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Viernes
11 de junio de 2004
Buscan
alternativas a un acuerdo comercial con la UE y al ALCA
Latinoamérica
comienza a caminar por su cuenta
Por
María
Blasco
Esta
semana en Buenos Aires el Mercosur y la Unión Europea (UE)
han vuelto a intentar llegar a un acuerdo comercial. De momento,
no lo han conseguido. El proyecto del ALCA impulsado por Washington
también está bloqueado. ¿Qué hacer?
Ante esta situación, Argentina y Brasil han comenzado a elaborar
su propia agenda para expandir el comercio internacional. China,
la India, Rusia o Corea son sus objetivos. Pretenden convertirse
en sus principales proveedores sustituyendo a Europa y EEUU.
La
idea ya lleva algún tiempo rondando por la cabeza del presidente
argentino, Néstor Kirchner, y por la de su colega brasileño,
Lula da Silva. Ambos han hablado en varias ocasiones de la necesidad
de impulsar el comercio Sur-Sur. Lula es quizá quien más
ha defendido en público la propuesta de incrementar el intercambio
comercial entre los países en desarrollo.
Parece
que ahora ese proyecto podría convertirse en realidad. Según
la prensa argentina, el escenario en el que se planteará
esta alternativa será Sao Paulo (Brasil) donde se celebrará
entre el 13 y el 18 de junio la conferencia de las Naciones Unidas
para el Comercio y Desarrollo (Unctad). Allí, los líderes
del Mercosur intentarán impulsar esa estrategia.
La
intención no es la de firmar tratados de libre comercio (TLC),
sino la de aplicar el mecanismo de Sistema Global de Preferencias
Comerciales entre países en Desarrollo (SGPC). Este tipo
de acuerdos surgieron en 1988 con el propósito de promover
y sostener el comercio mutuo entre los países en desarrollo
a través del otorgamiento de concesiones arancelarias.
Los
mercados objetivo del Mercosur son fundamentalmente China, la India
y Corea. Su intención es abastecerlos y reemplazar en esta
labor a EEUU y Europa gracias a la mayor competitividad de sus productos.
Y la estrategia ya ha comenzado a funcionar.
Una
ejemplo de sus intenciones es el reciente acercamiento de Brasil
a China. El propio Lula fue quien lideró la delegación
que viajó a Pekín y Shangai en el mes de mayo. Allí
se firmaron 15 acuerdos comerciales entre empresas y el Gobierno
chino se comprometió a aumentar las compras de soja y a realizar
en Brasil inversiones por valor de 5.000 millones de dólares
(4.071 millones de euros) en los próximos años.
Siguiendo
los pasos de Lula, Kirchner también tiene pensado visitar
China. El viaje se realizará probablemente a finales de este
mes o principios de julio.
Hay
más muestras recientes del deseo de estos países y
el Mercosur de caminar por su cuenta sin tener que someterse a las
condiciones impuestas por EEUU o Europa.
Esta
misma semana el bloque comercial que integran Brasil, Argentina, Uruguay
y Paraguay, ha propuesto a Corea la posibilidad de firmar un acuerdo
de libre comercio (TLC) que permita aumentar el intercambio de productos
entre ambos. El país asiático parece que ha respondido
bien, y ha anunciado su intención de estudiar el asunto con
el fin de cerrar un pacto como el que recientemente rubricó
con Chile.
Con este propósito,
el viceministro de Relaciones Exteriores y Comercio, Kim Hyun-Chong,
se reunió el viernes 4 de junio con una delegación
del Mercosur que presidió el subsecretario de Integración
Económica del bloque, Eduardo Sigal. Ambas partes acordaron
realizar un "estudio de factibilidad".
En
2003, el comercio bilateral entre el Mercosur y Corea ascendió
a 3.400 millones de dólares (2.768 euros). La balanza comercial
es favorable al bloque latinoamericano que importó productos
procedentes del país asiático por valor de 1.370 millones
de dólares (1.115 millones de euros), mientras que exportó
2.067 millones (1.682 millones de euros).
También
la India es un objetivo claro del Mercosur. De hecho ya han comenzado
las reuniones entre este país y el bloque latinoamericano
para firmar un acuerdo comercial. Aunque reconocen que hay dificultades.
Desde la India se afirma que la distancia entre ambas regiones es
muy grande y el transporte muy caro.
También
México hace sus incursiones en el comercio internacional
sin permiso de Washington. Aparte de negociar un tratado de libre
comercio (TLC) con el Mercosur (similar al que bloque mantiene con
Chile, Bolivia y Perú), el país azteca ha establecido
relaciones con Rusia.
La
semana pasada llegó a México el presidente ruso Vladimir
Putin. Era la primera vez que el mandatario europeo visita ofialmente
el país azteca. El objetivo principal de este viaje era relanzar
el comercio bilateral entre ambos países y analizar las posibilidades
de inversión en el sector energético.
Aparte de hablar,
también se firmaron acuerdos. El presidente mexicano, Vicente
Fox, y su homólogo ruso pactaron la creación de una
comisión bilateral para aumentar el intercambio energético
y comercial entre los dos países. Esta
comisión, que se pondrá en marcha de forma inmediata,
se encargará de revisar los obstáculos comerciales
que existen actualmente entre México y Rusia.
En lo referente
al petróleo, ambos mandatarios expresaron su voluntad de
que las negociaciones, que ya están muy avanzadas, culminen
en un futuro muy cercano. A
pesar de que Rusia es más liberal en materia petrolera, Fox
hizo hincapié en que su país es uno de los más
liberales de América Latina en materia de liberalización,
ya que casi todo el petróleo está en manos privadas.
Además
de este acuerdo, Fox ofreció ayuda a Putin para gestionar
su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC),
a la que Rusia aún no pertenece. El Gobierno
mexicano parece que ha aprovechado esta oportunidad única
que se le ha brindado para introducirse en el mercado ruso y de
Asia Central.
En
estos momentos el comercio bilateral entre ambos países es
más bien escaso. El año pasado ascendió a 158
millones de dólares (128 millones de euros). Rusia exportó
al país azteca 98,5 millones (80 millones de euros), el 0,1%
de las ventas totales al exterior. México compra principalmente
a la nación que dirige Putin principalmente productos para
la industria química, y por si parte el estado azteca vende
a Rusia tabaco, café y tequila.
Pero
la actividad comercial del país azteca en los últimos
tiempos no acaba hay. Además, el Gobierno de este país
ha comenzado a negociar con Argentina la posibilidad de incrementar
el comercio entre ambos países.
Argentina
ha solicitado una mayor apertura del mercado mexicano para sus exportaciones
agrarias, mientras que México ha pedido al país austral
una reducción de aranceles para los productos industriales,
según ha asegurado a la prensa argentina el secretario de Relaciones
Económicas Internacionales, Martín Redrado.
Centroamérica
también ha comenzado a realizar sus propias incursiones,
en este caso en Taiwan. El Gobierno de este país asiático
ha manifestado su interés para iniciar conversaciones con
este bloque para firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC). Los
contactos ya han comenzado. Aunque tendrán que tener cuidado
si en algún momento quieren acceder al atractivo mercado
chino. El gigante asiático mantiene pretensiones territoriales
sobre la nación asiática, lo que en algún momento
podría generar tensiones diplomáticas.
La rebelión
latinoamericana liderada por Brasil y Argentina responde a un momento
muy concreto en las negociaciones que mantiene el Mercosur para crear
el ALCA y en las conversaciones con Europa para firmar un TLC. El
primer proyecto está bloqueado por la resistencia de EEUU a
eliminar las ayudas al sector agrícola, mientras que el segundo,
que parecía que estaba más avanzado, también
ha entrado en una fase conflictiva por la negativa del Viejo Continente
a flexibilizar su postura.
La pasada semana
representantes de Europa y el Mercosur realizaron otro intento para
desbloquear las conversaciones en Buenos Aires. Pero, de momento
nada se ha conseguido.
De
hecho, la tensión crece entre ambos bloques como lo muestra
el hecho de que los países europeos han realizado una reclamación
formal a la Comisión Europea (CE) con el objetivo de presionar
para que los negociadores no cedan terreno ante el bloque latinoamericano
y para que no se precipiten a la hora de cerrar un acuerdo que,
en principio, tendría que estar listo en 2005. El ministro
de Economía de Argentina, Roberto Lavagna, se encargó
la pasada semana de recordar que Francia intentó que en la
Declaración final de Guadalajara no se hiciera ninguna mención
expresa a la fecha de finalización del pacto.
El
ambiente no es demasiado optimista. Aunque
la voluntad política de llegar a un acuerdo en octubre fue
convenientemente ratificado en la Cumbre de Guadalajara, parece
que los negociadores no tienen tan claro que sea posible concretarlo,
de hecho ya se ha comenzado a hablar de un acuerdo light
como el del ALCA.
Las reticencias
no son exclusivas del bloque europeo. Entre los miembros del bloque
Latinoamérica también existen desavenencias, o al al
menos formas diferentes de afrontar el acuerdo. Mientras que Brasil
no quiere ni oír hablar de ofrecer a las empresas europeas
las mismas condiciones que a las domésticas para acceder a
las licitaciones públicas, a Argentina no le importa tanto.
Las
ofertas que han presentado respectivamente son consideradas insuficientes
por una y otra parte. Según ha explicado Lavagna, el Mercosur
ha ofrecido a la UE eliminar el 100% de los aranceles que tiene
en cuenta la Organización Mundial del Comercio (OMC) y desgravar
en 10 años el 87% de los productos. Mientras que Bruselas
ofrece liberar el 50% de los bienes puesto que, según afirma,
el restante 48% que se ha ofertado carece ya de aranceles.
Todas
las ofertas mejoradas que se han ido proponiendo a lo largo de estos
días de negociación están sujetas a condiciones.
Ante la
exigencia de la UE de que el Mercosur abra su mercado de servicios
e inversiones, el bloque latinoamericano ha contestado que sí,
pero que antes Europa deberá mejorar su propuesta sobre el
acceso a su mercado agrícola. En concreto, Argentina, Brasil,
Uruguay y Paraguay, estarían dispuestos a garantizar a los
inversores europeos que prestan servicios medio ambientales y de
telecomunicaciones un trato similar al que reciben las empresas
nacionales.
A su vez, la
UE propuso aumentar la cuota de importaciones de alimentos sensibles,
aunque el 50% de ese incremento se produciría cuando finalice
la ronda de Doha de la OMC. Pero para que se materialice esta propuesta
pide que el Mercosur elimine su normativa contra la competencia
desleal, plena reciprocidad en la liberalización comercial,
y la desaparición de las restricciones sanitarias que el
bloque latino impone a los alimentos procedentes del Viejo Continente.
En definitiva,
parece que todo sigue igual. Aunque sí que se avanzado en
otro asunto. El Mercosur se ha comprometido a discutir en la próxima
Cumbre que se celebrará el 7 de julio en Puerto Iguazú
(Argentina) la posibilidad de que el Arancel Externo Común
(AEC) se retenga sólo en el país de entrada del producto
en la unión aduanera establecida por el bloque, y que luego
esos recursos se transfieran a la nación donde son consumidos.
Y mientras se
negocia este acuerdo, Argentina y Brasil continúan con su
estrategia de unir a los emergentes, empezando por ellos mismos.
Ambos países estudian los mecanismos para evitar los daños
colaterales que se producen en algunos sectores por culpa del aumento
del comercio intraregional.
Parece que la
"nueva geografía del comercio protagonizada por los
países en desarrollo", como lo llama Lula, ha comenzado
a dibujarse.
RGN TGC
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