Viernes 13 de agosto de 2004

Dos libros que hacen cambiar la percepción de esa época

Una nueva visión de la Edad Media

Por Alberto Miguel Arruti

Multitud de libros y publicaciones, en las que nos hemos formado, caracterizan a la Edad Media como una época en la que no floreció la ciencia. Pero una serie de libros, aparecidos en los años 2002 y 2003 en distintas capitales europeas y norteamericanas, desmienten tal opinión. Podríamos citar, sin mayor esfuerzo siete libros. Pero nos vamos a referir solamente a dos, que son: “Medieval Herbal Remedies. The Old English Herbarium and Anglo-Saxon Medicine”, de Anne van Arsdall, aparecido en Londres hace dos años y “History and Philosophy of the Mathematical Sciences”, dirigido por I. Grattan-Guinness, publicado en Baltimore el año pasado.

Por el primero de estos libros desfilan Dioscórides, Apuleyo, Plinio el Viejo y el más grande de todos, Galeno, que fue la autoridad médica de la Edad Media. Fueron, precisamente, los monasterios benedictinos donde se refugió el conocimiento médico en Inglaterra y en la Europa continental. En estos herbarios se describen, una a una, las plantas, su desarrollo, su forma de identificarlas y sus posibles aplicaciones terapéuticas.

El segundo libro que hemos citado constituye un estudio histórico de la matemática aplicada a la mecánica y a la óptica, así como la tradición geométrica y el álgebra del ábaco. En todos estos libros, además de múltiples ideas originales, se recoge la matemática de los griegos, salvada en multitud de ocasiones por los pensadores árabes que, a su vez, aportaron no pocas ideas nuevas. Llama la atención la figura de Alberto Magno que, miembro de la Orden de Predicadores, no sólo fue teólogo y filósofo, sino también experto en una serie de disciplinas, que constituyen hoy ciencias naturales independientes.

El hombre, los animales, las plantas y la materia inanimada fueron objeto de sus preocupaciones y de sus estudios. De Alberto Magno se ha escrito que “su empeño en limitarse a la exposición y comentario del saber transmitido, su deseo de contrastarlo y completarlo con observaciones y experimentos propios, dan testimonio de un afán investigador que produce una impresión de modernidad”.

Alberto Magno recorrió toda la Europa Central, visitando Roma, Riga, París, Amberes y Basiela. De acuerdo con las estrictas reglas de su orden, los dominicos, realizó todos los viajes a pie. Todas estas publicaciones nos dan una visión distinta de la tradicional que teníamos y hemos recibido de la Edad Media. Ya el gran historiador holandés Johan Huizinga, con su obra “El otoño de la Edad Media”, nos presentó una visión diferente y original de aquellos tiempos. Hoy vivimos una época totalmente distinta. Con indudables ventajas y con indudables problemas y limitaciones.

Herederos de aquellos pensadores científicos hemos llegado a una cultura técnica que, como ha escrito Nicolás Berdiaeff, “no quiere reconocer ningún principio por encima de ella. Está obligada a contar únicamente con el Estado, cuyo papel es igualmente totalitario. El desarrollo extraordinario de la técnica, en tanto que esfera autónoma, conduce al fenómeno esencial de nuestra época: el paso de la vida orgánica a la vida organizada”.

El siglo XXI se ha iniciado con no pocos problemas. Muchos de ellos proceden de otras épocas. Otros son absolutamente nuevos. También se ha iniciado con no pocas esperanzas. La globalización, denostada por unos y ensalzada por otros, representa un reto al que se impone hacer frente. Lo que significa encauzarlo para que sirva para conseguir la justicia y un nuevo bienestar.

DTC INT

   

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