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Viernes
1 de octubre de 2004
La
fijación de Kirchner en sacar adelante el canje de deuda
interfiere en los planes de los gobernadores
Las
provincias se distancian del Gobierno central
Por
Americaeconomica.com
El
presidente Kirchner y todo su gabinete está volcado en que
sus planes para reestructurar la deuda en suspensión de pagos
salgan adelante con éxito y sin varias un ápice su
oferta. Este empeño le ha enfrentado a los acreedores y al
FMI, una pelea que ha comenzado a afectar a las provincias. El
gobernador peronista de la región de Mendoza, Julio Cobos,
recibió con sorpresa la decisión de un juez de EEUU
que bloqueó esta semana su oferta de reestructuración
de la deuda a petición de Hans Hume, uno de los hombres del
grupo de bonistas del Comité Global que más hostigan
a la Administración argentina para conseguir una mejora en
las condiciones del canje de bonos en default. Cobos ha
anunciado que a pesar de todo seguirá adelante con sus planes.
También por libre parece ir José Manuel de la Sota.
El gobernador de la provincia de Córdoba parece que ha optado
por negociar al margen del gobierno central con los organismos internacionales.
El juez neoyorquino
Harold Baer decidió bloquear de forma preventiva el canje
de deuda de la provincia de Mendoza a petición del fondo
Greylock Capital Management que dirige Hans Humes, el mismo que
se ha convertido en la pesadilla del Gobierno central a través
del Comité Global, organización que aglutina a un
nutrido grupo de tenedores de bonos argentinos en suspensión
de pagos procedentes de EEUU y otros países.
Humes insiste
en que la Administración Kirchner puede pagar más
en el proceso de reestructuración. Este mismo argumento utiliza
para justificar su rechazo al canje planteado por el gobernador
Julio Cobos. En declaraciones a la prensa argentina, Hans Humes
asegura que "Mendoza puede pagar el 100% de sus obligaciones
por su riqueza productiva y su capacidad de recaudación".
La oferta de
canje realizada en esta provincia se lanzó en el pasado mes
de julio para reestructurar los bonos aconcagua (por valor de 250
millones de dólares), que son títulos emitidos en
dólares con amortización inicial en 2007 y con un
tipo de interés semestral del 10% anual. Los nuevos títulos
que se prepararon para el canje no plantean una quita sobre el valor
del bono original pero sí un alargamiento de los plazos hasta
el 2018 y un cupón del 5,5% anual. Para concretar la propuesta
la provincia estipuló que se debía alcanzar una aceptación
del 70% de sus acreedores, pero finalmente tuvo que bajar este porcentaje
hasta el 50% por la falta de aceptación de los bonistas.
El gobernador
Julio Cobos ha anunciado que, a pesar de todo, seguirá adelante
con su plan y efectuará el 20 de octubre el cupón
establecido (12,5 millones de dólares). Los pagos se realizarán
en Luxemburgo, donde cotiza el bono, o en Buenos Aires en el caso
de que no se pueda realizar en Nueva York. Cobos confía en
que el juez Baer suspenda su decisión tras la audiencia que
se celebrará el próximo 8 de octubre.
El monumental
enfado que tienen los acreedores de Argentina con Kirchner y, sobre
todo la cercanía del lanzamiento del canje de la deuda en
default, ha animado a los bonistas a utilizar todas sus
armas para hacer valer sus argumentos. Por eso no han dudado en
aprovechar la ocasión para presionar, en este caso a través
de la provincia de Mendoza. Se trata de una advertencia de lo que
puede pasar en caso de que el Gobierno central lanza el canje en
las condiciones actuales.
El caso de Córdoba.
No
es la primera vez que las decisiones y problemas de la Administración
central interfieren en los planes de las provincias. Anteriormente,
el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota,
optó por ir por libre a negociar con las organizaciones multilaterales
mientras el Gobierno de Kirchner criticaba al FMI y pedía
posponer las negociaciones para la firma de la tercera revisión
del acuerdo rubricado con el organismo que dirige Rodrigo Rato.
Críticas que, por cierto, se han vuelto a recrudecer esta
semana. Unas horas antes de que Kirchner viajara a Washington para
asistir a la asamblea anual del Fondo, el presidente se mostró
molesto con los negativos comentarios de Rato sobre el proyecto
para regular la explotación de los servicios públicos.
La relación
de Kirchner con los organismos internacionales no conviene a los
planes de algunas provincias. Por eso, el político peronista
José Manuel de la Sota decidió desligarse de la Administración
Central. A mediados de septiembre participó como coordinador
en una Junta de Gobernadores realizada en Washington (EEUU) donde
se reunió con empresarios estadounidenses y directivos del
Banco Mundial (BM). Como resultado de estas gestiones, el BM podría
prestar su ayuda financiera a la provincia para financiar obras
públicas. Curiosamente esta misma semana el presidente del
BM, James Wolfensohn, anunció que no desembolsará
el pago de un crédito de 500 millones de dólares (403
millones de euros) ya otorgados a Argentina hasta que el FMI no
apruebe la tercera revisión del acuerdo cuya negociación
se retrasó hasta principios de 2005.
Empeoran
las relaciones. Las relaciones
entre la Administración Kirchner y los gobiernos provinciales
parece que han empeorado desde que el Gobierno puso en marcha el proceso
de reestructuración de la deuda. Además de los ejemplos
anteriores, existen otros motivos para el distanciamiento. La petición
del director gerente del FMI, Rodrigo Rato, al ministro de Economía,
Roberto Lavagna, para que las provincias mejoren su situación
fiscal y de esta manera facilitar un acuerdo con el organismo ha puesto
nerviosos a los gobernadores.
La
demanda del FMI se apoya en el convencimiento de que los dirigentes
provinciales, especialmente los peronistas, supuestamente más
cerca del partido en el poder, tienen una tendencia crónica
a la desobediencia financiera, una actitud que estaría ligada
a su deseo de permanencia en el poder.
Además
de esta circunstancia, existe otra que muestra de forma más
contundente el progresivo alejamiento de los gobernadores del poder
central. Durante la conmemoración del 28 aniversario del
último golpe de estado de Argentina generó una crisis
en el seno del Partido Justicialista (PJ) cuando el presidente Kirchner
optó por vetar la participación en el acto a algunos
gobernadores de su partido a petición de las Madres de la
Plaza de Mayo, quienes se opusieron a la asistencia de los gobernadores
menemistas. Entre los vetados se encontraba el gobernador de Buenos
Aires, Felipe Solá, quien había invitado al resto
de dirigentes provinciales menemistas.
Este
sector se indignó con la actitud de Kirchner. Solá
aseguró que "estamos convencidos de que el presidente
busca la reconciliación de los argentinos, pero lo que nos
preocupa es que algunos se aprovechen de esta etapa de verdad y
justicia para volver a sembrar divisiones en el país".
Problemas
con los municipios. Los municipios también están
revueltos. Mientras el Gobierno está volcado en su negociación
internacional, los 570 municipios de todo el país se han
unificado para reclamar la pesificación de sus deudas, pasivos
que suman 480 millones de dólares (389 millones de euros),
un dinero que es descontado a cada ayuntamiento mediante las cuotas
de coparticipación establecidas con las provincias.
Los
alcaldes piden que el Gobierno central se haga cargo de una parte
de la diferencia surgida entre el precio actual del dólar
y el valor que tenían cuando contrajeron las deudas con los
organismos multilaterales (un dólar=un peso). De esta manera
pretenden dar una alegría a sus cuentas financieras muy mermados
por los mencionados descuentos ejecutados por los gobiernos provinciales.
Mientras
esto ocurre en el frente interno, en el externo parece que las cosas
comienzan a salir bien. La Comisión Nacional de Valores de
EEUU (SEC) ya ha aprobado los documentos para el lanzamiento del
canje. Sólo falta otro trámite, presentar los detalles
de la oferta, para que comience el proceso. Algo que se hará
la semana que viene. Los acreedores internacionales siguen rechazando
el plan de reestructuración de Kirchner, pero esta semana
el Gobierno ha logrado un acuerdo con las gestoras de pensiones
privadas (AFJP) para que se adhieran a la propuesta, un triunfo
que el Ejecutivo espera que haga reflexionar a otros bonistas domésticos,
y también extranjeros. Las AFJP tienen en su cartera el 20%
de los títulos en suspensión de pagos.
RGT
PLT
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