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Viernes
16 de julio de 2004
El
Gobierno reduce la protección sobre áreas protegidas
para favorecer edificaciones turísticas
Oscura
operación empresarial en República Dominicana
Antonio
Pita*
“Globalia Hoteles apuesta por un concepto de hotelería
en el que se combinan los nuevos avances tecnológicos y el
menor impacto medioambiental consiguiendo la más alta calidad
gracias al espíritu de innovación y actualización
permanente que se ve reflejado en las exquisitas instalaciones de
los hoteles”, así reza un texto institucional de Globalia,
una de las principales empresas turísticas españolas
(dueña, entre otras, de la compañía aérea
Air Europa o la Agencia de Viajes Halcón) y que este año
aspira a obtener un beneficio neto entre los 38 y los 40 millones
de dólares, el doble del año pasado.
Pero esta vie en rouge que presenta la compañía en
su actuación podría tener poco que ver con la realidad
de su impacto ambiental, según la denuncia de diversos grupos
ecologistas, entre ellos, algunos de los principales, como Greenpeace
o el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El motivo es un proyecto
hotelero de Globalia en un área de República Dominicana
que fue excluida de un parque natural por el presidente saliente
del país, Hipólito Mejía, por medio de la modificación
(aún pendiente de aprobación final por el Parlamento)
de la actual Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Este cambio favorece a Juan José Hidalgo, el dueño
de Globalia, quien adquirió unos terrenos dentro del Parque
Nacional del Este y tiene autorización para levantar en ellos
un complejo hotelero, el Gran Palace Bayahibe Beach Resort, según
adelantó el mes pasado el diario digital español El
Confidencial.
Globalia adquirió en octubre de 2000 una parcela de 267.000
metros cuadrados. Aunque en agosto de ese mismo año se había
aprobado la Ley General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales,
el presidente dominicano firmó un decreto 12 días
después de su entrada en vigor con el que pretendía
excluir del Parque Nacional del Este, la parcela comprada por Hidalgo.
Según la información de El Confidencial, ante la imposibilidad
de modificar una ley por decreto, el presidente dominicano se dirigió
por carta a Hidalgo y le autorizó a tomar posesión
de los terrenos. En 2001, Mejía llevó al Senado dominicano
otra iniciativa para excluir del ámbito del Parque varias
parcelas, que tampoco prosperó. Finalmente, se decidió
un cambio en la ley que acaba prácticamente con las costas
protegidas del país.
Hace tres semanas, Greenpeace advirtió de que la Red de Parques
Nacionales de la República Dominicana podría ver reducida
su extensión a la mitad próximamente, de ratificarse
esta modificación de la Ley, a la que se atribuye el riesgo
de mutilar el Parque Nacional del Este y el Jaragua, en el suroeste.
El primero ha sido propuesto para ser declarado Patrimonio de la
Humanidad, mientras que el Jaragua pertenece a la Reserva de la
Biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo, designada por la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (Unesco) en noviembre de 2002. “(De adoptarse definitivamente
esta medida,) los ecosistemas en peligro desaparecerán, incluyendo
humedales e importantes zonas de aves; así como destacados
hábitats del Manatee de la India Occidental o la Tortuga
Hawksbill”, asegura la WWF.
“Se da la circunstancia que la primera parcela en la que Globalia
quiere construir un complejo hotelero es la que alberga el Centro
de Recepción de visitantes del Parque Nacional del Este que
se construyó en 1992 con fondos aportados por la Agencia
Española de Cooperación (AECI)”, aseguraba Greenpeace.
“[La sección española de] Greenpeace considera
lamentable para la imagen de nuestro país que empresarios
turísticos españoles estén promoviendo el desmantelamiento
de las áreas protegidas en la República Dominicana,
en vez de potenciar un modelo de desarrollo sostenible en los lugares
en los que ubican sus negocios”.
A raíz de la denuncia, la Coalición para la Defensa
de las Areas Protegidas, que reúne una treintena de organizaciones,
se concentró frente a la Embajada de España en Santo
Domingo acusando a la representante diplomática en el país,
María Jesús Figa, de "apoyar y patrocinar"
la aprobación de la Ley Sectorial de Areas Protegidas para
favorecer a una empresa española. Figa negó las alegaciones,
expresó su "extrañeza" ante el hecho de
que la quieran "convertir en protagonista" y recalcó
que "el tema ecológico siempre ha sido preocupación
de la cooperación y el Gobierno español". También
rechazó toda vinculación con la operación otro
peculiar implicado por los manifestantes, el cantante español
Julio Iglesias, a quien acusaron de ser un "intermediario de
tierras" entre el presidente dominicano y el empresario español.
El asunto no acabó ahí. El pasado 1 de julio, el director
de Greenpeace España, Juan López de Uralde, dirigió
un escrito al presidente de Globalia en el que le pedía que
reconsiderase la construcción del proyecto hotelero porque
representa "un golpe demoledor al patrimonio" dominicano.
“Al igual que a nadie se le ocurriría destruir la catedral
de Burgos, tampoco un monumento natural debe destruirse, ya que
forma parte del Patrimonio de toda la Humanidad", decía
la carta. El 7 de julio, Greenpeace dirigió una nueva misiva,
en esta ocasión al presidente electo dominicano, Leonel Fernández
(quien relevará en el cargo a Hipólito Mejía
el próximo 16 de agosto) en la que le pedía que intervenga
para evitar la aprobación, pendiente en el Congreso, del
proyecto de ley.
“Yo he sido la persona peor tratada de la isla. Soy un perjudicado.
Allí todo el mundo está en contra de mí”,
fue la respuesta del presidente de Globalia a estas acusaciones,
en la que además dejó muy clara su filantropía
y su hondo compromiso ambiental: “Lo que necesita ese país
es suelo, abrir hoteles y dar trabajo a la gente que se muere de
hambre. Necesita crear riqueza y que no vengan cuatro ecologistas
a decir que hay que mantener a los pececitos o proteger a los mosquitos”.
Toda acusación debe ser probada, pero con estos mimbres cuesta
creer que la ética esté condicionando las actuaciones
en este asunto. La modificación de la Ley de Areas Protegidas
(sean cuales sean los motivos que han llevado a ella) constituye
una pésima noticia para la preservación del medio
ambiente en República Dominicana.
* Periodista. Agencia de Información Solidaria
(AIS).
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