Viernes 1 de octubre de 2004

 

DESDE EL MALECON CON...

Señor Presidente

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

Señor Presidente, ahí está mi padre, un cubano postrado en una cama, viviendo los últimos días de su vida. Tipo duro el viejo. Fue un campesino que pudo doctorarse en Farmacia en la Universidad de La Habana durante aquel capitalismo desalmado. A pesar de vivir lo que se dice bien y darle educación a sus hijos en la escuela de los Hermanos Maristas, se enredó en trajines conspirativos para derrocar al tirano Fulgencio Batista Y no vendiendo bonos del Movimiento 26 de Julio, Presidente, como suele aparecer en las biografías de muchos revolucionarios, sino moviendo armas, ocultándolas en casa y protegiendo heridos. Durísimo el viejo. Ah, y le aclaro esto de los bonos porque, como decía, resulta que todos "vendieron" y ninguno compró.

Tal parece que los compradores luego se largaron del país con los asomos de socialismo y nunca tuvieron que hacer autobiografías, tal vez sí currículos. Pues al asunto. Sabido es que los presidentes no leen mensajes largos y a veces ni cortos. Se me está yendo el viejo, es lo que pasa. No quiere llegar a los 85, me parece. Le diría que le aquejan unas descomposiciones incontrolables.¿Y sabe que no hay pañales desechables, ni tan siquiera gasa antiséptica? ¿Y sabe usted que mi hermano, que vive en Miami, no le puede enviar más dinero porque las remesas están reguladas? ¿Le suena eso, Presidente?

La dictadura a la que combatió a riesgo de su vida, enfrentando al temible y asesino patae'ganso parece estar pasándole la cuenta a un hombre en todo el sentido de la palabra. Sus compañeros de lucha... tienen otras obligaciones. Un par de ellos se preocupan pero les resulta imposible vérselas con los pañales desechables o la gasa. Ya son varias las piezas de cama que hemos debido enviar directamente a la basura. Vaya final para un tipo bien duro. Suerte que ni cuenta puede darse.

Cuando logramos que se siente, metemos la almohada dentro de una bolsa de nylon que anuncia "variadas ofertas". No se conduela, Presidente, usted que busca una Cuba mejor sin el consentimiento de los cubanos. Se compran cuatro o cinco frazadas para limpiar el suelo, Se recortan y se obtienen los famosos pañales desechables con capacidad de absorción, señor Presidente, que así somos de ingeniosos.

Tanto, que durante una época, beberse una cerveza fría constituía todo un acto clandestino, con seña y contraseña incluidas, ante la puerta de un hogar y a alguien suspicaz se le ocurrió ofrecer pedazos de frazadas empanadas, como los filetes de vaca. Mi viejo nunca los comió. Estaba en lo suyo. Vaya utilidad la que damos a las cosas. Y también a los hombres, señor Presidente.



CBB PLT

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