la "búsqueda de eficiencia para la
conquista de terceros mercados". Dentro de este grupo se distinguen
dos variantes: la industria de las prendas de vestir, característica
de la Cuenca del Caribe, y las industrias de ensamblaje de automóviles
y componentes electrónicas en México. En ambos casos,
el país receptor de la IED produce para exportar.
La inversión
extranjera hacia México sufrió el año pasado
una caída del 25,6%, hasta 10.731 millones de dólares
(8.906,7 millones de euros). Las compañías que invierten
en el país norteamericano son atraídas sobre todo
por su cercanía física y económica con EEUU,
país al que México está vinculado por el Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan).
Según
la Cepal, este tipo de IED puede ayudar a las naciones que la reciben
a desarrollar una industria propia gracias sobre todo a la transferencia
y la asimilación de tecnología y a la mejora de la
preparación del capital humano. Pero el organismo de la ONU
advierte que estos beneficios no son consecuencia directa de la
inversión, sino que tienen que ser buscados por los gobiernos
locales a través del desarrollo de "estrategias proactivas".
Uno de los problemas
que la Cepal ve en México es que la industria de ensamblaje
que se ha creado en el país es demasiado dependiente de la
demanda estadounidense. Además, las inversiones de las empresas
extranjeras no han favorecido la preparación del capital
humano local, lo que reduce las posibilidades de que este país
desarrolle una industria propia.
El conjunto
de Centroamérica y el Caribe es la única zona geográfica
de América Latina donde la IED aumentó en 2003. El
incremento fue mínimo, un 3,5% hasta 4.208 millones, y estuvo
concentrado en los países centroamericanos. Las empresas
extranjeras que se instalan en este área buscan mano de obra
barata para productos que no necesitan grandes inversiones en tecnología.
Las prendas de vestir son un óptimo ejemplo. La Cepal destaca
que este tipo de inversión no ha ayudado a estas naciones
a mejorar su economía y no ha generado trasferencia de tecnología
ni capacitación de los recursos humanos locales. El informe
pone a Costa Rica como única excepción, debido a que
este país ha tenido "una mejor claridad en sus objetivos
estratégicos" y ha aplicado "instrumentos adecuados
de política nacional".
Las conclusiones
de la Cepal sugieren una reflexión de las administraciones
locales a la luz de que la disminución de la IED no es el
único problema que hay que afrontar. Para que los flujos
de dinero procedentes del extranjero beneficien los países
de la región latinoamericana, no sólo hay que atraer
más inversiones, sino que hay que desarrollar políticas
para que estos recursos se dirijan donde las naciones los necesitan.
RGN MCR PLT
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