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Viernes
15 de octubre de 2004
Brasil
pretende que el 80'% de los ordenadores comprados en 2005 tengan
software abierto
Lula
y Kirchner se alían para frenar a Bill Gates en Latinoamérica
Por
Oscar Gutiérrez*
Octubre ha sido el mes elegido por los agentes de venta del magnate
de la informática Bill Gates para comercializar Windows
XP Edition Starter en las tiendas de software
de Malasia, Tailandia e Indonesia. Una versión de bajo coste
del sistema operativo que alimenta el 90 por ciento de los ordenadores
del mundo, 350 millones de usuarios repartidos de Sillicon Valley,
domicilio del gigante Microsoft, hasta la capital tailandesa Bangkok.
Objetivo: frenar la difusión del software libre por
el continente asiático tras el impulso dado por el Día
Mundial del software Libre, celebrado el pasado 28
de agosto. Objetivo también: evitar iniciativas como la promovida
el pasado mes por los tres países tecnológicos más
importantes de Asia, Japón, Corea del Sur y China para el
desarrollo de un sistema operativo basado en el software
libre.
Software como Linux (lo utilizan Google, Disney y
Pixar), el del pingüino en su cabecera, el más popular
y alternativa natural a Windows; o también el procesador
de textos OpenOffice o el navegador Mozilla. Libres porque alimentan
una filosofía basada en cuatro libertades: la de usar el
programa con cualquier propósito; la de estudiar cómo
funciona el programa y adaptarlo a las necesidades del usuario;
la de distribuir o vender copias, mejorando el programa y haciendo
públicos esos cambios para que toda la sociedad se beneficie.
Todo esto con un requisito: que el código fuente del programa,
el lenguaje en el que está escrito, esté abierto y
sea accesible.
Pero no sólo se extiende por Asia. Sobre todo lo hace por
América Latina, lejos de donde el finlandés Linus
Torvalds colocó por primera vez un sistema operativo libre
en la red. Es Brasil, precisamente, uno de los países a la
vanguardia en el uso de software libre. Es una de las banderas
políticas del Gobierno de Lula da Silva que pretende que,
el próximo año, el 80% de los ordenadores comprados
por el Estado se alimenten de este software de código
abierto. Un intento, en palabras del Gobierno, de democratizar el
acceso a la tecnología con la intención de que 17
millones de brasileños la tengan a su alcance. Hoy son ya
60 las alcaldías que utilizan este tipo de programas y 2.500
los dólares (2.018 euros) que se ahorra Brasil por cada 10
ordenadores que usan Linux, según datos de la revista PC
News.
El Cono Sur es tierra abonada para el software sin
dueño. Argentina también. A principios de este
año, el Gobierno de Néstor Kichner anunció
que todos los ordenadores del Gobierno nacional tendrán en
el plazo de cinco años como sistema operativo el software
Linux. Iniciativa similar si viajamos hasta Venezuela o Perú.
Y también si lo hacemos hasta Afganistán, donde EEUU
no gobierna en la paz como tampoco lo hace uno de sus baluartes,
Microsoft. Pierde la batalla contra Linux apoyado incluso por el
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el terreno
para facilitar la tecnología a los afganos. Tecnología
abierta a sus necesidades, abierta a la autogestión, a que
sean ellos los que la manipulen, desatando la dependencia del software
propietario controlado por Microsoft.
Porque ese es el objetivo del software libre, desatarse de
la dependencia de unos laboratorios localizados en la Costa Oeste
de EEUU, de la dependencia de una tecnología encarecida en
cada versión del sistema, en cada actualización del
software, y enmarañada con un sinnúmero de
programas sujetos los unos a los otros para su uso. Es un software
propietario, antítesis del desarrollo sostenible y autosostenido
de los países del Sur, más si parten de cero. Dice
a la cadena BBC Ashraf Hasson, uno de miembros destacados del todavía
reducido Grupo Iraquí de Usuarios de Linux, que el software
abierto y libre podría ayudar a sentar una sólida
base en la tecnología del país.
Y lejos
de eso, hoy, los iraquíes empiezan a tener problemas una
vez las copias ilegales de software propietario que han caído
en sus manos, el de Microsoft, han caducado. Lo siguiente hay que
pagarlo.
Y de Irak hasta Nigeria, Sudáfrica, India, Chile, Noruega,
España, Francia y Alemania. Allí también ha
llegado el software libre. Ejemplo en Europa, el del Gobierno
de Munich que está sustituyendo en sus equipos el sistema
Windows por Linux.
Es una apuesta por reducir los costes, por evitar la piratería,
por autogestionar la red informática, por frenar la intromisión
de los hackers, los piratas informáticos, alimentada
por la privacidad. Ya no la hay, lo que existe ahora es libertad
para construir un software, otro tipo de software
posible, al alcance de todos, puente en la división informática
entre mundos, cura para la brecha que hiere al Sur postrado en el
subdesarrollo tecnológico.
* Periodista
de la Agencia de Información Solidaria (AIS).
BSL
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