Viernes 30 de julio de 2004

 

DESDE EL MALECON CON...

Bus, el borracho

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

Cuando todos esperábamos la tercera “epístola” del presidente Fidel Castro a su homólogo estadounidense, George W. Bus, en ocasión del LI aniversario del asalto al cuartel Moncada (inicio de la lucha armada contra el dictador Fulgencio Batista), el Comandante dejó a un lado los escuetos, pero contundentes mensajes y dio lectura a uno de sus habituales y extensos discursos.

Nadie mejor para acompañarle como asesor en esta nueva arremetida contra el número uno en EEUU que el doctor Justin A. Frank, un especialista que ha señalado en su libro “Bush en el diván” la trayectoria y peligros de un hombre con mucho poder y aún bajo los efectos de su adicción al alcohol.

Un discurso, el de Fidel Castro, con dos objetivos. El primero, para el electorado norteamericano y en el que sin duda alguna no faltarán copias en inglés para el vecino norteño. Y en segundo término, para el pueblo cubano, en la convicción de continuar adelante el proceso y sin el más mínimo temor ante nuevas medidas de estrangulamiento económico o aventura militar.

En Cuba, un país con el ron casi como insignia nacional y donde sobran los que gustan de empinar el codo, que el presidente Bush sea un borrachín no causará mucho desprecio.

Lo único que le faltó por decir al líder cubano fue que, con gusto, invitaba a Bush para tratarse el alcoholismo en competentes instalaciones cubanas. Tres días después del discurso, el “ofendido” aún no ha respondido. Quizás quiera pagar con una moneda similar y se invente algo sobre los efectos de un tabaquismo no tratado científicamente dada la pasada afición a los puros que tenía el Comandante.

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