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Viernes
18 de junio de 2004

El
periodista Rafael Martínez Simancas disecciona en su nuevo
libro algunas frases desafortunadamente célebres
El
difícil arte de hablar mientras se "está en el
candelabro"
Por
Rafael Alba
"Estoy en
el Candelabro y otros Nardos de la Palabra", (Editorial La
Esfera de los Libros) es el primer libro de Rafael Martínez-Simancas,
periodista habitual en las páginas de El Boletín
y de El Mundo. Rafael lleva 20 años trabajando en
la radio y siente especial devoción por algunas cosas que
ha oído y que ha leído. El libro es mordaz, burlón,
irreverente y cómico en su sentido más literal. Se
incluyen comentarios de actores, políticos y personajes que
han copado la actualidad con una frase corta que ha calado en el
inconsciente colectivo.
-¿Es
tu primer libro largo?
-Es mi primer
libro en solitario, antes había firmado el epílogo
de "La Hora de los Fósforos", en sus dos ediciones,
un libro que reúne lo mejor de las llamadas de los oyentes
en el programa de Carlos Herrera, en Onda Cero. Y también
había hecho el prólogo de "Hasta Luego Caperucita",
un libro de la escritora catalana Assumpta Roura. Tenía ganas
de hacer algo por mi cuenta y creo que he encontrado un filón
con estas joyas del "pensamiento" universal. Todos, absolutamente
todos, hemos soltado alguna vez una frase estupenda que luego analizada
con detalle nos lleva a la vergüenza más absoluta. Lo
que hago en el libro es analizar, desde el punto de vista tanto
lingüístico como formal, la frase completa. Es un comentario
de texto divertido e irreverente, de esos hicimos muchos cuando
estábamos en COU (curso preuniversitario).
-¿Hay
mucha diferencia entre escribir para esta larga distancia y la técnica
de las columnas?
-No encuentro que haya gran diferencia entre trabajar una columna
o escribir un libro, en ambos casos debes tener la capacidad de
mantener la tensión hasta el final y que el ritmo no decaiga.
Además, he procurado que el libro tenga el espíritu
burlón e "iconoplasta" ("palabro" inventado
por mí) desde que empieza hasta que termina. Y en contra
de lo que pueda pensar mucha gente, es más cruel, más
arriesgado, comprimir una idea en 20 líneas (una columna),
que en varias páginas. Por lo tanto lo importante es la idea
y luego ya veremos que formato se le otorga.
-¿Cuánto
tiempo te ha costado recopilar las perlas lingüísticas
que incluyes en el libro y realizar los sesudos análisis
posteriores?
-Pregunta por
pregunta: ¿cuánto tiempo has tardado en encontrar
a la mujer que amas?, ¿toda la vida? Pues con las ideas pasa
lo mismo, bien es verdad que luego tiene que aparecer el instante
oportuno para plasmarlas en forma de libro, o de artículo.
Las ideas son satélites que giran por nuestras cabezas, a
veces las atrapamos pero en la mayor parte de las ocasiones nos
conformamos con verlas pasar. Desde siempre me han fascinado las
declaraciones de los futbolistas, esas bobadas dichas con criterios
de trascendencia, siempre dicen lo mismo pero las repiten a todas
horas. Luego me pasmé con algunos políticos y más
tarde comencé a disfrutar con la letra de la revistas del
corazón. Muchos pasan por alto las declaraciones y se meten
en las fotos, directamente, y hay que observar con detalle porque
ciertas frases son antológicas. Por lo tanto llevo años
en la cocina de los "nardos" en la palabra.
-Analizas
frases de distintas épocas... ¿Crees que la tendencia
a darle patadas al idioma se ha incrementado en los últimos
años?
-Puñaladas
al lenguaje se han dado desde que el hombre fue capaz de articular
un rudimentario sistema de comunicación, no creamos que ahora
somos más malvados que antes. Lo bueno de estos días
es que la famosa "aldea global" de Mc Luhan funciona.
Uno dice una bobada muy gorda en Pakistán y al cabo de medio
minuto la rebotan las agencias en todo el mundo. Los mandatarios
de la antigüedad se libraron porque no existían las
modernas tecnologías, entre ellas Internet. Del pasado recuerdo
la frase que se le atribuye a Eugenia de Montijo, la última
emperatriz de Francia que vino a morir al Palacio de Liria de Madrid.
Después de varios meses sin abrir la boca, dijo "hace
frío" y murió. Sin duda una estupidez de la que
no guardamos constancia audiovisual. Y anda que debía ser
bueno Cristóbal Colón soltando por esa boquita, hasta
que vio la costa. No es que hoy tengamos una colección mayor
de bobos, una suerte de ONG de la estulticia sin fronteras, es que
ahora los vemos más. Y también que la aparición
de pequeñas televisiones ha provocado la demanda de opinadores,
de tertulianos, ahí existe una mina del pensamiento universal.
Hay cada uno/a que debería estar protegidos por la Unesco
como bien de interés escasamente cultural.
-¿Temes
una reacción airada de los damnificados por el libro?
-¡Sin
duda!, uno escribe con la intención de provocar reacciones.
La diferencia entre una guía telefónica y un libro
de humor es que en el primer caso el señor Pérez no
se molesta porque su nombre aparezca. Pero no olvidemos que se trata
de h-u-m-o-r, por lo tanto algo inocente, en todo caso espero que
cuando lean el libro la reacción airada se transforme en
sonrisa cálida. A ninguno de los personajes los trato con
ira y mucho menos con falta de respeto. Me parece que son creadores
de opinión, a su estilo, sus frases son las que más
se repiten por las calles. Idea simple, mensaje profundo, esa es
la ecuación.
-¿No
ha desarrollado un poco de ternura hacia los autores de las frases
al realizar sus autopsias lingüísticas?
-Bien visto
porque son autopsias en muchos casos. Siempre me he preguntado si
el forense se enamora de sus víctimas, a fin de cuentas es
una relación muy estrecha
y sin ropa. Claro que me
parecen gente entrañable, todos han construido una idea feliz
con la intención de aportar su pensamiento al resto del mundo.
-¿Te
sientes un poco deudor del maestro Lázaro Carreter?
-Me siento más
lector que deudor. Sin duda que Lázaro Carreter habría
sido más ingenioso y más malvado que yo. Cuando leí
su obra "El Dardo en la Palabra", en la que nos daba un
repaso al oficio periodístico, pensé que también
era bueno aplicarlo en otros sectores. El maestro Carreter ha hecho
más por la unidad de la lengua española que 1.000
kilos de libros. Su labor en defensa de la ortografía y de
la sintaxis la veremos recompensada cuando pase el tiempo, quizá
ahora sea pronto. Lázaro Carreter está presente en
nuestro quehacer diario de una forma muy directa y encima era un
genio modesto. En su caso sí que es una lástima que
una vida sea tan corta.
DTC
ESP
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