|
|
Viernes, 16 de julio de 2004
DESDE EL MALECON CON... “¿Algún problema con Cuba, San Isidro?” Por
Aurelio Pedroso
Parece ser que San Isidro Labrador no las tiene todas muy bien con Cuba, que digamos. Desde su imperio celestial no nos deja caer una gota de agua en tanto tiempo que calvos y canosos no recuerdan sequía tan despiadada y prolongada. Los efectos han comenzado a sentirse en la capital cubana, donde a viejos problemas para un regular suministro cada dos días, ahora se ha debido limitar aún más la cantidad de líquido que llega al hogar. De cualquier forma, la situación hipercrítica está del centro de la isla (provincia de Villa Clara) hacia el oriente, donde poco menos y es de emergencia nacional. Allí, a diario, a la par de las vacas sobrevivientes, que ya han aprendido a mirar al cielo, campesinos, comunistas, miembros del Gobierno, ateos y hasta los párrocos miran inútilmente a las nubes a la espera de la vital lluvia que no acaba de llegar al tiempo que las pocas reservas todavía operativas están a punto de colapsar. Alrededor de un millón de personas viven en estos momentos gracias al suministro de agua por carros cisternas popularmente conocidos como “pipas”, mientras que el Programa Mundial de Alimentos ha aprobado una ayuda ascendente a 161.000 dólares con el objetivo de hacer llegar a los niños raciones de aceite, granos y arroz. En Holguín, por ejemplo, provincia con más de un millón de habitantes, el agua embalsada deberá agotarse en unos 60 días. Las autoridades principales de la nación, en una suerte de comisión creada al efecto, no cesan de tomarle el pulso a la situación. Carlos Lage, secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, ha dado a conocer recientemente que en Camaguey se han secado 31 embalses o presas de las 52 existentes. Los daños a la ganadería y agricultura son cuantiosos aunque no públicos, al igual que las afectaciones en la generación de electricidad de pequeñas centrales hidroeléctricas en las zonas montañosas Panorama tan serio y preocupante precisamente en temporada ciclónica, sin que un evento de esta naturaleza se asome por las cercanías de la región afectada y traiga las lluvias necesarias. Pero habrá que esperar algo más, tal vez a octubre, mes de mayor incidencia de ciclones y huracanes. Y
en lo que San Isidro toma una determinación (vaya castigo), el
hombre deberá imponerse ante tamaño reto de subsistencia.
CBB |
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
|