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Viernes
11 de junio de 2004
Contratistas
estadounidenses en el centro de la guerra colombiana
La
guerra "invisible" de Estados Unidos en Colombia
Por
Jacobo
Quintanilla*
Los estadounidenses se conmovieron con la historia de la soldado
Lynch, capturada en marzo de 2003 por las tropas iraquíes.
Tras su liberación, pocos días después, Jessica
Lynch regresaba a su casa de West Virginia convertida en heroína
y en icono de la lucha por la liberación del pueblo iraquí.
Pero en
EE UU muy pocas personas han oído hablar de Thomas Howes,
Marc Gonsalves o Keith Stansell. Tres estadounidenses que llevan
ya dieciséis meses secuestrados en las selvas colombianas
por los rebeldes de las FARC.
El
relativo anonimato de estos tres secuestrados no causa sorpresa.
No eran miembros activos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos,
sino contratistas de dos subsidiarias de Northrop Grumman -una empresa
privada que presta servicios al Departamento de Estado norteamericano
en la lucha antidrogas en Colombia y en Afganistán-; derribados
de su pequeño avión el 13 de febrero de 2003 cuando
sobrevolaban la provincia de Caquetá, al sur del país.
"Compare
el impresionante despliegue que los medios han dado al episodio
de Jessica Lynch con la cobertura de estos tres hombres en Colombia,
que llevan meses en cautiverio," afirma Peter Singer, analista
del centro de estudios Brookings Institution y autor del libro Corporate
Warriors (Guerreros empresariales). "Eso ilustra una de las
claras razones de por qué a los gobiernos les gusta emplear
a estas compañías de contratistas, porque cuando las
cosas fracasan no hay titulares," explica Singer.
El número
de civiles estadounidenses que apoyan los programas antidrogas en
Colombia se ha duplicado en los últimos dos años.
Cuando el financiamiento del Plan Colombia fue aprobado en julio
de 2000, el Congreso de Estados Unidos fijó un límite
en el número de militares y contratistas civiles estadounidenses
que podrían apoyar el Plan Colombia. Pero viendo
el excelente rendimiento de estos contratistas, en mayo
de este año, Washington ha decidido aumentar de 400 a 500
el número de efectivos estadounidenses en el país,
y eliminar el límite para la presencia de contratistas privados.
El salto cualitativo en la implicación estadounidense en
Colombia es por tanto claro.
En el país
andino hay varias empresas privadas, algunas de ellas íntimamente
relacionadas con los círculos de poder de Washington, trabajando
para el gobierno de Estados Unidos (Lockheed Martin, ARINC, Northrop
Grumman, MPRI...), pero por el volumen de negocios, el paradigma
lo representa DynCorp. Sus contratistas rocían campos de
coca, operan aviones y helicópteros del Departamento del
Estado, organizan programas de desarrollo alternativos, reparan
las avionetas y asesoran en materia de inteligencia al Ministerio
de Defensa colombiano. Este mini ejército norteamericano,
proporciona además pilotos, técnicos, y casi cualquier
clase de personal requerido para realizar la guerra en Colombia,
incluyendo personal administrativo.
DynCorp Aerospace
Technologies, fundada en 1946 y radicada en Reston (Virginia), era,
hasta su compra por parte de Computer Sciences Corporation en 2003,
uno de los contratistas más importantes del gobierno federal
de Estados Unidos, y los contratos con las más de 37 agencias
federales con las que trabaja le reportaban el 98% de su negocio.
En 2001, la compañía firmó un contrato de 600
millones de dólares con el Departamento de Estado para realizar
tareas de fumigación de coca en Colombia, Bolivia y Perú.
DynCorp tiene
un amplio historial de operaciones por todo el mundo. En Colombia,
según Peter Singer, los hombres de esta compañía
se han ganado la reputación de arrogantes y dispuestos
a luchar. Poco importa el carácter moral de estos 'profesionales'
en el desempeño de sus funciones, pero sí importan
sin embargo, las acusaciones que se les han imputado durante su
participación en la guerra en los Balcanes, donde varios
empleados de esta compañía se vieron implicados en
un escándalo de tráfico sexual, prostitución
de menores y tráfico ilegal de armas en Bosnia.
En Afganistán,
DynCorp también ha recibido su parte del pastel. Ya durante
la propia guerra, la CIA puso parcialmente en manos de contratistas
particulares los vuelos de sus aviones Predator. Pero será
una vez oficialmente acabado el conflicto
cuando DynCorp -que vela por el mantenimiento del avión presidencial,
el Air Force One-, consiga un contrato para la protección
privada del presidente afgano, Hamid Krzai, y otro para entrenar
al Ejército afgano una vez que los Boinas Verdes abandonen
el país. Hasta Mesopotamia también ha ido esta empresa
para hacer negocio: 40 millones de dólares se va a embolsar
esta compañía por preparar a la policía de
Irak.
La extendida
utilización en Colombia de contratistas en lugar de personal
militar significa que pocos estadounidenses son conscientes del
nivel de implicación de su país en el Estado andino,
y la escalada en la implicación hasta el punto de que
Colombia es el tercer receptor de ayuda militar estadounidense tras
Israel y Egipto-, muestra a las claras que al igual qué ocurre
en el sector energético, múltiples empresas militares
tienen intereses en Colombia y acuerdos millonarios con la administración
Bush.
Privatización
de la Defensa
Esta guerra
invisible, protagonizada por las Corporaciones Militares
Privadas y financiada por el Pentágono, está
provocando un conflicto entre los negocios privados y los recursos
públicos. Hoy, más del 48% del presupuesto de Defensa
ha sido repartido entre compañías privadas, lo que
supone una transferencia directa de los impuestos de los estadounidenses
a estas corporaciones.
Más de
un año después, familiares de los tres secuestrados
de Northrop Grumman por las FARC dicen no haber recibido todavía
una explicación completa de lo ocurrido. Las familias demandan
negociaciones. Washington se niega a negociar con una guerrilla
a la que ha incluido en su lista de grupos terroristas, aunque sí
ha ofrecido para solucionar la crisis efectivos, 340.000
dólares de recompensa y la posibilidad de una visa a Estados
Unidos a cambio de información que lleve a la liberación
de los rehenes.
Los críticos
con la utilización de contratistas privados dicen que para
los estadistas americanos los riesgos políticos que rodean
una implicación más profunda de Washington en el conflicto
de Colombia hacen que utilizar contratistas sea preferible a colocar
fuerzas u oficiales de la inteligencia en un peligro similar. Los
contratistas no están sometidos a ningún estricto
código de conducta, Washington no responde directamente por
ellos y a sus bajas por muerte o captura no se les da gran publicidad.
Cuando matan a los contratistas privados, nosotros simplemente
podemos declarar que ellos no forman parte de nuestras fuerzas militares",
admitía Miles Frechette, embajador en Bogotá con Bill
Clinton.
La opinión
pública norteamericana se muestra muy susceptible a contar
el número de muertes", afirmaba el general colombiano
ya retirado, Néstor Ramírez, agregado de Defensa en
Washington entre enero de 2002 y enero de 2003. "Imagine si
20 militares americanos murieran aquí. Sería el final
del Plan Colombia. Desde 1998, más de 20 contratistas
privados han muerto en Colombia, y sus muertes apenas han sido declaradas
* Jacobo Quintanilla.Periodista. Agencia de Información
Solidaria
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