Viernes 1 de octubre de 2004

 

Parlamentarios republicanos empiezan a exigir cambios

Cruzada contra las agencias de rating en EEUU

Por Americaeconomica.com

Para algunos congresistas, tanto republicanos como demócratas, la regulación del oscuro mundo de las agencias de rating es aún un asunto pendiente. Quizá el único tema que no se ha abordado en profundidad, cuando el caso Enron, primero, y los numerosos escándalos corporativos que vinieron después obligaron al mundo político de EEUU a limpiar su mundo financiero.

Los políticos norteamericanos se vieron forzados a introducir cambios por las minusvalías cosechadas por una población que había apostado por la bolsa en la gloriosa segunda mitad de los noventa, para encontrarse con que aquella supuesta élite de altos ejecutivos se había dedicado, fundamentalmente, a aumentar su patrimonio personal practicando la estafa de altos vuelos.

Aunque hayan cambiado muy pocas cosas en estos años, casi todo ha sido puesto en revisión, excepto quizá las agencias de rating, que apenas han sentido los temblores del terremoto.

Un sector demasiado poderoso. Moody's, Standard & Poor's (S&P) y Fitch siguen fijando por medio de su sistema de letras, el coste del endeudamiento de municipios, federaciones, empresas y naciones, como si no hubieran tenido una participación activa en la última gran estafa del siglo XX.

En 2001, la SEC, el supervisor de los mercados de Wall Street, inició una investigación, a petición del Congreso, sobre las normas que rigen el sector pero casi tres años después ni se han presentado conclusiones, ni se han forzado cambios en la regulación.

La cruzada de Baker. El congresista republicano Richard Baker ha asegurado a The New York Times que se sentía frustrado ante la falta de avances.

No hay controles, no se conocen los criterios que se aplican, ni se interviene en el creciente negocio de asesoramiento, que ya supone, según algunos cálculos, casi un 20% de los ingresos de estas compañías, que desarrollan planificando las fórmulas para realizar las emisiones, a cambio de suministrar una letra que haga apetecible para los inversores comprar el papel que se pondrá a la venta en el mercado.

Sin contar con la muy extendida costumbre de cobrar a las empresas por haber calificado su deuda, sin que los interesados lo soliciten. La SEC ha fallado, dice Baker. Y asegura que existe una mayoría bipartidista suficiente para introducir, no más allá de la próxima primavera, una ley que regule la actividad de las agencias de rating.

Con independencia de la identidad del ganador de las elecciones presidenciales de noviembre. Un texto en el que la opción más probable es que la SEC pierda su poder de supervisión sobre el sector a favor de la Reserva Federal estadounidense (FED).

Ante la amenaza, la SEC ha hecho público un comunicado en el que se asegura que tendrán elaborada una propuesta de regulación antes de que acabe el año. Y las agencias de rating esperan que sea así. Aunque no quieren hablar mucho del asunto, se dice que no les hace mucha gracia que los chicos de Alan Greenspan es hagan cargo del sector.

   

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