Viernes 11 de junio de 2004

El "genio" fallece a los 73 años en su casa de Beverly Hills

Lucha encarnizada por el legado músical de Ray Charles

Por Rafael Alba

La triste noticia es bien conocida en todo el mundo. El jueves 10 de junio, con sólo 73 años de edad, Ray Charles, “El genio” falleció en su casa de Beverly Hills, cuando preparaba una amplia gira de conciertos por EEUU. Al final el hígado le jugó una mala pasada y ya no será posible volver a escuchar en directo al músico, pero sus históricas grabaciones se van a convertir en un jugoso negocio. Los posibles beneficiarios han empezado a afilar sus armas.

Ha fallecido la estrella del "soul" que a mediados de los cincuenta fue capaz de diseñar los caminos por los que la música popular anglosajona iba a evolucionar en las siguientes décadas. De hecho, las novísimas tendencias, como el “rap” o el “hip hop” han reivindicado su legado a través del “sampleo” (muestras digitales de una grabación que se incluyen en otras canciones) intensivo de sus melodías más conocidas.

Puede sonar a afirmación políticamente incorrecta, pero la muerte de una estrella del rock, el pop, el jazz, o el soul, siempre trae consigo unas durísimas luchas en la industria a cuenta de los derechos de autor, la propiedad de las viejas grabaciones, y la disposición que tengan los herederos a dejar que los magos de la tecnología digital entren a saco en el legado de la estrella para hacerlo asequible a las nuevas generaciones y a las agencias de publicidad, habitualmente ávidas de vestir la presentación televisiva de sus productos con fondos músicales de clase.

En el caso de Ray Charles la telaraña se plantea más enrevesada que en otros. Quizá porque este pianista ciego, una fiera de los negocios, por otra parte, no se preocupó de dejar las cosas en orden. La pelea que se avecina implicará a varias discográficas independientes, la Crossover Records, el sello creado por Ray, la Time Warner, un par de empresas relacionadas con el negocio del juego, e incluso a Bill Gates que puede intentar negociar los derechos de explotación en Internet de la obra del autor que, incomprensiblemente, nadie poseía aún. Algo parecido a lo que hizo su ex-socio Paul Allen con gran parte de los temas de Jimi Hendrix, con intención de salvaguardarlos de los piratas, según decía. Microsoft, que tiene muy avanzado un acuerdo con los representantes de los Beatles para realizar una operación similar. Nada mejor para entrar con fuerza en el negocio que contar con un catálogo de clásicos aptos para todos los públicos.

Las dificultades de la filial discográfica de la gran Time Warner, actual propietaria de Atlantic, la empresa donde “el genio” grabó algunos de los mejores discos de su historia, provocaron una renuncia sobre las reediciones realizadas más recientemente que corrieron a cargo de Qwest, la empresa de Quincy Jones, uno de sus últimos productores. Ahora hay dudas, que ya han empezado a expresarse en los portales especializadas, sobre quién es posee la propiedad de estas cintas, si Warner las cedió en alquiler o para siempre y, lo que es más importante, si de haberse producido el segundo supuesto, Qwest tiene la posibilidad de remasterizar y volver a lanzar su versión de estas grabaciones, aunque Atlantic hiciera lo mismo.

La indefinición legal en este caso se produjo por la falta de interés de la gran discográfica en invertir en un artista y en una obra que los jóvenes oyentes de música, sólo conocen en las pildoritas que los "raperos" han utilizado de fondo. Todo por culpa de la tozudez de un hombre que exigió siempre grandes cantidades de dinero para consentir que sus interpretaciones acompañaran los anuncios televisivos. A pesar de que desde todos los frentes se le repitó que ese canal le daría la popularidad suficiente para que pudiera emprenderse una lucrativa operación de relanzamiento discográfico.

Nada que ver con otros astros legendarios como Bob Dylan o Sting que si han llegado a acuerdos económicos, razonables y rentables, con el sector empresarial, a pesar de su pasado combativo, hasta el punto de haber grabado discos exclusivos para sendas cadenas de lencería. Pero con Charles de cuerpo presente las posibilidades se abren. Quizá sus herederos no sean tan difíciles de convencer.

Hay, además, otro punto de tensión. Nadie sabe cuántas nuevas versiones de sus éxitos de siempre ha grabado Charles en estos años. Y, en este caso, si estaría claro a quién pertenecen. Directamente a los herederos de la estrella, dueños desde ayer, de Crossover Records, la compañía discográfica que creo "El genio", ante el desinterés de la industria por su obra.

Puede haber una larga y dura lucha en los tribunales. Y también un acuerdo rápido. Las reediciones de viejas grabaciones digitalizadas y su presentación en distintos formatos se han convertido en un constante éxito navideño gracias al impulso que le han dado al negocio los herederos de Elvis Presley y la asociación entre McCartney, Ringo Starr y las viudas de Harrison y Lennon capaces de exprimir hasta la última nota del legado de “The Beatles”. Mucha pasta. Y la gran música de Ray Charles tiene ahora todo el aspecto de una rentabílisima mina de oro.

 

   

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