Viernes 28 de mayo de 2004

 

DESDE EL MALECON CON...

Cuba: casi todos a la mesa

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

Tal parece un chiste verde, de tarde en la noche. De relajo, diría otro. Sí, de esos tan buenos que hasta las señoronas al oírlo se llevan las manos a la boca para ocultar la risa. Pero no lo es. Los personajes no son imaginarios sino reales. Es la Cuba de hoy. Vaya, la de esta semana.

Veamos: Tras un escritorio de conferencias (habilitado con micrófonos para hablar a los demás) y sentados en confortables butacas, se encuentran un ex mercenario de Bahía de Cochinos; un hombre joven que por los años 80 no encontró medio mejor para abandonar la isla que penetrando a una embajada; una señora, que como sus hijos ya se habían marchado hacia Miami, pues lo mejor que pudo hacer fue poner pies en polvorosa; otro, de casi 50 años que quienes dirigían sus destinos laborales en aquella época, le hicieron tan imposible la vida que optó por largarse (y cuidado que con el tiempo no se encontrara por aquellas tierras también a sus "verdugos"), y finalmente una jinetera (prostituta) de finales de los 90, que de puro milagro la policía no le tiró el guante para que, reclusa, recogiera frutos menores, pero ella, diestra en evadir y lanzar guantes, se "enamoró" de un viejo extranjero que para colmo de fortuna vivía cerca de la isla.

Y así, todos los personajes, después de largas deliberaciones y finalizada la clausura de la "III Conferencia La Nación y la Emigración", gritaron a coro: "¡ Fidel, aprieta, que a Cuba se respeta!" o esa otra, tan añeja, que muchos no habían nacido cuando sus padres ya la cantaban: "¡Cuba sí, yanquis no!".

Culminaba de esa manera una jornada de fin de semana en la que más de 500 compatriotas (200 residentes en EEUU) venían invitados por el Gobierno cubano a la isla que una vez abandonaron y nunca han olvidado. Fuera quedaron los hostiles, los que militan en organizaciones adversas y son partidarios cada vez con más fuerza de un embargo o bloqueo estrangulador que ponga fin a todo y comience lo peor.

¿Qué les une a estos ahora en casa a pesar de tener tantas y tan disímiles características? El amor al país, a las costumbres, a las raíces, el respeto a la dirigencia histórica con sus decisiones positivas y también negativas. Son, al fin y al cabo, cubanos que han venido con respeto y en pos de un mejoramiento de las relaciones emigración-Gobierno.

Así las cosas, al mercenario de Girón (fueron siete y se les llamó "invasores") se le restituyó la ciudadanía por decisión del Consejo de Estado; al saltacercas de la Embajada del Perú (Vía Mariel), el derecho a entrar a Cuba cada vez que lo desee; a la señora, permitirle las necesarias flexibilizaciones ante la controvertida aduana cubana (confiscar, confiscar) y lo mejor, que sus nietos puedan cursar estudios universitarios gratuitos en la isla; al reprendido, más libertad para exponer sus criterios, los mismos de antes y ahora respetados; y a nuestra jinetera emigrada la posibilidad de hacer negocios o invertir en algo que su buen esposo consienta y que nada tenga que ver con su triste pasado de mujer alegre por las discotecas de la época.

Ganar y no separar, que Cuba no es un crisol, con espacio para buenos, malos, regulares, oportunistas, patriotas con mirada de aliento hacia la isla y no reclamando el derecho a matar y mucho menos ser cómplices de una forma de gobierno ya desterrada y que ahora Washington desea imponernos para ser verdaderamente libres y democráticos.

CBB PLT

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