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Viernes 17 de septiembre de 2004
DESDE EL MALECON CON... El zarpazo anticubano de Iván Por
Aurelio Pedroso
Cuando todo parecía haber acabado y las viviendas de la capital cubana comenzaban a desprenderse de cuanto clavo y madera los propietarios encontraron para protegerlas del maldito huracán, el aviso conmovió a los vecinos próximos al Malecón habanero y sus respectivas costas este y oeste: Meteorología alertaba que sobre La Habana venían a toda velocidad una suerte de mini tsunamis (olas gigantes), y era necesario prepararse para una posible penetración del mar en la capital. No se gana para sustos por aquí. La extraña convulsión del huracán Iván, ya lejos en costas estadounidenses, nos enviaba a los capitalinos el aviso de un regalito no deseado que, por fortuna, no fue tan duro como se esperaba y se convirtió en unas olas un poco más rebeldes que de costumbre que se estrellaron, sin más peligro, frente al muro del paseo marítimo. Y de la fortuna es de lo que más se habla en La Habana. Gracias a ella al poderoso meteoro no le dio por entrar a esta capital y provocar uno de los desastres más grandes de la historia. A los vaivenes que sufre la economía cubana, por razones tanto internacionales como locales, habrá que agregar ahora los destrozos provocados periodicamente por estos fenómenos cuando llega la estación fatídica del año. Más de 1.000 millones de dólares en pérdidas dejó el Charley, hace sólo un mes. Ahora Iván comienza a pasar factura. Y debe ser cuantiosa, porque aún las autoridades no han terminado de hacer las correspondientes sumas y multiplicaciones. Los especialistas internacionales en la gestión de catastrofes, como Salvano Briceño, director de la Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres, coinciden en que el ejemplo cubano de protección de vidas (ni un lesionado hasta ahora) y bienes deben ser tenido en cuenta hasta por países más solventes. Nunca mejor dicho aquello que "guerra avisada no mata soldados", máxime cuando en la filosofía cubana un huracán es un "enemigo" al que hay que "combatir". Si será así que los dirigentes estatales se visten de verde oliva para la batalla. Las medidas previas adoptadas impidieron un mal muchas veces mayor. Un increíble plan de evacuación de casi dos millones de personas, por citar un solo ejemplo, que en muchos casos incluyó hasta las mascotas y otros no tanto con esa categoría como cerdos, patos y gallinas. Aún así, las heridas son de consideración. Principalmente en la provincia más afectada, Pinar del Río, a unos 162 km al oeste de La Habana, y que ya comienzan a conocerse. Pinar, la cuna del mejor puro del mundo, según los especialistas, sufrió el derrumbe total de 295 casas de cultivo y unas 10.675 fueron dañadas, al tiempo que unos 120 quintales de la hoja de tabaco resultaron dañados. y, se dice, que una cantidad, incluso más grande, se ha deteriorado de tal forma que no resultará exportable, pero no será desechada: servirá para contentar a lso fumadores de Cuba. La agricultura sufrió daños en 1.772 caballerías (una caballería equivale a unas 13 hectáreas). Cultivos como el plátano y el cítrico (12.000 toneladas en tierra. Un 61% de la cosecha) fueron literalmente exterminados por esa mortífera combinación lluvia-viento. Dos torres de televisión cayeron al suelo y por consiguiente los vecinos de seis municipalidades deberán aguardar unos 10 días para ver su culebrón favorito. En una provincia donde los bosques proliferan (90.000 hectáreas), aún no se ha cuantificado con exactitud el daño a la foresta, pero el delgado provincial de Agricultura, Gonzalo Rodríguez, ya ha advertido de que serán cuantiosos. Sobre las viviendas no se sabe mucho. Al menos un par de pueblos costeros fueron consumidos por las aguas y destrozados por vientos con velocidades superiores a 300 km por hora. Algo muy significativo que debe destacarse es que las casas construidas por el gobierno después del penúltimo huracán quedaron en pie. Los huracanes, además, siempre dejan curiosidades para la historia. Sólo dos para no agotar. El faro de La Bajada, en la Península de Guanahacabibes, la zona de mayor castigo, quedó inmune, sin un rasguño en su estructura, que data nada menos que de 1850. Y en la centro-sur ciudad de Cienfuegos el mar volvió a poner en el aire un añejo proyectil de artillería de un buque norteamericano lanzado contra un navío español de la guerra que todos recordamos. Muy rápido el peritaje. La "bola" emergió del mar y fue a dar contra una vivienda. Otro punto más para pedir una indemnización a los gringos... CBB |
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