Viernes 17 de septiembre de 2004

El eterno problema de las cinematográficas es la falta de subvenciones

Aventuras y desventuras del cine español

Por Alberto Miguel Arruti

No resulta fácil definir lo que se entiende bajo el término cine. En parte es un espectáculo, pero también es un arte y una industria que maneja importantes cantidades de dinero. Le han salido fuertes competidores como puede ser el vídeo.

Por otro lado, España, a diferencia de otros países europeos, no ha conseguido tener una industria cinematográfica propia. O si lo ha conseguido, ha sido en fecha muy reciente. Más bien diríamos que lo está consiguiendo. Todo ello no significa que el cine español no cuente con películas muy interesantes. Y eso desde hace ya muchos años.

En este momento, lo que pudiéramos llamar industrias creativas, que comprenden desde la producción cinematográfica y musical hasta las grabaciones discográficas y la fotografía, pueden convertirse en una posibilidad económica para los países en vías de desarrollo, si son capaces de explotar su riqueza cultural. Lo que se ha puesto de manifiesto en fecha reciente en Ginebra, donde se han iniciado los trabajos para la creación de un Foro Internacional de las Industrias Creativas.

Las industrias creativas en ciertos países ene desarrollo, como la India, Egipto y Brasil, contribuyen de manera importante en la expansión de las exportaciones. El valor del cine indio se eleva a 3.500 millones de euros y se puede duplicar hasta el año 2008. En España, el eterno problema del cine es su financiación o dicho con otras palabras, la política de subvenciones.

De momento, las subvenciones se rigen por la llamada Ley Miró, de 1983. Las subvenciones, en un 80%, de un fondo creado al efecto se dedica a las películas, teniendo en cuenta su recaudación en taquilla. El 20% restante se dedica a estimular la producción de películas, que presentan un mayor riesgo y tiene un mayor planteamiento cultural. Todo esto en lo que al Estado se refiere. Pero además, existen otras dos formas de financiación, que son las que ofrecen las televisiones, al tiempo que las salas de proyección. Todo ello se complica con el grave problema de la distribución y de la exportación del material cinematográfico.

Aquí, España tiene mucho camino que recorrer. Por término medio, el coste de una película española es de 2,5 millones de euros y de una francesa es de seis millones. Pese a que el idioma español es hablado por un número mucho mayor de personas que el francés, el cine español se exporta con muchas más dificultades que el cine francés. Hacemos todas estas reflexiones en un momento en el que el cine español está cosechando éxitos en los distintos festivales y está produciendo películas, que nada tiene que envidiar a otras extranjeras, incluidas norteamericanas, pues el cine de este país ha gozado siempre de éxitos importantes en España y en general, en todo el mundo.

Es muy difícil saber por qué una determinada película tiene éxito y otra fracasa estando ambas correctamente realizadas y con inversiones más o menos semejantes. La cantidad de factores que influyen es enorme. Muchos de ellos son subjetivos y de muy difícil evaluación. Intervienen las modas, las campañas de publicidad y de relaciones públicas y eso tan etéreo que llamamos la época, es decir, el momento histórico en el que se estrena la película. En un mundo en cambio tan vertiginoso como el actual, resulta muy difícil y muy arriesgado saber lo que puede interesar o gustar a un público determinado. Por eso, la industria cinematográfica es de un alto riesgo para sus posibles inversores.

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