Viernes 28 de mayo de 2004

 

La política industrial, foco de tensión entre ambos países

Alstom rompe el eje franco-alemán

Por J. Jameson

El caso Alstom se ha convertido en la principal amenaza para las tradicionales relaciones de amistad entre Alemania y Francia. El Gobierno de Jacques Chirac, en su política de 'defensa' de sus grandes grupos empresariales, ha impedido a Siemens comprar una de las filiales de Alstom. Una situación que no ha gustado al Gabinete germano que no descarta ahora aprobar medidas legales que limiten la entrada en su mercado de corporaciones extranjeras.

En este escenario, a principios de la próxima semana, Gerhard Schröder y Jean Pierre Raffarin mantendrán un encuentro en Berlín que se presupone tenso. El exacerbado nacionalismo industrial del Gobierno francés está dinamitando las tradicionales buenas relaciones de Alemania y Francia, los motores de la UE.

En unos pocos meses, el Gobierno francés ha dejado claro que la evolución de la industria de su país es una de sus principales preocupaciones y que la apertura económica tiene sus límites.

La decidida y beligerante actitud adoptada por el ministro de Economía francés, Nicolas Sarzoky, en la decisión de Sanofi de fusionarse con Aventis, de capital franco-germano, o el bloqueo impuesto a la idea de Siemens de adquirir la división de energía de Alstom, han enfadado un poco al Gobierno alemán que empieza a pensar que tal vez también sería conveniente que estableciera blindajes, legales o de cualquier otro tipo, sobre algunos sectores estratégicos.

En ese sentido, pueden enmarcarse las declaraciones pronunciadas hace unos días por Gerald Schröder animando a la banca alemana a fusionarse para impedir la llegada de entidades extranjeras al sector, o las más recientes del ministro de Economía germano, Wolfang Clements, sobre los medios de comunicación.

Clements definió como un problema el hecho de que para los grupos internacionales resultase sumamente fácil entrar en el mercado alemán, absolutamente desregulado, y también animó a las empresas a iniciar pronto procesos de concentración.

Muchos alemanes todavía recuerdan la OPA hostil lanzada por el gigante británico de los móviles Vodafone sobre su rival germano Mannesmann en el año 1999 y que supuso al mismo tiempo el fin de uno de los grupos industriales nacionales con mayor tradición. Quizá los nervios se han desatado más en los últimos meses ante los rumores sobre una operación similar, esta vez por parte de Citigroup sobre el Deutsche Bank, el orgullo alemán del sector financiero.

Vía libre para que Alstom amplíe capital. Mientras, Francia continúa con su proceso de defensa industrial. Un orgulloso Nicolas Sarzoky anunció el pasado viernes que los siete grandes bancos franceses habían llegado a un acuerdo que permitirá a Alstom realizar la ampliación de capital diseñada por el Gobierno galo con intención de salvar la empresa.

Sarzoky, además, realizaba este anuncio en la fábrica que la compañía tiene en La Rochelle, acompañado del presidente de la empresa Patrick Korn.

El plan, que tiene el visto bueno inicial de Bruselas, prevé recapitalizar el grupo en unos recursos de entre 1.500 y 2.200 millones de euros y convertirá al Estado en accionista de la firma, con un 18,5%, puesto que transformará en capital parte de la deuda.

Además, siete de los ocho bancos acreedores, BNP Paribas, Societe Generale, Calyon, CIC, HSBC-CCF, Natexis Banques Populaires y CDC Ixis han accedido también a ampliar la línea de crédito con Alstom, actualmente de 8.000 millones de euros para cubrir las necesidades industriales de la compañía.

La oposición acusa a Blair de malvender Reino Unido. Pero la beligerancia francesa a la hora de proteger sus empresas también ha tenido consecuencias en Reino Unido.

La decisión de GKN de vender a la italiana Finmeccanica Westland, su división de helicópteros, por 1.000 millones de libras, ha desatado las iras de los conservadores que piensan que el Gobierno británico no debía haberlo permitido, al tratase de activos del sector de la Defensa.

Para algunos, la obsesión de Blair con el libre mercado tiene como consecuencia una venta a plazos de las joyas de la industria. Y le emplazan a tomar ejemplo del Gobierno galo. Tampoco el ala izquierda del laborismo está contenta. Temen que los italianos cierren la planta de Westland en Yeovil y dejen en la calle a más de 4.000 trabajadores británicos.

En cualquier caso, parece que una oleada de nacionalismo ha empezado a aflorar en el mercado único europeo, amenazado ahora por el establecimiento de nuevas barreras entre sus miembros.

 

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