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Viernes, 23 de julio de 2004
La incongruente carrera armamentista de América Latina Por
Juan Varde
A pesar de las persistentes crisis económicas y sociales, las inversiones en el gasto militar crecen en América Latina, ya que aumentaron un 24% en 10 años. El monto es similar al que eroga EEUU en la guerra contra el terrorismo, a pesar de que no existen conflictos declarados. Como ejemplo, baste señalar que en el año 2003 se desembolsaron por este concepto 21.800 millones de dólares. Sin amenaza de guerra a la vista en América Latina, resulta incongruente la fiebre de inversiones en armas en la región. Evidentemente, los países priorizan el poder militar sobre los gravísimos problemas y flagelos sociales que se analizan como la mayor causa de inestabilidad política en la región. Las graves crisis económicas y las fuertes convulsiones sociales que se viven en la mayor parte de la región últimamente, no han tenido mayor impacto en la cuenta de gastos militares. Con casi la mitad de latinoamericanos viviendo en condiciones de pobreza, Latinoamérica destinó a sus fuerzas armadas 21.800 millones de dólares, una cifra increíblemente superior a la que se gastaba, por ejemplo, hace 10 años (17.600 millones). La
causa para que la corriente armamentista no cese en América Latina
la encontramos en los serios problemas de gobernabilidad y la inestabilidad
política que vive la región. Luego de que la Argentina adquirió a los EEUU 36 aviones A-4M Skyhawk, reacondicionados, Brasil realizó una compra similar, con el mismo tipo de aeronave: fueron 20 a-4MSkyhawk, destinados a operar en la nueva estrella de sus fuerzas armadas, el portaviones Sao Paulo, que comenzó a operar en el 2001. Mientras la crisis económica llevó a la Argentina a una reducción paulatina de su capacidad armamentista, Brasil se dispones a concretar la compra de 12 jets cazabombarderos por 700 millones de dólares Chile, que cuenta por ley con fondos de la exportación de cobre para financiar la compra de armas, ha realizado adquisiciones en forma continua. En los últimos años compró 200 tanques Leopard y dos submarinos Scorpene, además de 1o aviones F-16 estadounidenses, a los que sumará cinco fragatas (una inglesa y cuatro holandesas) que llegarán al país trasandino en los próximos tres años. El gasto militar elevado reduce significativamente el crecimiento económico y distrae, sin dudas, recursos destinados a programas de desarrollo, donde se esconde el poder real. Los
gobiernos, sólo ellos, tienen la respuesta. |
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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