| |
|
Viernes
28 de mayo de 2004
El
incendio del centro penitenciario de San Pedro de Sula causó
103 muertos y 25 heridos
El
odio a las pandillas se extiende por Honduras
Por
Marien Aguilar y Paula Valencia
Una
gran campaña de comunicación está creando un
ambiente de odio hacia las llamadas "maras" (pandillas
de delincuentes). Así es como los expertos en Derechos Humanos
describen la situación que vive Honduras desde que el pasado
lunes 17 de mayo se produjera un incendio que causó la muerte
de 103 de los prisioneros de la cárcel de San Pedro Saula,
al norte del país, provocando una de las peores catástrofes
de esta categoría de la historia del país. Una vez
más se ha desatado el polémico debate sobre los derechos
humanos del país, ya que muchos de los reos han denunciado
que los carceleros no les abrieron las puertas y que, de haberlo
hecho, la catástrofe se podía haber evitado. Además,
la cárcel ha quedado en evidencia ante todo el país
por las condiciones de vida del recinto, que quedaron de manifiesto
por las quejas de los presos.
Como
señalan algunos analistas, las cárceles hondureñas
son "bombas de tiempo", no hace falta más que esperar
para que, tarde o temprano, exploten por uno u otro lado. Las pésimas
condiciones en que conviven los presos son pésimas, están
hacinados, conviviendo en una celda el doble de personas de las
que deberían. Así, por poner sólo un ejemplo,
la cárcel de San Pedro Sula tiene capacidad para 800 presos,
y actualmente están internados 2.200, lo que indica una superpoblación
carcelaria de casi el 100%.
Este
fenómeno comenzó desde que se reformó el Código
Penal para dar cabida a una nueva ley sobre pandillas, fenómeno
muy extendido en Honduras. La Ley Antimaras (antipandillas) establece
la retención, entre cuatro y 12 años, de aquellos
que podrían cometer un delito y no de los que realmente lo
han cometido. De ahí que las cárceles hondureñas
se hayan llenado de "pandilleros" que han sido arrestados,
pero no sometidos a juicio, y eso teniendo en cuenta la falta de
instalaciones adecuadas que hay, lo que provoca que haya hacinamientos.
Las pandillas están considerada como la mayor causa de delincuencia
del país, por eso las autoridades las quieren evitar a toda
costa. En Honduras operan más de 500 pandillas, que en total
suman más de 100.000 miembros que operan en todo el país.
Con
la Ley Antimaras, el Estado, lejos de acabar con las pandillas,
está fortaleciéndolas dentro de las cárceles,
aumentando su identidad "como pandilla" y creando nexos
irreconciliables entres sus miembros. Además, la cultura
de estas mafias dentro de las cárceles aumenta vertiginosamente.
El pabellón incendiado el lunes albergaba a 182 prisioneros,
de los cuales sólo salieron con vida 78. Según fuentes
oficiales, el incendio fue causado por una avería eléctrica,
pero los encarcelados allí presentes afirman contundentemente
que los guardias provocaron el incendio para posteriormente impedir
su salida de las celdas, es decir, creen que fue algo premeditado.
Las
asociaciones de Derechos Humanos de Honduras han condenado este
suceso, que califican como una negligencia de las autoridades, surgida
en medio de una fuerte campaña implícita contra los
jóvenes pandilleros del país y que los medios de comunicación
se encargan de favorecer. En concreto, el director de la asociación
Jóvenes Hondureños Adelante, Juntos Avancemos (JHA,
JA), Ernesto Bardales, declaró a Americaeconomica.com
que "nuestro Gobierno es irresponsable porque define medidas
políticas para un fenómeno que no puede definir"
(...) "no hay una política clara criminal".
En
este sentido, Bardales aseguró que los Derechos Humanos de
los pandilleros no están garantizados en Honduras, ya que
no existen programas de rehabilitación e inserción
específicos para estos jóvenes, que son encarcelados,
muchas veces sin cargos explícitos y "amontonados en
las cárceles para quitarles de en medio".
Otro
incidente similar ocurrió en abril del año pasado
en el penal El Porvenir. Murieron 69 personas, la mayor parte de
ellos pandilleros, y se culpó de su muerte a los funcionarios
de la cárcel. Sin embargo, hoy por hoy, mientras la investigación
aún no se ha cerrado, estos carceleros siguen en sus puestos.
Según un informe de la organización humanitaria Casa
Alianza, durante la legislatura del actual presidente, Ricardo Maduro,
se han registrado 64 muertes de reclusos menores de 23 años.
Respecto
a la última tragedia, el portavoz del Ministerio de Seguridad
de Honduras, el subsecretario Leonel Sauceda, confirmó a
Americaeconomica.com que la investigación sobre
el incendio está en manos del Ministerio Público,
a través de una Comisión nombrada por el presidente
Ricardo Maduro. Sauceda dijo que "es esta Comisión quien
finalmente dirá si ha habido negligencia o no".
En
cuanto a la situación de los presos, Sauceda comentó
que sí existen programas de rehabilitación de presos
y de inserción en la sociedad, muchos de ellos gestionados
en colaboración de la Iglesia y la Administración
Pública, y declaró que "a todo interno en centros
penitenciarios se le respetan sus derechos y garantías personales,
y si éstas no son las mejores es debido a la falta de presupuestos".
Por
su parte, el Ministerio Público anunció que llevará
a cabo la investigación de 23 centros penales del país
para determinar sus condiciones de seguridad y el grado de implicación
de los funcionarios de prisiones en las muertes de reclusos. Aida
Romero, fiscal especial de Derechos Humanos, declaró que
"vamos a comenzar una investigación para establecer
cuáles son los móviles de estos hechos" y "vamos
a llamar a las autoridades penitenciarias para preguntarles qué
han hecho o qué han dejado de hacer para evitar que estos
hechos sucedan". Por su parte, Maduro suspendió una
gira que había comenzado por Europa para acudir a su país
y ser testigo de las investigaciones que se llevarán a cabo.
La
Ley Antimaras no es otra cosa que parte de la reforma del artículo
del Código Penal hondureño, por la cual, se aumenta
la pena entre un 100% y un 200%, pero no define los conceptos de
"mara" y "pandilla", ni tipifica los delitos
que se les atribuyen a estos grupos juveniles. Con estas modificaciones,
el Gobierno, lejos de eliminar las pandillas, incrementa la identidad
de sus miembros como parte de este colectivo. Se están creando
en las cárceles colonias de "mareros" que se están
fortaleciendo y recrudenciendo.
HDR PLT
|
|
|