Viernes 24 de septiembre de 2004

 

El eterno problema de los astilleros

Por Alberto Miguel Arruti
(Madrid)

 

La crisis empieza en 1973, cuando los contratos de nuevos buques cayeron en picado. Once años más tarde, en 1984, el Gobierno, en aquel momento en manos del partido socialista, acometió la reconversión del sector naval. Desde aquella fecha, veinte años han transcurrido y la dimensión del empleo se ha quedado en la cuarta parte de lo que fue entonces.

Las causas de todo esto, las que se expusieron entonces y las que se dicen ahora son más o menos las mismas: exceso de capacidad, ausencia de tecnología propia, inadaptación ante las nuevas exigencias del mercado, etc. Hoy podríamos añadir la competencia feroz de determinados países de Extremo Oriente, como Japón y China y la competencia, en muchos casos desleal, de Corea del Sur. Aquí la práctica del "dumping" es ya una costumbre, mientras que la Organización Mundial de Comercio (OMC) no parece darse por enterada. Al menos, de una manera eficaz. Y España, que fue la tercera potencia mundial en construcción naval, se encuentra ahora en esta penosa situación. Pero los tiempos pasan y no siempre para mejor.

Además, la experiencia enseña que la sola reducción de capacidad no garantiza la supervivencia de las empresas en este sector. Como trasfonde de esta difícil situación, las palabras del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, prometiendo un desenlace justo y conveniente. Pero, probablemente, estas palabras no representen nada más que buenos deseos. Porque los hechos son tozudos y no bastan ni las buenas intenciones, ni los buenos deseos. Por si todo esto fuese poco, como es sabido, en 1986 España ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea, hoy UE.

Y la Unión impuso sus criterios, que consisten en promover la libre competencia y, en consecuencia, prohibir en líneas generales las posibles ayudas del Estado. Por aquello de que "mal de muchos, consuelo de tontos", conviene advertir que la crisis de los astilleros no sólo es española, sino también europea. Quizás, una posible solución podría consistir en la creación de un gigante comunitario en la construcción naval. El pasado mayo se fusionaron los astilleros de Thissen-Krupp con HDW, dos de los grandes europeos. Fue en el año 2000 cuando se fusionó la antigua Astilleros Españoles (AESA) con los astilleros militares de Bazán. En aquel momento, estos últimos eran rentables y AESA había ya perdido 5.000 millones de euros en 20 años.

En aquel momento, el Gobierno creó Izar con un plan, que contemplaba una inversión de 733 millones de euros en cinco años y la entrada en beneficios en 2.003. Ahora, se ha constituido una nueva sociedad, New Izar, para deshacer lo que se hizo en 2000. Esta empresa gestionará los astilleros de Ferrol, Cartagena, Puerto Real y Cádiz, que son los más rentables. Los restantes, Fene, Juliana, Sestao, Sevilla, San Fernando y Manises permanecerán en la antigua Izar y deberán buscar capital privado para sobrevivir. Parece que algunas entidades bancarias han mostrado interés en estos astilleros. De no encontrarse comprador, el fantasma del cierre se cierne sobre ellos.

En los años 60, España era una potencia en la construcción naval. Pero hay que tener presente que los salarios eran en nuestro país mucho más bajos que en los posibles competidores y además, se contaba con las ayudas públicas, que se han dado hasta la fecha, como lo prueban los recientes problemas que, en este sentido, ha tenido España con Bruselas.

ESP

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