Viernes 11 de junio de 2004

 

Deustche y Barclays quieren unir sus fuerzas

Un nuevo gran banco para la deuda latinoamericana

Por Michela Romani

Los bancos europeos están en aires de fusiones. Su tamaño no les permite considerarse a salvo de los ataques de sus rivales estadounidenses, más grandes y con menos trabas regulatorias al momento de fusionarse. Dos de los posibles candidatos a un próximo "matrimonio" son el Deutsche Bank y Barclays. Una posibilidad golosa que además daría a la nueva entidad la posibilidad de contar algo en las agencias de rating ya que Barclays está en el capital de S&P y Moody's. Y tener voz en las calificadoras significa tener voz sobre Latinoamérica, pudiendo influir sobre la calificación de su prima de riesgo y de su deuda y sus emisiones. En definitiva, influir sobre el desarrollo económico de países, considerada su dependencia de la llegada de flujos de dinero del exterior.

Citigroup, JP Morgan Chase o Bank of America (BoA) miran a Europa con ganas de comprar. Las entidades europeas son cada vez más conscientes de que, para defenderse, tienen que aumentar su tamaño. Y ya no queda tiempo para el crecimiento orgánico, una opción que requiere tiempo y ritmos pausados, no adecuados al momento que vive la banca europea, ante la agresión de sus competidores estadounidenses.

Josef Ackerman, consejero delegado del Deutsche Bank, lo tiene claro. El primer banco de Alemania por activos podría ser fagocitado por el Citigroup cuya capitalización bursátil es más de cinco veces la del Deutsche.

Un miedo que comparten las autoridades alemanas, aunque su solución apunta hacia la fusión de bancos nacionales, según manifestó el mismo canciller germano, Gerard Shröeder, quien ha pedido a las entidades financieras de su país que se coaliguen para formar un gran banco capaz de competir con los "superbancos estadounidenses".

Esta sin embargo no es la postura del Deutsche que en cambio, quiere como socio a otro gran banco europeo y ha dejado entender que los candidatos son tres: el británico Barclays, el suizo Credit Suisse o el holandés ING, todos con una importante presencia en EEUU.

La firmeza de las intenciones del Deutsche quedó patente cuando el banco alemán anunció esta semana que traería a Europa desde Australia a Tony Burgess, "el hacha de las fusiones", su mejor hombre en estos asuntos. Pero pese a su prestigio, la operaciones europeas gestionadas por el Deutsche, unos 27.300 millones de euros, no son ni la quinta parte de las de Goldman Sach en EEUU.


En mayo, Deutsche y Barclays firmaron un acuerdo para compartir sus sistemas informáticos. Gracias a este pacto, los clientes empresariales de la entidad británica tienen acceso a la oferta de gestión global de efectivo del banco alemán, desde las cuentas corrientes, a las operaciones de pago y la banca electrónica. Podría ser un primer paso hacia la esperada fusión.

Además, la entidad inglesa, que el año pasado fue muy activa en España donde compró el Zaragozano por 1.100 millones de euros e intentó sin éxito hacerse con el Banco Atlántico, tiene una ventaja añadida sobre sus competidores: está en el capital de agencias de rating como Moody's (5,5%) y Standard & Poor's - S&P- (3,06%).

La importancia que estas agencias tienen en la moderna economía global se hace aún más evidente en América Latina. Los países de la región dependen de las calificaciones que estas agencias otorgan a su deuda y sus emisiones y aún más de cómo evalúan su riesgo país. Estas naciones dependen de la llegada de recursos del exterior, en concepto de compra de títulos de deuda pública o de inversión directa. En uno y en otro caso, los inversores no son propensos a canalizar sus ahorros donde las agencias ven peligros de impagos.

Una alianza entre el Deutsche y Barclays permitiría a estas entidades tener un mínimo de voz en dos de las calificadoras más importantes del planeta y, consecuentemente, entrarían en el "negocio de la deuda" latinoamericana.

Después de que el jefe del Deutsche calentara los ambientes financieros con sus declaraciones sobre los objetivos de fusión de su entidad, el máximo responsable de Barclays, Matthew Barret, salió al paso de las palabras de su homólogo y dijo que su banco "siempre está abierto a la posibilidad de fusiones".

Pero Barclays sabe que no puede mirar hacia su país, donde las autoridades antitrust son reacias a aceptar concentraciones. En 2001 bloquearon la Oferta Pública de Adquisición (OPA) del Lloyd's sobre Abbey National y su estrategia no parece haber cambiado.

En la Conferencia Monetaria Internacional que tuvo lugar en Londres esta semana, el consejero delegado de Lloyd's, Maarten van den Bergh, atacó a la secretaria de Finanzas del Gobierno británico, Ruth Kelly, preguntándole las autoridades quieren que los bancos estadounidenses se coman la banca minorista inglesa como ya hicieron con la banca de inversión. Un ataque que parecen compartir en la cúpula de Barclays. Barret dijo recientemente que en el sector financiero europeo hay demasiadas entidades y que el inevitable proceso de concentración está siendo frenado por los reguladores nacionales.

En cambio, las autoridades reguladoras estadounidenses no objetaron nada cuando este año BoA compró el Fleet Boston por 39.000 millones de euros, o cuando JP Morgan se hizo con Bank One por 48.000 millones. Los bancos europeos quieren que se les dé el mismo trato. Porque en este sector, la posibilidad de competir es también una cuestión de tamaño.

 

   

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