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Viernes
20 de agosto de 2004
Si
continúa la ocupación campesina podría escasear
el suminstro energético boliviano
Los
sin tierra, al mando de los campos petrolíferos bolivianos
Por
Americaeconomica.com
Desde
que el pasado lunes un grupo de agricultores de la organización
Central Unica de Trabajadores Campesinos del Norte tomaran el control
del campo petrolífero de "Humberto
Suárez",
situado al noroeste de la ciudad boliviana de Santa Cruz, las ocupaciones
de haciendas petrolíferas y el descontento de los trabajadores
del sector han ido en aumento. El martes, unos 300 campesinos se
hicieron con el control de otros dos campos para exigir que la propiedad
de esas tierras, privatizadas en 1996, vuelva a manos del Gobierno.
A pesar de que estos tres campos ya están bajo control policial
y funcionan con absoluta normalidad, otras movilizaciones campesinas
han resurgido por todo el país.
El
miércoles, tras dos días de ocupación, los
labriegos abandonaron los
tres pozos pertenecientes a la petrolera Chaco, subsidiaria de la
British Petroleum,
una vez que se suscribió un acuerdo entre los campesinos
y el Gobierno boliviano para establecer el calendario
de titulación de esas tierras.
Una
vez terminado el conflicto, la dirección de Chaco dispuso
el jueves, después de haber comprobado que las instalaciones
se encontraban en buen estado, el retorno de sus trabajadores a
las plantas petrolíferas y la apertura de las válvulas
por donde fluye el petróleo. Se calcula que Chaco perdió
más de medio millón de dólares (404,3 euros)
con la ocupación de esos tres campos, que producen
diariamente 2.000 barriles de crudo.
Sin
embargo, a pesar de que en la zona de Santa Cruz la situación
ha vuelto a la normalidad, los
campesinos del Movimiento Sin Tierra (MST) han anunciado el reinicio
de la toma de haciendas por todo el país y una marcha a la
capital (La Paz) prevista para el 25 de agosto, junto a la Coordinadora
del Gas y la Confederación Sindical Unica de Trabajadores
Campesinos de Bolivia, con el fin de demandar la nacionalización
de los hidrocarburos.
Pero
esta no es la única protesta que se está llevando
a cabo desde el MST. Una docena de campesinos se encuentra en la
sede de la Central Obrera Boliviana en huelga de hambre para exigir
la liberación del dirigente de la organización, Gabriel
Pinto Thola, que actualmente está en prisión preventiva
acusado del asesinato del ex alcalde de Ayo Ayo, Benjamín
Altamirano, el 15 de junio.
Los
sin tierra parecen no se darse por vencidos. En la ciudad
de Villamontes, los campesinos mantienen desde hace 10 días
un conflicto con el Gobierno boliviano como consecuencia del cierre
de las válvulas del gasoducto que abastece a Argentina y
Brasil y por el bloqueo de la carretera que se dirige a Paraguay
y Argentina. Exigen la construcción de una nueva vía
con un crédito que Brasil ha ofrecido a Bolivia valorado
en 220 millones de dólares (177,89 millones de euros).
Los
campesinos han afirmado que continuarán con la ocupación
de la carretera hasta que los representantes de la región
ofrezcan un Decreto Supremo que garantice que esos recursos se utilizarán
en el asfaltado de la carretera. En
Villamontes ya hay escasez de energía eléctrica y
se ha comenzado a racionar su distribución. Si las medidas
de presión continúan, se prevé que el racionamiento
pueda llegar al 30%.
El
Gobierno boliviano está intentando resolver el conflicto
con el envío a la zona de Villamontes del viceministro de
Coordinación Gubernamental, Carlos Agreda, para que negocie
con los líderes del MST. Además, por orden del presidente
de Bolivia, Carlos Mesa, las Fuerzas Armadas y la Policía
han cercado los campos petrolíferos en las ciudades de Santa
Cruz, Cochabamba y Tarija para evitar que las propiedades sean ocupadas
por los campesinos.
Los
sin tierra también se movilizan en Paraguay. Unos 2.000
campesinos sin tierra han protagonizado una marcha de protesta
por el centro de Asunción, la capital de Paraguay, en contra
de una ley de privatización actualmente en la Cámara
de Senadores justo en instantes en que están ocurriendo invasiones
masivas a propiedades privadas en el interior del país. "No
permitiremos que los últimos bienes del Estado sean enajenados
sólo para responder a requerimientos de organismos internaciones
neoliberales", aseguró Odilón Espínola,
secretario de la Federación Nacional de Campesinos.
El
dirigente manifestó que "la compañía de
teléfonos (Copaco), la industria nacional del cemento y la
compañía de agua potable no deben pasar a manos privadas
porque perjudicaría a millones de paraguayos pobres que necesitan
de esos servicios a menor precio y hasta subsidiados".
Raúl
Soljannic, presidente del gremio de propietarios de haciendas ha
señalado que "hace 60 años que los gobiernos
de turno vienen regalando tierras a los campesinos que, apenas la
reciben, la vuelven a vender paras seguir la cadena de reclamos;
ellos no producen, sólo piden y piden".
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