Viernes 11 de junio de 2004

 

El Banco Central elabora la reglamentación para que puedan ser creadas

Las cajas de ahorro resucitan en Argentina

Por Gema Velasco

En Argentina el 60% de la población no mantiene ningún tipo de relación con los bancos. O son demasiado pobres como para que las entidades financieras quieran convertirlos en clientes, o se niegan a pisar una sucursal no vaya a ser que les pidan algún recibo. Para todas estas personas, y otras como autónomos, artesanos o campesinos, que no cuentan con un buen historial crediticio que les avale ante el director de una sucursal bancaria, se va a crear un tipo muy específico de firmas: las cajas de ahorro. Los bancos ni se inmutan ante esta intrusión. No les interesa ese negocio.

El mercado potencial para estas nuevas entidades es muy grande porque hay muchos pobres y mucho empleo ilegal en Argentina. Según los últimos datos de la Cepal, existen siete millones de ciudadanos, el 20% de la población, que pasaron de engrosar las estadísticas de la clase media a formar parte de la de "gentes de bajos recursos", y eso tan sólo en dos años, desde que se decretó la suspensión de la deuda a finales de 2001 hasta el pasado año. Entre 1999 y 2003 la tasa de pobreza se duplicó desde el 19,7% hasta el 41,5%; y la de indigencia se multiplicó por cuatro hasta el 18,6% desde el 4,8% de 1999.

También los datos sobre la economía sumergida dan una idea de la cantidad de personas que no pueden traspasar la puerta de un banco. En el último año, el 80% de los puestos de trabajo que se han creado han sido en negro y la mayoría de ellos se han concentrado en negocios pequeños con menos de 10 trabajadores. En la actualidad en Argentina por cada empleado legal hay dos que no lo son, según algunas estadísiticas.

Todos ellos, junto a una gran parte de los 1,7 millones de jubilados que viven en el país con una pensión mínima de 260 pesos (72,6 euros) y una ingente cantidad de pequeñas y medianas empresas, tienen problemas para acceder al crédito bancario. Las dificultades no las tienen sólo los deshauciados por las entidades financieras.

El mal es más generalizado de lo que parece y más grave, y su raíz se encuentra en la negativa actitud de las entidades financieras a prestar dinero. El propio Banco Central (BCRA) ha tenido que recordar en más de una ocasión a los bancos que su función principal es conceder créditos. Pero no hay manera. Según los últimos datos del BCRA, el préstamo al sector privado (empresas y familias) se redujo en 2003 hasta representar el 19% del total del activo frente al 22% de un año antes, y además, con plazos cada vez más cortos. Las entidades prefieren invertir en títulos del sector público, que ya representan la mitad de su cartera, antes que arriesgarse a que aumente su lista de morosos.

Las nuevas cajas de ahorro podrían convertirse en un eficaz revulsivo. Podrán conceder un crédito con tan solo la presentación del Documento Nacional de Identidad (DNI). Y ya esta todo está preparado para su nacimiento. De hecho, la Ley de Cajas de Crédito existe hace más de un año, pero parece que el BCRA se ha hecho el remolón durante todo este tiempo y no ha dado prioridad a la elaboración del reglamento que permitirá la inauguración de estas firmas.

En los últimos meses, la presión política le ha obligado a reaccionar, y por fin parece que se ha puesto a trabajar en el asunto. Hace un mes, el vicepresidente de la autoridad monetaria, Pedro Lacoste, aseguró que las normas se presentarían en 15 días. El plazo ha pasado y nada se conoce. Pero fuentes del sector afirman que el proyecto sigue en marcha y justifican la demora en la necesidad de "que no se produzca ningún inconveniente, por eso se han detenido tanto tiempo en el estudio".

Las nuevas cajas de ahorro nacen con un claro mandato: prestar dinero a los sectores no atendidos por las entidades tradicionales. Pero, ¿qué les impedirá a estas firmas gestionarse en un futuro como bancos e invadir su terreno?

En casi todos los países europeos en los que han existido o existen este tipo de entidades es lo que ha pasado. Es el caso de España, donde las cajas de ahorros, protegidas por su especial estatus y su condición de empresas sin acciones con derecho a voto, se han convertido en un monstruo de medio centenar de cabezas que controla casi el 50% del conjunto del sistema financiero, con una cuota de mercado del 48,25% en recursos ajenos y del 46% en créditos; y además, con una presencia significativa y determinante en todas las principales empresas del país. Pero eso sí, mantienen su vocación social a la que están obligadas a destinar un porcentaje de su beneficio. Nada más, en la gestión, las diferencia de un banco clásico.

También en Latinoamérica hay ejemplos de sorprendentes transformaciones. En Chile, la Cooperativa de Ahorro y Crédito del Personal de la Universidad de Chile (entidad similar a las cajas de crédito que al igual que en el caso de Argentina tienen naturaleza jurídica de cooperativas) nació hace 14 años con 67 socios y hoy es la décima entidad financiera del país por beneficios. Ahora se llama Coopeuch y ya no pasa inadvertida. Tiene 280.000 socios y actividad en todos los nichos de negocio del sector. Y encima, ha dejado de ser propiedad exclusiva de la universidad. La entidad acaba de anunciar que se abre al público.

Los impulsores de las cajas en Argentina conocen los precedentes. En el propio país austral ya existió una experiencia similar pero estas entidades desaparecieron tras la reforma financiera realizada en la época de la dictadura militar de Videla.

Su Gobierno se encargó poco a poco de eliminarlas. Se las privó de la posibilidad de operar con cuentas corrientes, su principal fuente de captación de ingresos, lo que dio lugar a un proceso de fusión entre las cajas de crédito para transformarse posteriormente en bancos cooperativos, un proceso que fue alentado, según fuentes del sector, por el propio FMI. 300 cajas de las 400 que existían en 1971 se convirtieron en bancos cooperativos. Y así hasta su completa extinción.

De esta manera nació el mayor banco cooperativo del país, Credicoop. Su gerente general, Carlos Heller, y presidente de la Asociación de Bancos Públicos y Privados de Argentina (Abappra), ha asegurado a este diario que la banca pública o cooperativa atiende en la actualidad a muchas pequeñas empresas e individuos pero "hay espacios geográficos y sociales no suficientemente atendidos". Esto se debe, según Heller, a que existen pequeñas localidades sin oficinas bancarias y a que hay empresas e individuos que no pueden cumplir con las formalidades que exigen los bancos".

Por eso ahora resurgen las cajas de crédito, un proyecto que ha apoyado el peronismo y cuyo creador fue el diputado socialista Héctor Polino, quien elaboró la actual Ley de Cajas. Polino ha asegurado en declaraciones a Américaeconomica que el texto legal se basa en la anterior experiencia argentina "pero se han corregido algunas cosas en cuanto a su funcionamiento".

Polino también ha tenido especial cuidado a la hora de elaborar la Ley en establecer los mecanismos necesarios para que las nuevas cajas no se conviertan en poderosas entidades que pierdan su espíritu solidario. Para evitarlo se han establecido limitaciones.

Según el diputado socialista, "aunque se trata de firmas similares a las cajas de ahorro españolas, en este caso no podrán convertirse en entidades tan grandes ni con los intereses de los bancos porque habrá una caja única, sin posibilidad de que exista una central y sucursales ". Esta es la principal limitación pero además, una caja de crédito no podrá aceptar depósitos superiores a los 10.000 pesos (2.916 euros) y también se pondrá un límite nominal a la cantidad máxima de préstamos que pueden conceder.

¿Y qué piensan los bancos sobre este próximo aterrizaje de las cajas en el sector financiero? No se inmutan. Desde el sector se asegura que "no vemos las cajas de crédito como una competencia sino como una posible herramienta a la cual podrían acudir los sectores y regiones que hoy no son atendidos por el sistema bancario". Esta claro que ese nicho de negocio no les interesa.

Polino asegura que los bancos "no han puesto ninguna pega porque van a estar dirigidos a a un sector social diferente, a uno que no encuentra un banco que le preste servicios, porque las entidades comerciales tradicionales están centradas en las grandes y medianas empresas, mientras que las cajas darán servicio a las pymes, jubilados..., personas y colectivos que más que solvencia patrimonial tienen solvencia moral".

Aunque desde el sector bancario se matiza. "No vemos mal el retorno de las cajas, pero siempre y cuando estén sujetas a las mismas reglas de juego que los bancos en relación al marco regulatorio y el control de las entidades financieras que ejerce el BCRA", afirma una fuente de la Asociación Bancaria Argentina (ABA).

 

De momento, además no hay nada que le impida a un banco fundar una caja. Desde algunos ámbitos políticos se reconoce este hecho. Todo dependerá de la reglamentación final que aplica el BCRA, y advierten que la autoridad monetaria "no puede tergiversar el espíritu de estas cajas de crédito que deben estar al servicio del trabajo y la producción".

Todo esta aún por ver. Desde el sector bancario también se asegura que aunque la legislación puede establecer un esquema normativo apto para el desarrollo de las cajas, "su éxito depende de la existencia de un movimiento social que motorice las iniciativas".

Este temor no lo comparten los impulsores de la Ley de Cajas. Héctor Polino asegura que serán "cientos, miles de cajas las que se abran, sobre todo en el interior, puesto que como será caja única cada pueblo tendrá una, impulsadas incluso desde los propios ayuntamientos". Aqui también surge una duda. En un futuro podrían convertirse en los brazos financieros de los gobiernos regionales. Surgiría entonces el problema de la politización de las cajas, algo de lo que en España saben mucho las comunidades autónomas (regiones).

Pero, ¿cómo reaccionarán los futuros clientes? Esto es una incógnita. Algunos acontecimientos recientes revelan que determinados estratos sociales podrían ser reticentes a entrar a formar parte del "juego financiero". El presidente Kirchner anunció el mes pasado un plan para que los beneficios sociales que reciben los parados se cobrarán a través de tarjetas de crédito.

La respuesta fue insólita, los "piquteros" se movilizaron contra esta iniciativa. Los líderes de estos movimientos de desocupados creen que el Gobierno lo que pretende es individualizar la situación de cada parado y romper de esa manera los lazos sociales de las organizaciones piqueteras. Además, denuncian que cobrar con tarjeta les obliga a gastar el dinero en supermercados porque no se les permite retirar el dinero en efectivo.

La situación en la que nacerán las nuevas cajas no parece la ideal. Pero llegarán. Existe la voluntad política de hacerlo y el compromiso por parte de la autoridad monetaria. Sólo saber quién se pondrá al frente de esas entidades, cómo reaccionarán la legión de deshauciados bancarios, y de qué forma se van a legislar para impedir que pierdan "su vocación solidaria" y al mismo tiempo puedan garantizar los ahorros de sus clientes.

RGT BYS

 

   

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