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Viernes
17 de septiembre de 2004
A
tres meses de las elecciones municipales, el MNR está en
plena crisis interna
Lozada
regresa al escenario político boliviano
Por
Vanesa Camargo
El
ex presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, sigue
interfiriendo en la política boliviana, o al menos así
lo ha denunciado el ex líder del Movimiento Nacional Revolucionario
(MNR), Javier Campero Paz, quién ha renunciado esta semana
a su cargo. Campero Paz intentaba reestructurar el MNR de cara a
las próximas elecciones municipales de diciembre y cambiar
su estatuto orgánico para despojarle de toda la carga negativa
que lleva arrastrando desde la destitución de Lozada.
Sin embargo, la división interna del partido entre seguidores
y adversarios del ex presidente es cada vez mayor y Campero ha terminado
por dimitir advirtiendo que Lozada dirige a sus incondicionales
desde EEUU, país donde continúa exiliado. Los parlamentarios
María Teresa Paz y Joaquín Monasterios respaldaron
a Campero y añadieron a la argumentación de su líder
que Lozada pretende usar al partido para impedir el juicio en su
contra.
Las declaraciones del ahora ex líder del MNR surgen sólo
unos días después de que Sánchez de Lozada
volviese a aparecer en la escena boliviana. En un programa de televisión,
el ex mandatario recordó los hechos que provocaron su destitución
para declararse inocente de cualquier responsabilidad y pedir una
investigación a "todos los actores que intervinieron"
en la denominada Guerra del Gas que tuvo lugar en octubre de 2003.
Muchos han visto en las palabras de Lozada el inicio de una campaña
para culpabilizar y desprestigiar a quien fuera su vicepresidente,
el actual mandatario boliviano, Carlos Mesa, quien le retiró
su apoyo días antes de ser destituido.
Las revueltas populares que echaron al presidente explotaron hace
un año con la cuestión de la exportación del
gas boliviano como detonante. La política energética
de Lozada consistía en vender gas a cualquier país,
ya fuera México, EEUU, Paraguay o incluso Chile, el peor
enemigo de Bolivia por su eterna negativa a concederle una salida
soberana al Océano Pacífico. Por supuesto, las grandes
beneficiadas de tales exportaciones eran las petroleras extranjeras,
que disponían a su antojo de los recursos energéticos
de Bolivia, la segunda mayor reserva de América Latina, después
de Venezuela.
Todos los gremios laborales, colectivos sociales y partidos de izquierda
vieron en esta política toda una estructura socioeconómica
de exclusión e injusticia. Comenzaron las huelgas por la
desconfianza en que los ingresos de las exportaciones de gas revertieran
en todos los bolivianos. Una serie de enfrentamientos entre civiles
y policía acabaron con un saldo de más de 60 muertos
y varios centenares de heridos. Y el 17 de octubre de 2003, después
de una multitudinaria concentración en La Paz por parte de
todos los sectores civiles, Sánchez de Lozada se vio obligado
a dimitir y huyó a Miami.
Carlos Mesa se erigió nuevo presidente en medio de la algarabía
popular. Mesa prometió un referéndum que decidiera
el destino de los hidrocarburos, asumió la necesidad de lanzar
una Asamblea Constituyente y solicitó a los legisladores
sopesar la posibilidad de convocar elecciones generales anticipadas.
Todo lo que el pueblo le pedía.
Ahora, Bolivia reclama cada semana que se celebre de una vez por
todas el juicio de responsabilidades contra Gonzalo Sánchez
de Lozada, acusado del asesinato de más de 60 personas en
la Guerra del Gas. Y la sombra de las elecciones anticipadas reaparece
con más fuerza sobre Mesa. Las acusaciones de Lozada y una
oposición con gran incidencia en el pueblo boliviano, el
Movimiento Al Socialismo (MAS), comienzan a desestabilizar al Gobierno,
que incluso se ha puesto en contra a las petroleras que operan en
el país. Estas, a través de su órgano representante,
la Cámara Boliviana de Hidrocarburos, ha amenazado con salir
de Bolivia en el caso de que se apruebe el nuevo Proyecto de Ley
de Hidrocarburos propuesto por el Ejecutivo y que ahora se debate
en el Congreso.
BLV PLT
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