Viernes, 4 de junio de 2004

 

Los abogados, grandes estrellas de la era PostEnron

Por Rafael Alba
(Madrid)

 

La América post-Enron se ha convertido fundamentalmente en un paraíso para los abogados especialistas en derecho corporativo. Cuatro años después del estallido de los principales escándalos, las minutas de estos trabajadores de la justicia, la elite de la elite, empiezan a reflejar el valor en dólares de las largas horas de trabajo que los equipos de los principales bufetes han utilizado en defender a la multitud de altos ejecutivos que han tenido que enfrentarse a los tribunales en estos años.

Y, por supuesto, aunque sus clientes no tengan éxito el dinero está asegurado. De hecho, los casos son tan evidentes, la presión popular sobre los facinerosos tan extendida, que, en realidad, nadie espera que los abogados defensores ganen. La factura total desembolsada hasta ahora es incalculable. Aunque en la prensa estadounidense se han hecho ya algunas aproximaciones.

Por término medio, las minutas de cobertura de los casos estrella, desde Martha Stewart a Quatrone, suponen unos 20 millones de dólares, Quizá una de las principales bases de las altas tarifas que cobran a sus clientes estos bufetes especializados sea que el destinatario final de la factura no suele ser el acusado. En algunos casos sí, pero ni siquiera es la práctica habitual.

En concreto, un artículo escrito por Carrie Jonson y Ben White en el Washington Post a raíz del veredicto de culpabilidad del antiguo analista de Creditt Suisse First Boston, Frank Quattrone, que fue condenado por obstrucción a la justicia se específica que gracias a los contratos suscritos en los años buenos por la mayoría de estos gestores estrellas, los costes de su cobertura legal corren a cargo de las compañías estafadas y, por lo tanto de sus accionistas.

Hay otro factor en juego: las compañías de seguros. En muchos casos, las empresas implicadas en estos juicios habían contratado pólizas con aseguradoras para cubrir el riesgo. Y esta circunstancias ha tenido ya unas duras consecuencias: las aseguradoras han elevado sustancialmente, más de un 10%, el precio de sus primas corporativas.

Mientras tanto, en estos juicios ni siquiera se ha planteado que los encausados devuelvan el dinero que cobraron por arruinar a las empresas en las que trabajaban que curiosamente, también soportan la carga de las múltiples demandas civiles con las que los pequeños accionistas intentan resarcirse de los perjuicios que sufrieron con estos fraudes. Una tendencia que también sirve para que otros abogados, no tan de elite en este caso, arreglen sus cuentas de resultados en los últimos dos años. Ya se sabe, un buen porcentaje por cada caso ganado, a veces hasta el 40% de la indemnización conseguida, anima a realizar duras estrategias comerciales en busca de clientes

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