Viernes 16 de julio de 2004

 

El mandatario latinoamericano prioriza al Mercosur

El conflicto comercial entre Brasil y Argentina le estalla a Lula en las manos

Por Maria Blasco

Hace ya casi 15 días que los empresarios brasileños y los argentinos del sector de electrodomésticos están enzarzados en una pelea comercial que inició el Gobierno del país austral al imponer restricciones a las compras de productos procedentes de Brasil. Durante este tiempo el presidente Lula da Silva se ha mantenido en silencio, una actitud que ha enrabietado a los fabricantes brasileños que demandan al mandatario más firmeza a la hora de proteger los intereses del país y le recuerdan que su carrera como sindicalista, la que le ha llevado hasta la Presidencia brasileña, la comenzó en el gremio metalúrgico.

Durante esta última semana, la tensión ha aumentado en las fábricas de electrodomésticos brasileñas. Los trabajadores han protagonizado paros a las puertas de las empresas y movilizaciones frente al Consulado de Argentina en Brasil. En medio de tanta presión, también ha habido un hueco para el espectáculo. El Sindicato Metalúrgico de Sao Paolo decidió apoyar sus reivindicaciones, en lugar de con gritos, pitos y demás, con bailarinas de samba, bailarines de tango y futbolistas frente a la Embajada del país austral.

Este conflicto además ha generado en Brasil un sentimiento anti Mercosur que podría complicar las futuras relaciones comerciales entre los socios de este bloque. Una actitud que contrasta con la que mantiene el Gobierno de Lula. La Administración brasileña ha decidido mantenerse al margen de las disputas precisamente para no poner en riesgo la consecución de objetivos más ambiciosos, como la de sacar adelante el Mercosur. Lo mismo ha hecho el Ejecutivo de Kirchner y con el mismo motivo.

Ambos Gobiernos han preferido dejar en manos de los empresarios la solución del conflicto para después plantear respuestas globales para evitar que estas situaciones puedan repetirse en el futuro.

Parece que la presión ha hecho mella en los fabricantes. Al cierre de esta edición, ambas partes habían conseguido llegar a un acuerdo parcial, a pesar de que en reiteradas ocasiones desde ambas partes se aseguraba que era poco probable que se llegara a un pacto privado y pretendían que los gobiernos intervinieran de forma más activa para solucionar el conflicto.

Los empresarios que primero lograron ponerse de acuerdo fueron los que elaboran cocinas. Este año Argentina importará de Brasil 90.000 electrodomésticos de este tipo. Al parecer, en este caso el pacto ha sido más fácil de alcanzar porque los fabricantes brasileños de este tipo de aparatos necesitan vender al país austral para sobrevivir por lo que han tenido que ajustar más sus peticiones. El pasado año las cocinas brasileñas tenían una cuota de mercado del 28% en Argentina, pero en lo que vamos de año las ventas aumentaron un 115%.

En el caso de otros artículos, la pelea ha sido más intensa, pero también se han conseguido avances. Los fabricantes de congeladores brasileños se han comprometido a importar sólo 285.000 aparatos este año, una cifra intermedia entre los 310.000 que ellos pretendían y los 260.000 que, en un principio, estaban dispuestos a aceptar los empresarios argentinos.

Donde no hay acuerdo todavía es en el caso de las lavadoras. Las diferencias entre lo que plantean unos y otros son demasiado grandes en este momento. Los brasileños quieren colocar en el mercado argentino 231.000 unidades este año y los fabricantes del país austral sólo están dispuestos a aceptar 66.000. Las negociaciones, no obstante, continúan.

Parece que finalmente no se ha confirmado el temor de los empresarios brasileños a tener que restringir un 50% las importaciones a Argentina, una posibilidad que había enfadado mucho a los sindicatos del país amazónico. El presidente del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Paolo, Eleno José Bezerra, había incluso llegado a advertir que si se llegara a acordar reducir las exportaciones al país austral a la mitad cerrarían aeropuertos y cortarían rutas para impedir la entrada de productos argentinos. A juicio de este sindicalista, una reducción de las ventas del 50% se traduciría en la pérdida de al menos 700 puestos de trabajo directos y 2.000 indirectos.

El conflicto entre ambos países estalló la pasada semana en plena inauguración de la Cumbre del Mercosur. El Gobierno de Kirchner impuso restricciones a las importaciones de algunos electrodomésticos procedentes de Brasil a través de concesiones no automáticas para lavadoras, congeladores y cocinas y de un arancel del 21% para las televisiones. Unas medidas que, se supone, quedarán sin efecto en el caso de que finalmente se logre llegar a un acuerdo privado. El asunto todavía no se ha zanjado porque los empresarios argentinos han pedido a Kirchner que mantenga las licencias no automáticas como mecanismo para garantizar que se cumplen los cupos pactados. De momento, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, no parece muy receptivo a las demandas de los empresarios locales.

En medio de todo esta tensión en la prensa brasileña surgieron rumores sobre la posibilidad de que Kirchner extendiera las trabas comerciales a otros sectores, como el automovilístico. De momento, eso no ha pasado. Todo sigue en el aire.

RGT BSL TGN

 

   

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