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Viernes 8 de octubre de 2004
DESDE EL MALECON CON... Cuba a media luz Por
Aurelio Pedroso
Mucho se ha hablado y escrito en estos días acerca de la severa crisis que sufre Cuba como consecuencia de unas averías en el sistema electro-energético nacional que dejaron por sentado una cruda realidad: que tal sistema era tan vulnerable como insuficiente. La seriedad del asunto ha ido esta vez más allá de los ya conocidos "apagones" para trascender, como es conocido, en un grupo de medidas emergentes que incluyen reducciones de las jornadas laboral y escolar en media hora; cierre de 118 industrias (por un mes según las autoridades) y disminución del alumbrado de seguridad, entre otras. Algunos hoteles han debido cerrar sus puertas tanto en la ciudad de la Habana como el balneario de Varadero. Ahí está el carismático "Habana Riviera" emulando en silencio y oscuridad al camposanto local. A buen entendedor, con pocas palabras bastan: la principal fuente de ingresos del país clama por algo en lo que muchos no habían pensado: electricidad. Vaya, que el asunto ahora no es captar turistas, sino ver de qué forma los alumbramos. Sacar prácticamente de donde no hay, debe ser el atolladero de quienes tienen la responsabilidad de normalizar una situación general (económica, social, política y hasta tecnológica) que precisa más que de voluntad, de suficiencia monetaria. Y de esto último, la isla no está en sus mejores momentos por diversas razones internas y, fundamentalmente, externas entre las que descolla el bloqueo económico, financiero y comercial decretado por Washington hace más de cuatro décadas. Tiempos muy serios se aproximan. Este verano será como para recordar por cortes tan inesperados como kilométricos. Cuatro o cinco meses sin que la población conociese a ciencia cierta qué estaba ocurriendo con el interruptor de la casa hasta que la máxima dirigencia del país tomara cartas en el tema la pasada semana. A las puertas del cálido invierno caribeño sólo nos queda la esperanza de solucionar la crisis al menos para comenzar el año 2005 con otras preocupaciones. Y no porque precisemos de un sistema de calefacción, sino porque aquí la gente lo que desea es simple y llanamente: luz. Luz,
no emitida desde el púlpito de una iglesia como tampoco aquella
originada por las caracolas de un babalao. Luz proveniente de una central
generadora. |
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