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Viernes
4 de junio de 2004
La
Soberanía alimentaria, un concepto que relativiza de la importancia
de los subsidios agrícolas
El
mundo campesino, eje de una alianza trasversal entre norte y sur
Por
Michela
Romani
En el marco del esquema actual de las negociaciones comerciales
entre bloques y países, las aspiraciones de los agricultores
en el norte y el sur del mundo parecen ser necesariamente antitéticas.
Los primeros buscando conservar las ayudas y las facilidades que
les ofrecen sus Gobiernos y los segundos luchando contra estas subvenciones
para lograr que sus productos puedan competir en los mercados internos
e internacionales.
Sin
embargo, dentro del mundo campesino ha ido surgiendo un movimiento
que tiene como objetivo luchar contra este modelo y buscar alternativas
para que los agricultores de los países ricos y los de las
naciones en desarrollo no se enfrenten en una estéril lucha
entre pobres.
Un agricultor
andaluz, por ejemplo, sabe que el último de los cambios que
la Unión Europea (UE) ha decidido aportar a su Política
Agraria Común (PAC) podrá provocar graves efectos
sobre su entorno y quizás su propio trabajo. Si es uno de
los 10.000 cultivadores de algodón que se dividen entre Andalucía
y Extremadura dentro de poco se encontrará en la situación
de recibir ayudas para no cultivar su tierra. Y si no produce, podrá
recibir una subvención y ahorrarse los costes operativos
a menudo superiores a la prima de venta del producto.
Al mismo tiempo,
un campesino suramericano que lucha todo los días para comer
sufre cada euro que su homólogo europeo recibe en concepto
de ayuda a la exportación y que le permite vender a precios
muy baratos. El campesino suramericano no puede competir. Desde
su punto de vista, las subvenciones que Europa da a sus agricultores
son un lastre.
Vista en este
marco, la contradicción parece insanable. Sin embargo, parte
del mundo campesino ha creado una alianza transnacional que supera
la divergencia entre norte y sur planteando un sistema con relación
al comercio de alimentos. Las asociaciones que defienden esta visión
alternativa le dan el nombre de soberanía alimentaria. Muchas
de estas organizaciones convergen en Vía Campesina, una coordinadora
internacional con sede en Honduras independiente de los partidos
políticos y que reúne a asociaciones de Asia, Africa,
América y Europa.
El secretario
general de esta coordinadora explicó a Americaeconomica.com
en una conversación telefónica que uno de los objetivos
del movimiento campesino tiene que ser que la opinión pública
se dé cuenta de que el problema del mundo rural no son los
subsidios, sino la aplicación de la categoría de mercancía
a los alimentos.
Vía
Campesina cree que los únicos que se benefician de los subsidios
a la agricultura son las multinacionales y los grandes empresarios
y no los millones de pequeños agricultores que cuentan sólo
con su pequeño terreno para cultivar. "La UE está
dispuesta a eliminar todos los subsidios que concedía a la
exportación y que provocaban evidentes efectos de dumping
y de competencia desleal" resume Alegría, "pero
las nuevas formas de ayuda seguirán beneficiando a los mismos
que antes, a los grandes empresarios agrícolas".
Cuando se le
pregunta cuáles son entonces las propuestas de Vía
Campesina, Alegría no duda: "la autosuficiencia alimentaria".
Cada país, según este movimiento, tiene que tener
el derecho de decidir autónomamente sobre su política
agraria. Sólo cuando estén satisfechas las necesidades
alimentarias de la población local se puede pensar en el
comercio.
Aún más
tajante es Javier Sánchez, responsable de Relaciones Internacionales
de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos
(COAG), una de las asociaciones españolas que forman parte
de Vía Campesina. "La agricultura representa sólo
el 10% de los intercambios comerciales mundiales", dijo Sánchez
a este diario y añadió que la COAG considera que la
UE ha utilizado este sector como moneda de cambio en la OMC para
obtener concesiones de los países pobres en los temas que
de verdad le interesan, como el mercado industrial y de los servicios.
Según el responsable de la asociación española,
la única solución es que los temas agrícolas
no se negocien en la OMC.
El secretarío de Vía Campesina, por su parte, sostiene
que el único foro adecuado para hablar de los alimentos es
la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en particular
la FAO.
Una visión
que coincide con la del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), una
organización española radicada en Andalucía
y que también comparte camino con Vía Campesina. Su
secretario general, Diego Cañamero, sostiene que los agricultores
europeos deberían estar en contra de todo tipo de subsidio
a la agricultura. Los Gobiernos, según Cañamero, deberían
limitarse a controlar que no haya sobreproducción para que
no bajen demasiado los precios y los campesinos sigan encontrando
rentable trabajar la tierra, mientras que no deberían intervenir
con subsidios.
"Lo que
no tiene sentido es que nos den subvenciones para que vayamos a
vender carne en Argentina", sintetiza Cañamero de forma
muy gráfica. En Andalucía, explica, hay miles de campesinos
que se dedican a cultivar algodón y la nueva reforma de la
PAC, que prevé que las ayudas a este sector se desvinculen
de la producción provocará efectos desastrosos sobre
este cultivo tradicional ya que finalmente será más
conveniente recibir las ayudas y no producir por ahorrarse los gastos
operativos.
La
producción europea de algodón cubre apenas el 30%
de las necesidades internas. El restante 70% hay que importarlo
y esto, según el SOC es un sin sentido. Esta asociación
quiere que se dejen a los agricultores andaluces que cultiven algodón,
en vez de pretender solucionar el hambre de los países del
tercer mundo con que puedan vender su algodón en Europa.
Sánchez
reafirma este punto de vista al explicar que una de las consecuencias
de la actual estructura del comercio mundial es que "Argentina
exporta productos agrícolas y en Tucumán hay niños
que se mueren de hambre".
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