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Viernes
17 de septiembre de 2004 Las
presiones inflacionistas y la FED fuerzan el cambio en la política monetaria Brasil
confirma el proceso de subidas de tipos de interés en Latinoamérica Por
María Blasco
Brasil
es el país que marca tendencia en el subcontinente, el que sirve de referencia
al resto de países latinoamericanos. Y su Banco Central (BC) acaba de decidir
subir los tipos de interés a corto plazo (tasa selic) en 25 puntos básicos
hasta el 16,25%. ¿Seguirán el ejemplo sus vecinos? La subida de
tipos en EEUU, que podría llegar a situar los fed funds en el
4% a finales de 2005 pero, sobre todo, los problemas de los Gobiernos de la región
para controlar el alza de los precios hacen pensar en esta posibilidad. De hecho,
Brasil no es el primer país que toma este camino. Antes lo hizo Chile y
Perú, y el Banco Central de México (Banxico) se lo está pensando.
El
Banco Central de Chile lo hizo a principios de septiembre, y por sorpresa. La
autoridad monetaria incrementó el tipo de interés oficial en 25
puntos básicos, desde el 1,75% (mínimo histórico) hasta el
2%. Se trata de la primera subida en cuatro años. En el mismo porcentaje
incrementó el precio del dinero en agosto el Banco Central de Perú
hasta dejarlos en el 2,75% desde el 2,5%. En ambos casos, las autoridades monetarias
justificaron la subida en la necesidad de controlar la inflación. Los
mismos problemas con los precios tiene México, un país que, además,
está muy influenciado por el ciclo económico estadounidense y por
sus tipos de interés. A finales de agosto, Banxico aumentó el corto
(instrumento de política monetaria por medio de la cual se retira o se
aumenta cierta cantidad de dinero que circula en la economía) en cuatro
millones de pesos (285.933 euros) hasta los 45 millones de pesos (3,2 millones
de euros). Esta decisión se tradujo en un aumento de los tipos de interés
a tres meses en 20 puntos básicos. La autoridad monetaria mexicana optó
por imponer una política monetaria menos expansiva con el fin de hacer
frente a la subida "inesperada" de la inflación. Sin
embargo, en su última reunión de septiembre Banxico no modificó
el corto porque, según sus portavoces, los precios están "lejos
de salirse del control". Una percepción que no comparten muchos de
los analistas aztecas. Estos expertos aseguran que la autoridad monetaria no logrará
cumplir la meta de inflación para este año, fijada en el 3%. Por
tanto, es muy probable que el Banco Central vuelva a provocar un aumento de los
tipos de interés en la seguda reunión de septiembre. El
caso brasileño. Tras Chile, Perú y México, llega
Brasil, el país más influyente en estos momentos en la región.
El BC decidió esta semana incrementar en un 0,25% la tasa selic hasta situarla
en el 16,25%. De nuevo, el fantasma de los precios se encuentra tras esta subida,
una decisión que no debió ser fácil de tomar como lo demuestra
el hecho de que los miembros del Comité Monetario (Copom) no se pronunciaron
de forma unánime (tampoco en el caso de Chile). Los
reparos de algunos directores del Copom son lógicos. Durante meses los
empresarios y los consumidores han pedido a la autoridad monetaria (y al Gobierno)
una reducción de los tipos de interés que estimule la economía.
No sólo eso. Las presiones políticas también han sido muy
fuertes. Quizá refleje mejor la situación el hecho de que miembros
del propio Gabinete de Lula han apostado en contra de esta decisión. La
pasada semana el ministro de la Presidencia, José Dirceu, aseguró
que no había ni presiones inflacionistas ni cualquier otro motivo que justificara
un aumento de los tipos de interés. Pero
el BC va por libre, o eso parece. Tras las especulaciones sobre su independencia
(falta de ella) y las dudas mostradas por los inversores internacionales acerca
de su autonomía, la autoridad monetaria parece que ha querido dejar claro
que el Gobierno no influye en sus decisiones. Quizá esta reacción
hará más fácil postergar, otra vez, una de las promesas electorales
de Lula dirigida a seducir a los mercados, la de conceder formalmente autonomía
al BC, algo que el presidente brasileño se comprometió a principios
de agosto a tratar en esta legislatura y que, de momento, no parece que esté
en ninguna agenda. Agitación
social. Al margen de estas batallas, que muy probablemente volverán
a reanudarse en los próximos meses, la decisión del BC ha creado
una difícil situación en el país. Los intentos del Gobierno
de minimizar el impacto que tendrá la subida de los tipos de interés
en el empleo y en el crecimiento económico no convence a los agentes sociales.
Desde la Federación de Industrias del Estado de Sao Paolo se asegura que
la subida de tipos decretada por el BC influirá negativamente en las decisiones
de los inversores y los consumidores y, por tanto, se producirá un derioro
de las principales variables macroeconómicas. Los
empresarios aglutinados en la mencionado organización también han
criticado el hecho de que el BC no haya puesto en marcha un mecanismo de régimen
flexible de objetivo de inflación, de forma que la meta aumente o se reduzca
en función de el aumento de la inversión y de las perspectivas de
las empresas y los consumidores. Desde
este sector también se sugire la posibilidad de que se refuerce la política
fiscal (menor gasto público) con el objetivo de no tener tanta necesidad
de tirar de la política monetaria, un instrumento que permite mantener
a raya los precios pero a costa del crecimiento. Los
trabajadores también arremetido contra el BC. El sindicato de Metalúrgicos
de Sao Paolo ha asegurado en un comunicado que la decisión de incrementar
la tasa selic refleja la falta de confianza del Gobierno en su política
económica y advierte que inhibirá la oferta de empleo e impedirá
el aumento de los salarios, "lo que generará desigualdades en la distribución
de la renta que beneficiarán, una vez más, al sector financiero".
La
subida de tipos de interés ha generado una agitación social que
el Gobierno de Lula tendrá que calmar. Pero, además, el Ejecutivo
brasileño deberá hacer frente a otra dificultad: la decisión
del BC tendrá un impacto negativo de 1.000 millones de reales (284 millones
de euros) sobre la deuda pública interna. Más gasto para la Administración
Lula. Una
pesadilla. Parece que la inflación sigue siendo una pesadilla
para muchos gobiernos latinoamericanos. Además de Brasil, Chile, Perú
o México, países que ya se han visto obligados a corregir su política
monetaria por culpa del alza de los precios, hay otras muchas naciones del subcontinente
que arrastran los mismos problemas. En Colombia, por ejemplo, la inflación
se disparó en junio desde el 5,37% hasta el 6,07%, pero en este caso la
mayoría de los observadores no espera que el Banco de la República
actúe en el corto plazo porque consideran que la mayor parte del incremento
de los precios se ha producido por el aumento del coste del transporte y los precios
de los alimentos, subidas originadas por choques de oferta. También
hay países que están viendo como los precios bajan. Como en Venezuela
debido a la flexibilización gradual que el Gobierno de Chávez está
aplicando en el sistema de control de cambios. Pero en este caso el punto de partida
es tan alto (entorno al 22%) que no se puede hablar de control de la inflación.
También en Uruguay las cosas parece que van bien. La autoridad monetaria
redujo la inflación esperada para los próximos 12 meses colocándala
en un rango de entre el 6% y el 8%. Sin embargo, los expertos dudan de los pronosticos
y esperan cifras superiores a los pronósticos oficiales. En
cualquier caso, parece que ha comenzado una nueva etapa de política monetaria
en Latinoamérica que se guiará por el ritmo que marque la FED, pero
que estará marcada sobre todo por la capacidad de la región para
controlar las presiones inflacionistas. BSL
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