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Viernes 3 de septiembre de 2004
DESDE EL MALECON CON... “Enciende la vela, Chavela” Por
Aurelio Pedroso “¿Qué hora es?” es la más frecuente pregunta que nos hacemos los cubanos estos días como si con ella fuéramos a solucionar el problema o presentar un minucioso informe. Sin ser inspectores ni poseer cronómetros, cada vez que ocurre un apagón, la interrogante sale a flote. Y si es de madrugada, con más insistencia las injurias llegan al cielo. La profunda avería no acaba de tener solución definitiva. Un verano con mucho calor... y en casa. Esperar por un ahorro en los hogares es casi imposible, a pesar que desde Atenas hasta nuestros comentaristas deportivos nos convocaron a ello. Todos de vacaciones, con ventilador y televisor a la orden sin otra cosa mejor que hacer que combatir las torrenciales sudoraciones y disfrutar de unos juegos que confirmaron al final la supremacía cubana en Lationoamérica. El bar San Juan, en la frontera de dos importantes municipios de La Habana está como para filmar y ganar un Oscar. Un viejo TV blanco y negro, que algún empleado o cliente asiduo se encargó de trasladar hasta allí, sigue paso a paso la gran competencia mundial del deporte. La tertulia entre rones de mediana calidad no puede ser más animada. Los organizadores han llevado a los soportales una tanqueta metálica devenida en barbacoa para piezas a la brasa. Y para aquellos que deseen llegar a bien ante la esposa luego de empinar el codo, pues el medio kilo de pollo se lo ponen a un dólar estadounidense. Fumadores de puros tienen el mazo a la mano. Se trata de una marca desconocida en el mercado internacional al precio de, lean bien, cinco céntimos de dólar (un peso cubano). Decenas de hombres y mujeres se están dando cita en el San Juan. Un policía merodea por los alrededores no tanto para garantizar el orden, sino para seguir de reojo la Olimpiada. En pantalla, el equipo de boxeo repartiendo golpes a diestra y siniestra o esa jabalinista que un poco más y la pone en una vivienda donde una madre amamantaba a su hijo. En el San Juan no hay tantos cortes de luz, es un bar-cafetería con ínfulas bien logradas de centro enemigo del estrés, un santuario donde se puede gritar a más no poder. Dicen algunos que la electricidad allí no la cortan por la cercanía a Radio Progreso. Vociferar a los cuatro vientos por ese indulto que la presidenta panameña le ha concedido a cuatro probados terroristas cubanos, por las medallas de oro en el boxeo y hasta por esa cubana que, con sobrado ingenio, llegó a Miami metida en un bulto de DHL. Una batahola donde se mezclan los más disímiles pareceres y opiniones de actualidad, sin que nadie se moleste en extremo y la velada no termine –increíblemente- en una estación de policía. CBB
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