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Viernes
20 de agosto de 2004
En
septiembre habrá una nueva oportunidad
El
Mercosur y la UE, cada vez más lejos
Por
Americaeconomica.com
Parece
imposible que el Mercosur y la Unión Europea (UE) se pongan
de acuerdo para firmar un tratado de libre comercio (TLC). Los técnicos
de ambos bloques se muestran incapaces de solucionar sus diferencias
a pesar de que tienen el mandato expreso de sus políticos
de llegar a un pacto antes de octubre. Difícil. Las últimas
reuniones de mediados de agosto en Brasilia (Brasil) fracasaron,
como tantas otras desde 1999. Habrá una nueva oportunidad
en septiembre.
Los
negociadores del Mercosur son los que se han levantado de la mesa
más enfadados, como ya lo hicieron durante las conversaciones
del pasado mes de julio en Bruselas (Bélgica).
Aún
así, hay quien no pierde la esperanza. El ministro de Desarrollo,
Industria y Comercio Exterior de Brasil, Luiz Fernando Furlan, ha
manifestado que confía en que el TLC entre la Unión
Europea y el Mercosur se haga realidad en octubre,
Furlan admitió
que la falta de éxito se debió a las diferencias en
los aspectos relacionados con el comercio agrícola entre
la UE y el bloque suramericano. Además, señaló
que ninguno de los bandos confirmó en sus anteriores reuniones
en qué sectores se mostraría más flexible a
la hora de comercializar productos.
Durante
la última reunión en la que las dos partes se sentaron
a negociar parece que lo que más indignó a los países
latinoamericanos fue que la UE impusiera un curioso sistema de negociación:
"Mejora por mejora". Es decir, un bloque ofrece algo más
sobre su propuesta inicial y el otro responde con otra iniciativa
similar.
Pero
este sistema es muy lento y no ha gustado al Mercosur. Este bloque
prefería que cada bando mostrara su propuesta global mejorada
para luego negociar sobre ella.
Según
este sistema, ahora le hubiera tocado al bloque latinoamericano
dar un paso para mejorar su oferta después de que los europeos
aceptaran aumentar el cupo de exportaciones de carne bovina del
Mercosur hacia el Viejo Continente. Pero los países suramericanos
no han cedido.
Las negociaciones
encontraron su principal obstáculo, como siempre y como bien
señala Furlan, en el capítulo de bienes agrícolas.
Ambos bandos defienden férreamente sus posiciones, lo que
impidió el acuerdo. La UE aceptó aumentar el volumen
de exportaciones de carne bovina que el bloque latinoamericano puede
exportar hacia Europa desde 60.000 toneladas (su oferta inicial)
hasta 116.000, una cifra que dista mucho de las pretensiones del
Mercosur (315.000 toneladas). Además, la Unión se
resistió a desvelar su oferta para productos como la leche
o el azúcar, algo que esperaba con impaciencia el Mercosur.
Pero los europeos
se negaron porque, según el modelo de negociación
adoptado, el Mercosur tenía que ofrecer algo a la UE. Este
bloque esperaba en concreto una oferta más atractiva en los
capítulos de servicios y compras gubernamentales. Pero en
este punto Brasil se resiste a toda costa a ceder frente a la postura
más flexible de Argentina.
El Mercosur
dijo que sí, que podría flexibilizar su postura en
estos rubros. Pero antes insistió en conocer la oferta agrícola
total de la UE. Es decir, su propuesta sobre los lácteos
y el azúcar.
En fin, las
negociaciones se convirtieron en un circulo vicioso del que no fueron
capaces de salir ni unos ni otros y todo condujo a una nueva interrupción
de las conversaciones.
El ministro
de Exteriores de Brasil, Celso Amorim, afirmó tras el fracaso
que "no tiene sentido que vengan a ofrecernos una cosita para
carne -y encima lo que nos ofrecieron fue malo- y querer sólo
con eso que yo les muestre toda mi oferta".
La frustración
del director de la delegación europea, Karl Falkenberg, también
era evidente. Falkenberg reconoció que la falta de acuerdo
tuvo más que ver con el procedimiento elegido para negociar
que con desacuerdos sustanciales sobre las respectivas ofertas.
Aunque esas divergencias existen. Amorim, en la rueda de prensa
que se celebró en Brasilia tras la ruptura de las negociaciones,
afirmó que existían asimetrías numéricas
entre los modelos de apertura ofrecidos por ambas partes. Es decir,
que el Mercosur considera que los cupos ofrecidos para las exportaciones
por la UE son menos generosos que los del bloque latinoamericano.
Pero no todo
está perdido. En septiembre, se volverá a intentar
de nuevo. Ese momento será clave porque el 30 de octubre
se renuevan los órganos de la Comisión Europea (CE)
y el actual comisario de Comercio, Pascal Lamy, que dirige las negociaciones
por parte de la UE, dejará su puesto. La renovación
de la CE supone que si el mes próximo no hay acuerdo, las
negociaciones podrían retrasarse hasta 2005 y se habría
perdido definitivamente la oportunidad de estrenar un acuerdo de
libre comercio el próximo año, tal y como estaba previsto.
Es posible que
en las próximas semanas los ministros que integran ambos
bloques, y no los técnicos, se reúnan para intentar
de destrabar las negociaciones y facilitar el acuerdo el próximo
mes. Al fin y al cabo se trata de la última oportunidad que
tienen el Mercosur y la UE para cumplir sus objetivos.
Las
negociaciones enter el Mercosur y la UE comenzaron en 1992. Tres
años más tarde se hicieron las primeras propuestas
para la firma de este complejo y discutido acuerdo de integración
comercial.
RGN
TGC
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