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Viernes
1 de octubre de 2004

La
recientemente fallecida escritora Françoise Sagan provocó
un escándalo en Francia con su primera novela
Bonjour
Tristesse
Por
Alberto Miguel Arruti
Hace tan sólo
unos días que murió la escritora Françoise
Sagan en la localidad normanda de Honfleur, a los 69 años.
Su primera novela, "Bonjour Tristesse", escandalizó
a aquella Europa recién salida de la Segunda Guerra Mundial.
Por ser menor de edad no pudo firmar el contrato con su editor,
Robert Laffont, y lo tuvo que hacer su padre. Pero al leer la novela,
el padre se escandalizó y le pidió que adoptara un
seudónimo, que fue el de Sagan, en lugar de su verdadero
apellido, que era Quoirez y así ha pasado a la historia de
la literatura.
Era aquella Francia de la guerra de Corea y de Indochina, de la
caída de Dien Bien Phou en manos de los insurgentes, del
general De Castries y de la célebre enfermera, el ángel
de Dien Bien Phou, de Mendes France, de Sartre, de Camus y de los
existencialistas en las calles de París.
Una
muchachita de unos 17 años, casi una niña, vacaciones
en la Costa Azul, sol tórrido, bikinis, whiskies, un joven
inglés bronceado, Cyiril, muy pronto amante de la muchacha.
Esta es Cécile, de "Bonjour Tristesse", que antes
había estado durante diez años en un internado religioso.
Su padre, viudo, de cuarenta años, tenía y había
tenido multitud de amantes. Este es el panorama de la novela. En
el fondo una radiografía del aburrimiento. Sin drama, sin
pasiones, sólo son juegos de una sociedad burguesa y acomodada.
La protagonista tiene que preparar un examen. Estudia a Proust y
a Bergson. También la obra de Proust es una descripción
de la burguesía francesa. Que existen analogías entre
Proust y la Sagan es evidente. No así con Bergson. El filósofo
judío, cuya aproximación al catolicismo fue tan grande
que muchos le consideraron prácticamente católico,
distinguió entre el placer y la alegría. Con sólo
el placer se puede estar triste. Y esto les pasa a los personajes
de la Sagan. Pero Cécile debe estudiar "para ese examen
que le importa un bledo".
Más
tarde escribió "Una cierta sonrisa" y después
"En un mes, en un año". Alguna de sus novelas se
llevó al cine. Pero su carrera de escritora tiene como momento
crucial la publicación de su primera novela. Por la época,
por el mundo que describió, por ser mujer la autora y además
adolescente, la obra levantó un repertorio de polémicas.
Más bien fue condenada. Pero todo ello le dio un éxito
editorial y los ejemplares se vendieron por miles. Hoy la novela
más que un texto literario, sabe a una época que ha
pasado definitivamente, pero muchos de los que todavía vivimos
la hemos conocido. Los entonces jóvenes fueron los que protagonizaron
el "Mayo francés" del 68. Los de hoy, o han muerto,
o se encuentran refugiados, como burgueses acomodados, en distintos
cargos opuestos, a veces, en los llamados partidos verdes. Aquellos
pasquines "La imaginación al poder", "Prohibido
prohibir" o "Después del napalm , ya no hay nada
obsceno", vienen a la memoria como un recuerdo de tiempos distintos,
pero que sería injusto calificar como más felices
o más desgraciados. Pero fundamentalmente distintos.
Todos
estos años se vivieron con el peligro, con la amenaza de
una Tercera Guerra Mundial. El mundo era bipolar. Por un lado, EEUU.
Por otro, la Unión Soviética. La caída del
Muro de Berlín significó el fin de esta época.
Y Fukuyama profetizó el fin de la Historia. Un mundo en paz,
dirigido por un capitalismo democrático. En seguida, estalló
la guerra en Yugoslavia. Después vino el 11 de septiembre.
Más tarde, el 11 de marzo. En definitiva, como escribió
Carl Schmidt, la guerra es una constante humana que aparece bajo
distintas formas. Y en este momento, aparece bajo la forma de terrorismo.
EUR
TRC
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