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Viernes
8 de octubre de 2004
Hay
voces que defienden no remover ni una sola fosa si se desea la reconciliación
nacional
Argentina
ajusta cuentas con su pasado
Por
Luis Méndez Asensio*
Encargado
de investigar las violaciones de derechos humanos durante los aciagos
años de la dictadura militar en el Cono Sur, el fiscal argentino
Eduardo Freiler acaba de estar en España buscando información
que le permita apuntalar todavía más los sumarios
que se trae entre manos.
Es un jurista muy considerado en su país, aunque genere el
rechazo de quienes se sienten perseguidos por su comportamiento
criminal después de beneficiarse de una amnistía tan
injusta como improcedente. Por ello, Freiler se empeña desde
hace años en reescribir la última historia de Argentina,
la que compete a las víctimas de los abusos militares que
se cometieron entre 1976 y 1983 bajo las directrices de una doctrina
de seguridad nacional que se alimentaba de un feroz anticomunismo
y por la que el Estado visualizaba como enemigos a todos los que
cuestionaran, tímida o abiertamente, el orden social establecido
por los mismos que arruinaron el régimen democrático.
En
pocos países como en Argentina, el ajuste de cuentas con
el pasado cobra una dimensión tan compleja y tan dramática,
no sólo por las cuantiosas atrocidades cometidas allá
sino por el elevado número de actores que figuraron en el
reparto. Para Freiler, este ajuste de cuentas sigue siendo necesario,
aunque haya voces que defiendan que no hay que remover una sola
fosa si se desea realmente la reconciliación.
Se
trata más bien de aplicar rigurosamente la justicia. Soy
de los que piensan que tenemos que mirar al pasado si queremos ver
el futuro. Me resulta inconcebible que en una democracia o en un
Estado de Derecho no se aplique la justicia, a fondo. Y tampoco
podemos construir el futuro sobre heridas que continúan abiertas
debido a una represión generalizada, que provocó la
muerte y el exilio de miles de compatriotas, asegura este
fiscal que se encarga de investigar las violaciones de derechos
humanos ocurridas en la circunscripción que se conoce como
Primer Cuerpo de Ejército y que comprende la capital federal
y las provincias de Buenos Aires y La Pampa, donde funcionaban varios
de los centros clandestinos de detención que se levantaron
por doquier durante el apagón democrático.
Lo
que buscamos con esta investigación es una responsabilidad
horizontal. No estamos ante acciones individuales, tal como se defendía
en el pasado. Nosotros creemos que existen responsabilidades criminales
compartidas, advierte Freiler para poner en evidencia que
los secuestros, las torturas y el genocidio formaron parte de una
política deliberada, sistemática, que tenía
su cara más visible en la Junta Militar y en los mandos más
significados, pero que involucró también al conjunto
de los aparatos del Estado y a una parte sustancial de la ciudadanía.
Nunca
ha resultado fácil superar un trauma; mucho menos cuando
éste afecta a todo un colectivo. Pero desde luego, lo que
no procede en ningún caso es soslayar lo ocurrido o minimizar
sus consecuencias.
En
España, la manipulación de los orígenes de
la guerra civil y el olvido de las represalias consiguientes se
impusieron desde las alturas. Primero, por la fuerza de una dictadura;
y después, en aras de una transición pacífica
hacia la democracia de la que queda mucho por inventariar.
Recién
ahora se empieza a rescatar la memoria de una época tan vital
como funesta, que habrá que digerir debidamente, sin que
ello signifique relativizar la barbarie de quienes en 1936 se alzaron
en armas contra un régimen libremente elegido, ni repartir
por igual culpabilidades entre los contendientes, como se ha intentado
hacer desde muy distintos foros, incluso desde la buena literatura,
a despecho de la historia y de la dignidad de los vencidos.
No
hay víctimas sin victimarios. En Argentina lo saben muy bien;
y, por ello, gentes como Freiler están empeñadas en
que regrese al país la justicia. Sin revanchas, pero también
sin concesiones.Luis Méndez Asensio
* Periodista
y escritor de la Agencia de Información Solidaria
(AIS).
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