Viernes, 27 de agosto de 2004

 

Los datos sobre el medio ambiente, a examen

Por Alberto Miguel Arruti
(madrid)

 

Los problemas del medio ambiente han ido adquiriendo, año tras año, una mayor importancia. Puede hoy afirmarse que constituyen uno de los pilares de las preocupaciones de la sociedad y, en consecuencia, de la política.

Los datos que nos proporcionan diversas ciencias son, en general, pesimistas. Podríamos citar multitud de ejemplos. El Banco Mundial estima que la pérdida de aves y mamíferos se ha triplicado en los ú1timos 200 años. En la actualidad, es 50 veces mayor que la que tiene lugar espontáneamente.

La Agencia Europea del Medio Ambiente estima que el cambio climático producirá en España la mayor elevación de temperaturas de Europa. En el año 2080, la temperatura puede elevarse sobre la actual en 4,5 grados. El volumen de agua que los ríos del sur de Europa verterán cada año al mar se reducirá a la mitad a lo largo de este siglo.

Por citar otro caso podemos afirmar que hay 132 especies incluidas en el catálogo de fauna amenazada en la Comunidad de Madrid, de las que 91 son vertebrados y el resto invertebrados. Todos estos datos no conducen al optimismo. Y podríamos citar muchos más.

Pero he aquí que un profesor de Estadística en la Universidad de Aarhus ha escrito un libro, que lleva por título "El ecologista escéptico". El profesor se llama Bjorn Lomborg y ha sido director del Instituto de Valoraci6n Medioambiental de Dinamarca. Y el libro ha sido traducido, en fecha reciente, en nuestro país.

Pues en este libro se echa un jarro de agua fría a los postulados catastrofistas que gravitan sobre nuestro planeta. Podemos leer que el aire que ahora se respira en Londres es mejor que el de hace 400 años y mejor que el de la primera mitad del siglo XX.

Cumplir con el Protocolo de Kyoto puede costar al año, según Lomborg, entre 150.000 y 300.000 millones de dólares. Probablemente, las consecuencias del cambio climático sólo se postergarían en seis años. Estos recursos también, según nuestro autor, deberían destinarse a una serie de problemas más acuciantes, como podría ser aportar agua potable a toda la población mundial, lo que salvarla millones de vidas en los países en vías de desarrollo. Y así podríamos continuar con otros muchos ejemplos.

¿Qué consecuencias puede sacarse de todo esto? Es evidente que existe un problema, un grave problema, en todo lo relacionado con el medio ambiente y, en particular, con algunos aspectos del mismo. Una bióloga, Verónica Lipperheide, escribe a este respecto: "La cuestión de fondo no es si hay o no problemas ambientales. La cuestión es conocer su gravedad real. Por un lado están los ecologistas y su pesimismo, y por otro los optimistas como Lomborg, cada uno con su visión sobre el estado del planeta. Los primeros reclaman medidas drásticas inmediatas a cualquier coste ante el empeoramiento de las condiciones ambientales. Los segundos proponen medidas según sus costes y beneficios correspondientes".

Como en tantas circunstancias de la vida, nos encontramos ante un dilema, en el que debemos elegir, de forma inexorable, uno de los dos extremos. Parece que la solución se encuentra en la segunda opción. Es lo que, más o menos se conoce como desarrollo sostenible. Entendemos por este concepto la pretensión y el deseo de conseguir un mundo en el que se proteja, de forma clara, el medio ambiente, pero haciendo esta protección compatible con el desarrollo económico.

DTC INT

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