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Viernes
18 de junio de 2004
Logra
sacar adelante su propuesta de salario mínimo y el desempleo
empieza a caer
Lula
desciende y asciende en seis días
Por
Gema Velasco
Desde
que llegó al poder, pocas semanas han sido tan intensas en
la vida política de Lula da Silva como la que acaba de terminar.
Fue derrotado en el Senado por la oposición y con la ayuda
de algunos miembros de su propio partido, abucheado en el funeral
de Leonel Brizola, se conoció que su popularidad había
caído hasta mínimos históricos... Pero de pronto
resurgió. Se tomó la revancha en el Congreso y sacó
adelante su propuesta para aumentar el salario mínimo, dio
a conocer una caída del desempleo (la primera desde comienzos
de año) y logró poner fin al conflicto de la soja
con China. Y como colofón, viajó a Nueva York a vender
Brasil a los inversores extranjeros.
La
semana comenzó mal para el mandatario latinoamericano. Su
incapacidad para sacar adelante su propuesta para incrementar el
salario mínimo fue interpretada por los mercados y muchos
expertos como una muestra de su debilidad política. La expectación
sobre lo que pasaría posteriormente en el Congreso era inmensa.
La
Cámara alta aprobó la propuesta de la oposición
(incrementar el sueldo básico en 35 reales en lugar de los
20 del plan de Lula) en lugar de la de Lula, por lo que de nuevo
este asunto debía dirimirse en el Parlamento. La discusión
estaba prevista para el martes, pero la muerte por sorpresa de Leonel
Brizola, ex gobernador de Río de Janeiro y presidente del
Partido Democrático de los Trabajadores (PTD), trastocaron
los planes, y la votación tuvo que ser pospuesta. Brizola
y Lula fueron adversarios político pero también aliados.
El líder del PDT apoyó a Lula contra Fernando Collor
en la segunda vuelta de la campaña presidencial de 1989,
y en las últimas elecciones de 2002 en las que el principal
rival de Lula era José Serra.
La
espera se hizo eterna, sobre todo después de que surgieran
especulaciones sobre la posibilidad de que se retrasara hasta la
próxima semana. Finalmente se discutió el miércoles
por la tarde. Y Lula ganó.
El
Congreso rechazó la propuesta de la oposición aprobada
en el Senado por lo que la subida del salario mínimo se queda
finalmente en 20 reales hasta los 260 (68,97 euros). Se trata sin
duda de una victoria del presidente brasileño, aunque en
segunda vuelta, pero también ha quedado patente
que Lula no tiene en la Cámara alta los apoyos necesarios
para trabajar con tranquilidad. Y al mismo tiempo, la derrota de
la oposición en el Congreso pone de manifiesto la debilidad
de los diputados. En definitiva, el panorama político no
es tan claro como parecía al principio del mandato del Gobierno
socialista.
Algo
que también influye en la imagen que tienen de Lula sus conciudadanos.
El mismo día que se votaba el salario mínimo en la
Cámara baja, se dio a conocer la última encuesta de
popularidad realizada por CNT-Sensus y que fue divulgada por la
Confederación Nacional del Transporte (CNT). En junio, sólo
el 29% de la población tenía una imagen favorable
del mandatario latinoamericano frente al 34,6% de mayo. Estas cifras
quedan ya muy lejos del 56,6% que exhibía cuando llegó
al poder hace ahora 18 meses.
El
presidente de la CNT, Clésio Andrade, aseguraba que esta
caída de la popularidad se ha producido fundamentalmente
por la incapacidad demostrada por el Gobierno de Lula para luchar
contra el desempleo, y advierte que existe el riesgo de llegar a
"un índice de impopularidad".
La
suerte le sonríe. Pero la suerte de nuevo sonrió
a Lula y al día siguiente se publicó el dato de desempleo
en mayo. Por fin una buena cifra. Durante ese mes la tasa de desempleo
descendió desde el 13,1% de abril hasta el 12,2%, una cifra
también inferior al 12,8% de hace un año. Lo malo
es que no sólo cae el paro, también la renta mensual
que perciben los trabajadores. Los ingresos promedios de los empleados
se redujo un 0,7% respecto a abril, un 1,4% en tasa interanual hasta
los 866,1 reales. Es el decimoquinto descenso consecutivo.
Parece
que la buena evolución de los datos macroeconómicos
por fin se ha comenzado a reflejar en la creación de puestos
de trabajo. El número de desocupados de las principales regiones
urbanas se ha reducido hasta los 2,6 millones de personas desde
los 2,8 millones de hace un año. A pesar de todo, y de que
el dato es un buen indicio, la tasa de paro sigue todavía
siendo muy superior a la que había cuando comenzó
el año, 10,9%.
Probablemente,
esta evolución influirá en las próximas encuestas
de popularidad del mandatario brasileño.El 66,9% de los ciudadanos,
según una encuesta reciente, cree que el principal problema
del país es el desempleo.
Y mientras
todo esto ocurría en Brasil, el presidente Lula da Silva
preparaba su viaje a Nueva York (EEUU). Allí llegó
el jueves triunfal con un puñado de archivos power point
e informes macroeconómicos que presentar a los inversores
extranjeros. Su objetivo, conseguir que el capital foráneo
confíe en el país. En esta labor le ayudaron nada
más y nada menos que nueve ministros. Le acompañaron
el titular de la cartera de Desarrollo, Luiz Fernando Furlan; el
de Relaciones Exteriores, Celso Amorim; Hacienda, Antonio Palocci;
Minas y Energía, Dilma Rousseff; Casa Civil, José
Dirceu; Planificación, Guido Mantega; Ciencia y Tecnología,
Eduardo Campos; Agricultura, Roberto Rodrigues, y el ministro de
Turismo, Walfrido Mares Guia.
El mandatario
brasileño se reunió con empresas de Canadá, EEUU
y México (los tres países que componen el Nafta). En
total habló antes representantes de unas 500 empresas a las
que presentó como cebo las cifras macroeconómicas del
país. Lula
en Nueva York. El presidente Lula da Silva se encuentra
en Nueva York buscando inversores que coloquen su dinero en el país.
Habló ante unos 500 empresarios a los que ha presentado como
cebo las cifras macroeconómicas de Brasil. Entre los asistentes
se encontraban, entre otros, ejecutivos de Citigroup, Morgan Stanley,
AT&T, General Motors, McDonald's, Microsoft o Motorola, a los
que intentó convencer de que el país es un buen negocio
para quien decida invertir en él. En el encuentro algunos
de los ministros que acompañan al presidente en su periplo.
En el
encuentro también participaron algunos de los ministros que
le acompañaron en su periplo. El de Planificación Presupuestaria,
Guido Mantenga, aseguró, para quien lo dudara, que el gasto
está bajo control, aunque reconoce que la inversión
pública podría ser insuficiente para mantener elevadas
tasas de crecimiento en los próximos dos años. Por eso
necesitan la inversión extranjera. Por
su parte, el ministro de Economía, Antonio Palocci, dijo
que el Gobierno mantendrá su política de control del
gasto y lucha contra la inflación aunque la oposición
y algunos miembros del Partido de los Trabajadores (PT) pidan un
aumento del mismo para acelerar el crecimiento. La batalla por el
salario mínimo es un buen ejemplo de las intenciones del
Ejecutivo de Lula.
Pero el
mandatario latinoamericano no puede llegar a EEUU y manifestar su
intención de cazar inversores sin tener en cuenta
todas las declaraciones que recientemente ha hecho sobre la necesidad
de que los países pobres se unan para enfrentarse al proteccionismo
de las naciones ricas. De forma que Lula aprovechó su viaje
para participar en la ceremonia de apertura del Global Compact,
un encuentro auspiciado por el secretario general de la ONU, Kofi
Annan, y que tiene como objetivo concienciar a las empresas de la
necesidad de comprometerse con el desarrollo global. En
ese foro, Lula pidió apoyo para combatir la pobreza en el
mundo. Y realizó propuestas concretas como la de que las
empresas extranjeras donen el 0,01% del valor de cada transacción
financiera para combatir el hambre. Según los cálculos
del presidente brasileño, con esta iniciativa se podrían
recaudar 17.000 millones de dólares (13.974 millones de euros)
al año.
Unos días antes de este encuentro en Nueva York el presidente
brasileño puso en marcha un plan para reemplazar las compras
que su país realiza fuera de la región por importaciones
a las naciones latinoamericanos con el fin de fortalecer el continente.
Según
declaraciones realizadas a Infobae por el director del
Departamento de Promoción Comercial de Itamaraty, Mario Villalba,
la decisión se tomó tras comprobar que los discursos
sobre integración chocaban con la realidad comercial. El
comercio entre los países de la región representaba
en 2003 tan sólo el 13% del total.
La
iniciativa pretende fomentar la riqueza y el empleo en la región
y dejar en segundo plano la idea de fomentar las exportaciones para
mantener el superávit comercial con el resto de los países.
Con
el fin de avanzar en este Programa de Sustitución Competitiva
de Importaciones, próximamente se realizará una ronda
de negociaciones entre los importadores de Brasil y los exportadores
de toda Sudamérica. También se están promoviendo
estudios con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Asociación
Latinoamericana de Integración (Aladi) para conocer con detalle
las ofertas de productos de los países de la región
y las verdaderas demandas de Brasil.
Villalba,
por ejemplo, explica que se importa fosfato de Marruecos y no de
Perú. Es necesario saber los motivos concretos de esta actitud
para intentar resolverlos.
El
Gobierno brasileño también ha comenzado a definir
de forma explícita cuáles son sus prioridades respecto
a sus relaciones comerciales con el mundo desarrollado. Primero
esta la Organización Mundial del Comercio (OMC), luego la
Unión Europea (UE) y por último el Area de Libre Comercio
de las Américas (ALCA). Lo dijo el ministro de Asuntos Exteriores
del país, Celso Amorim. El funcionario brasileño aclara
que no es que el ALCA sea menos relevante, se trata simplemente
de que es el proyecto que está más atrasado. No parece
que convenga enfadar a Washington justo en el momento en el que
Lula se encuentra en EEUU para pedir a las empresas que inviertan
en Brasil.
BSL
PLT MCR RGN
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