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Viernes
20 de agosto de 2004
El
castigo del huracán Charlie sobre Cuba
Las
mil y una noches de "Muñeco" Hernández
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
Francisco "Muñeco" Hernández no fue una
excepción. La noche del jueves 12 de agosto miró al
cielo y aún, entre cúmulos de nubes que comenzaban
a formarse, se veían las estrellas. Llevó hasta la
terraza una cómoda butaca y, entre partes meteorológicos,
comenzó pacientemente a esperar por un huracán que
cada vez tomaba más fuerza.
Algunos
de sus vecinos, alertados por él desde horas de la tarde,
le habían dado espaldas a la advertencia de la llegada de
la tragedia anunciada para las primeras horas de la madrugada. Cuando
se hizo la medianoche, comenzó una lluvia moderada. Entonces
se percataron de que el anuncio del Instituto de Meteorología
era estricta y puntualmente cierto.
Como
muchas veces sucede, el huracán tiene un preludio de llegada.
Entre uno o dos días el cielo se torna gris y lluvioso. Charlie,
en realidad, no tenía intenciones de anunciarse, sino de
destruir, de arrasar con lo poco y mucho de Cuba en su porción
occidental.
Pese
a todo lo dicho en TV, radio y prensa escrita, La Habana no estaba
preparada para tal embate. En otras ocasiones se hacían visibles
los trabajos de poda de árboles y limpieza de alcantarillas.
En la mañana del jueves, este corresponsal sólo pudo
apreciar a un grupo de trabajadores de la aerolínea Cubana
de Aviación colocar protectores al ventanal de las oficinas
centrales y emprenderla a machetazo limpio contra las ramas de uva
caleta del jardín.
Charlie
llegaba a La Habana alrededor de las 1:30 horas de la madrugada.
La carta de presentación fue una racha de viento de unos
180 kilómetros por hora que no dejó en pie ni aguacates
ni siquiera dátiles casi centenarios, por no decir que ni
una mata de plátanos para contar la historia.
"Muñeco"
Hernández comprendió que se encontraba sentado en
el peor de los lugares, cerró la terraza y sin electricidad
comenzó a valerse de un radio de baterías. Un punto
de desventaja para aumentar la tragedia fue sin duda el problema
que encontró el meteoro en la capital: apagones constantes
por averías y unas 100.000 personas valiéndose de
carros cisternas para consumir agua.
Unas
dos horas de azote de Charlie fueron suficientes para sumir a gentes,
casas, edificios, industrias, escuelas, redes eléctricas
y conductoras de agua en algo similar a un bombardeo aéreo
del eterno enemigo (EEUU) con la única excepción de
que las víctimas mortales apenas llegaron a cinco.
Como
parte de su estilo habitual en estos casos, el presidente Fidel
Castro se personó en la sede del Instituto de Meteorología,
tranquilizó a quienes podían escucharle por radio
en el sentido de que todo tendría solución, y aplazó
la celebración de su 78 cumpleaños (13 de agosto)
para el domingo15 y así celebrar la victoria del referendo
venezolano.
El
amanecer del viernes 13 no pudo ser más caribeño.
Tras la demolición de Charlie quedaba un cielo despejado,
sin lluvias y con un sol de verano. Los turistas, muy bien resguardados
y sin un rasguño, iniciaron sus actividades de solaz esparcimiento
no sin asombrarse por cómo estaban bloqueadas calles y avenidas
por árboles que parecía nunca se tumbarían
sobre la vía. Para los visitantes el huracán había
terminado, pero para "Muñeco" Hernández,
varios millones de cubanos y las respectivas autoridades comenzaba
más que un dolor de cabeza una aguda jaqueca que aún
una semana después hace de las suyas.
El
coste económico de los daños aún no ha sido
revelado, pero la destrucción causada es de temer. Escuelas,
por ejemplo, y en número de 753 están siendo sometidas
a reparaciones para garantizar el inicio del curso en septiembre.
En la agricultura de la provincia La Habana -abastecedora de la
capital- sólo se podrá esperar en los próximos
meses nada más que un tubérculo dulzón similar
a la patata denominado boniato y para la venidera campaña
de frío tendrá que sembrar la cidra record de más
de 4.000 caballerías de tierra (una caballería representa
unas 13 hectáreas). Las viviendas derrumbadas ascendieron
a 385 mientras que las afectadas superan las 10.000.
La
vecina provincia de Pinar del Río fue más afectada
que la capital. No cuesta mucho esfuerzo de imaginación para
el neófito de ciclones y huracanes aquilatar cómo
se puede vivir una semana sin electricidad, agua y gas para cocinar.
Algo
nunca visto por este corresponsal en otros meteoros que han azotado
la isla ha sido la imperiosa necesidad de algunos cubanos por adquirir
en los establecimientos de venta en dólares las botellas
de agua potable. De igual modo, la ausencia hasta hoy de donaciones
o ayudas foráneas ante la desgracia.
El
esfuerzo por la recuperación es colosal. Miles de técnicos
y obreros especializados de otras provincias no afectadas trabajan
a tiempo completo por restablecer la normalidad en el suministro
de agua y electricidad.
Charlie
ha sometido a una dura prueba a la población occidental de
la isla. A Francisco "Muñeco" Hernández
alguien optimista vino a decirle que "a mal tiempo buena cara",
él hizo un gesto de aprobación e intentó frente
al espejo cambiar su rostro sin poder conseguirlo. Cuentan los que
le conocen que su primera sonrisa la alcanzó al saber que
una cubana había obtenido en Atenas la primera medalla de
plata de Latinoamérica. Y es que los Juegos Olímpicos
han logrado distraer a una parte de los cubanos ante esta tamaña
desgracia de la naturaleza.
Charlie
es una de esas tantas cosas que tiene la vida que pasan para dejar
un recuerdo. Un recuerdo atroz.
CBB
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