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Viernes 24 de septiembre de 2004
DESDE EL MALECON CON... Este "paradisíaco" Caribe Por
Aurelio Pedroso
Con el peso de los años más otras cargas que se le vienen a uno encima, de repente comenzamos a refunfuñar y a soltar a diestra y siniestra aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Con razón o sin ella es que nos estamos poniendo viejos. Antes se notaba una solidaridad más trasparente y menos interesada de cara a los pueblos sumidos en catástrofes. Ahora las grandes ayudas para los más necesitados parecen venir condicionadas por intereses políticos, económicos o empresariales. Esto, si es que al final llegan. Y no me refiero a esos gestos de gente común que se desprenden de un par de zapatos aún utilizables y con ya marcado destino a un basurero, que luego deviene preciado objeto dentro de una bolsa camino de una aldea africana., sino todo lo contrario, de lo que se trata es de esos poderosos quienes pueden y deben hacer algo y no hacen nada. Hasta no hace mucho tiempo, el Caribe era una de los primeros destinos turísticos del mundo. Lindo el Caribe con sus playas, sus gentes, sus copas, sus mujeres, sus paisajes... Horroroso en estos días en que no sale de un huracán para entrar en otro. Más de 700 muertos en Gonaives, Haití, y unas 250 000 personas sin hogar sólo por las torrenciales lluvias de la tormenta tropical Jeanne. Y no sumemos los desastres provocados por el Charlie o el Iván. Cuatro camiones y una ambulancia es lo que hasta ahora ha enviado una Cruz Roja, sea la internacional, la de la Media Luna o la Luna completa a esas pobres gentes de Haití. Y si repasamos la ayuda humanitaria recibida en tan sólo un mes en cualesquiera de las islas del Caribe afectadas la podríamos convertir en el chiste de turno en el género de humor negro. La
conclusión no puede ser más penosa: al Caribe a invertir
y a joder la papeleta. Y ante la desgracia, que el Señor se apiade
de ellos, los pobrecitos. |
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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