Viernes 25 de junio de 2004


Los recolectores de basura ganan tres dólares al día en jornadas de 12 horas

Los 'pepenadores' de México D.F.

Por Guillermo Algar*

En el cinturón de pobreza que rodea a una de las ciudades más pobladas del planeta, México D.F., se levantan los vertederos de Bordo Xochianca y de Tlatel Xochitenco en los que más de 500 personas se afanan en seleccionar materiales reciclables y obtener algo más de 40 pesos al día, unos tres dólares. En esta "ciudad de la basura", las condiciones de vida se degradan al mismo nivel que la dignidad de las personas. El porvenir es incierto, no se conoce otro futuro que la recogida de vertidos 12 horas al día entre toneladas de basura.

Decenas de perros vagan entre toneladas de plásticos, cristales y residuos orgánicos. Buscan lo mismo que las más de 500 personas que trabajan entre la basura de Bordo Xochianca: sobrevivir.

Bordo Xochianca se extiende durante ocho kilómetros entre el canal construido por los españoles a principios del siglo XVI y el lago Texcoco. Cada día, más de 800 camiones vierten 3.000 toneladas de basura que es inmediatamente seleccionada por los `pepenadores´, nombre con el que se conoce a los trabajadores del tiradero. Familias enteras se suben a las colinas formadas por la acumulación de desperdicios en busca de cartón, vidrio, plástico y aluminio. Soportan frío, viento, lluvia, calor y lo que es peor, un olor nauseabundo que lo impregna todo.

Una manera de vivir. Esta forma de ganarse la vida es, en muchos casos, hereditaria, la mayoría no conoce otro trabajo que el que desarrollan entre kilómetros de desperdicios, ni siquiera ven posible otra salida. “No recuerdo cuándo entré a recoger plástico, mi familia siempre ha trabajado aquí en la basura”, afirma Abdonis mientras continúa buscando materiales reciclables en compañía de su mujer y sus dos hijos.

Abdonis afirma tener 28 años aunque el sol y las precarias condiciones de vida han hecho que su rostro aparente 10 años más. Reconoce que no ganan mucho, “apenas 30 ó 45 pesos diarios trabajando de lunes a domingo”, pero no se cuestiona la posibilidad de buscar otra ocupación. “Con el tiempo que llevo en el Bordo, ya me acostumbré a este trabajo y no me gusta que me mande un patrón”, manifiesta Abdonis.

En este contexto, donde la pobreza se mezcla con la pérdida de dignidad, algunas organizaciones tratan de ofrecer una salida a la marginalidad y a la falta de proyectos de futuro. Es el caso de la ONG Ayuda en Acción que impulsa un programa de desarrollo que incide fundamentalmente, sobre la mejora de los niveles de salud y de la formación educativa de los trabajadores del basurero y de la población de la zona.

Un oasis de atención sanitaria. En un entorno tan deteriorado como el que se da en la zona, la educación debe completarse con servicios sanitarios y formación en hábitos de higiene. Sin embargo, y a pesar del alto índice de enfermedades gastrointestinales, favorecido por la ausencia de drenaje y de agua potable, Abdonis se siente tranquilo en el basurero. “Llevo toda la vida trabajando aquí y nunca me ha pasado nada; me he pinchado y cortado –explica mientras muestra sus manos llenas de cortes y magulladuras– y nunca he agarrado nada malo”.

Pero las infecciones son una constante entre los trabajadores del basurero y la población de los barrios colindantes. Así lo reconoce Eladia, ‘pepenadora’ de 37 años y que desde los 18 años recoge basura: “La inhalación de gases y los esfuerzos de trabajar en el tiradero me han ocasionado problemas respiratorios y de corazón”. A pesar del alto índice de enfermedades, los servicios de salud gubernamentales sólo visitan las colonias de la zona dos veces al año.

Entretanto, el trabajo de un dispensario médico, como el que impulsa Ayuda en Acción, se convierte en la única alternativa sanitaria para las familias con menos recursos de Tlatel Xochitenco y El Sol, las colonias más cercanas al vertedero. Este pequeño ambulatorio atiende un promedio diario de 50 consultas de medicina general y 15 de pacientes de odontología. Además de la atención médica, el dispensario proporciona medicamentos a bajo costo recetados por el personal del centro.

A las precarias condiciones medioambientales de la zona, hay que unir un alto índice de desnutrición que agrava los problemas de salud de los habitantes de Tlatel. Esta desnutrición es consecuencia de la baja calidad de los alimentos, la mayoría de los cuales son adquiridos en el límite de caducidad o recogidos de los desechos del mercado central de la ciudad. Esta situación afecta, sobre todo, a la población infantil, como refleja su altura y peso, por debajo del nivel óptimo según el Instituto Nacional de Pediatría mexicano.

Sabina, de Ayuda en Acción, acude al basurero para proporcionar apoyo a las familias. Dialoga con ellas, realiza campañas para censar los niños y cada siete días reparte una cesta con alimentos básicos entre los trabajadores del basurero: “Una vez a la semana, les traemos aceite, arroz, mayonesa, yogurt, galletas, frijoles y harina”, explica Sabina mientras recorre un basurero que conoce como la palma de su mano. “Allí –indica Sabina señalando un montículo en el que se concentran una decena de personas- arrojan el vidrio, el plástico se amontona unos metros más allá y tras esas colinas se tiran los restos provenientes de hospitales de Distrito Federal”. Sabina lleva años haciendo este trabajo. El suyo es un compromiso decidido por el desarrollo de los más desfavorecidos.

* Periodista de la ONG Ayuda en Acción. Agencia de Información Solidaria (AIS).

   

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