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Viernes
8 de octubre de 2004
La
patronal asegura que no puede ofrecer más
La
huelga de los trabajadores brasileños de banca se enquista
Por
Gema Velasco
Los
trabajadores del sector bancario de Brasil han convertido su huelga
en demanda de mejoras salariales en la más larga desde hace
13 años. Llevan ya 24 días bloqueando el acceso a
sucursales diseminadas por todo el país, movimientos que
han comenzado a hacer mella en el comercio y el consumo. El fin
del conflicto no se atisba, de momento. Fuentes del sector bancario
han asegurado a Americaeconomica.com que todo depende de
que los sindicatos acepten su propuesta, "nosotros no estamos
en condiciones de ofrecer mejoras superiores a las planteadas",
aseguran. Y los trabajadores no parecen dispuestos a ceder, aunque
desde algunos ámbitos se advierte que "los huelguistas
pierden fuerza día a día".
Esa
es la baza que parece que está jugando la patronal. Esperar
a que los trabajadores se cansen. No es una mala estrategia; los
sindicatos ya han comenzado a dar muestras de agotamiento y desunión.
Hace una semana optaron por rebajar sus demandas y aceptar un aumento
salarial del 19% frente al 25% reivindicado en un principio, aunque
a lo que no renunciaron fue a un extra de 1.500 reales (430 euros)
y a una participación en los beneficios.
Además,
también comienzan a percibirse tensiones entre los propios
sindicatos. Una muestra de ello es el hecho de que esta misma semana
representantes de la Oposición Bancaria de Brasilia (OBB),
integrada por militantes contrarios a la Central Unica de los Trabajadores
(CUT), la principal central obrera del país, decidieron ir
por su cuenta y solicitar al Gobierno la intervención del
Ministerio de Trabajo. De momento, no ha habido respuesta.
La
patronal. Mientras
tanto, la patronal no se mueve un ápice de su primera propuesta,
la que presentó el 8 de septiembre y que dio origen al conflicto.
Aunque la huelga estalló el 15 de septiembre, sindicatos
y banqueros llevaban semanas negociando las condiciones salariales
de los empleados del sector.
Esas
conversaciones culminaron en una reunión que se produjo exactamente
hace un mes entre la Federación Nacional Bancaria (Fenaban)
y las organizaciones gremiales Confederación Naciones de
Trabajadores de Establecimientos de Crédito (Contec) y la
Ejecutiva Nacional de la Confederación Nacional de Bancarios/Central
Unica de los Trabajadores (CNB/CUT). En esa reunión, los
banqueros presentaron su propuesta.
Los bancos
ofrecieron un reajuste salarial del 8,5% más un plus de 30
reales (8,6 euros) para los trabajadores que ganen hasta 1.500
reales (430 euros), lo que en este caso implicaría un aumento
del 12,77%. Además, propusieron conceder una retribución
en especie de 217 reales (62,2 euros) y una paga de beneficios igual
al 80% del salario más 70,5 reales (20,2 euros), pero con un
límite de 510 reales (146 euros), es decir entre el 5% y el
15% del beneficio líquido del ejercicio 2004.
Esa
propuesta, por difícil que parezca creer ahora, fue consensuada
con los líderes sindicales que participaron en la negociación.
Pero éstos presentaron la oferta a sus bases en asambleas
realizadas entre el 13 y el 15 de septiembre y parece que allí
el plan de la patronal no tuvo tanto éxito. La oferta fue
rechazada en las capitales y en las grandes provincias, a pesar
de que fue defendida por un sindicato tan importante como el de
sindicato bancario de Sao Paolo, donde se concentra casi una cuarta
parte de los 400.000 empleados bancarios. Este
hecho pone de manifiesto que en Brasil, las bases están más
radicalizadas que sus propios dirigentes, y que la política
socialdemócrata de Lula no llega del todo a cuajar entre
los trabajadores.
Y
entonces llegó la huelga. Durante todo este proceso,
la patronal no ha cambiado su postura. Se ha limitado a insistir
una y otra vez en las bondades de su plan, mientras los sindicatos
se desesperan y las negociaciones permanecen bloqueadas. A juzgar
por la posición de los banqueros, sólo volverían
a sentarse a hablar si los trabajadores aceptan discutir sobre los
componentes de la propuesta, pero en ningún caso "podemos
negociar nada que suponga que el resultado final sea un incremento
salarial superior al 8,5%", han declarado fuentes de la patronal.
De
momento, así está el asunto. Fuentes de uno y otro
bando aseguran que tal y como se encuentras las cosas no tienen
"ni idea de cuando puede acabar el conflicto". Ni cómo.
Algunas organizaciones gremiales, como el Sindicato de Bancos de
Brasilia, ha advertido que a partir de ahora su estrategia será
establecer piquetes en las sucursales en las que no hay una presencia
"contundente" de huelguistas. Una fuente de una de estas
entidades todavía no afectada por las movilizaciones ha asegurado
a este diario que, de momento, no han tenido ningún problema
para trabajar con normalidad.
Pero
hay muchas firmas que sí están expuestas a los bloqueos
de los trabajadores. Por este motivo, mientras esperan el desenlace
del conflicto, los bancos, asesoradas por Fenaban, han optado por
recurrir a la vía judicial para garantizar la apertura de
sucursales y los centros administrativos de los bancos.
Los
comerciantes, preocupados. La
semi paralización del sector financiero ha comenzado a tener
repercusiones en la economía del país. El consumo
está bajando y los comerciantes han comenzado a dar la voz
de alarma. En un principio se pensó que la banca electrónica
permitiría sobrellevar la situación sin demasiados
disgustos. Por eso, hasta ahora nadie se ha quejado. Pero la situación
se complica y, además, se acerca el Día del Niño,
una fecha de mucha tradición consumista en Brasil, casi como
en Navidades. Sin embargo, este año las cuentas no salen.
La
Asociación Comercial de Sao Paolo (ACSP) advierte que el
ritmo de crecimiento que se está registrando en la verificación
de cheques a penas llega al 1%, mientras que lo normal en estas fechas
es del 5%. Los sectores más afectados en el comercio, según
esta organización, son aquellos en los que el dinero en efectivo
es el principal medio de pago. Es decir, los pequeños centros
de distribución.
También
en otras regiones la situación se está complicando
para este sector. Según la Asociación Comercial de
Río de Janeiro (ACRJ), las ventas podrían caer este
mes un 9%, unos descensos que, advierten, se agravarán si
la huelga continúa. En Puerto Alegre, la situación
aún es más complicada. La reducción del consumo
ya se cifra en el 25%.
Quizá
al Gobierno de Lula no le quede más remedio que intervenir
en el asunto. La huelga podría estropear la evolución
de alguna de las variables macroeconómicas del país
en las que el presidente brasileño se ha apoyado para ganar
en las elecciones primarias municipales y que le deben seguir sirviendo
para enfrentarse a las secundarias, más aún si pierde
en Sao Paolo. Sólo la economía (su buena evolución),
según fuentes financieras, podrá hacer olvidar a sus
votantes un fiasco en la capital financiera del país. Además,
la presión de los bancos extranjeros también puede
obligarle a actuar. La principal entidad privada del país,
Banespa, está en manos del grupo español Santander.
Más suerte tiene (en este momento) su colega y rival, el
BBVA, que salió de Brasil un poco de después de que
Lula entrara en el Palacio de Plantao.
BSL BYS
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