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Viernes
15 de octubre de 2004
El
infierno de la violencia en Colombia resulta especialmente cruel
con el sexo femenino
El
cuerpo de las mujeres como campo de batalla
Por
Esteban Beltrán*
Hace ya
tiempo que voy a Colombia cada año. La primera vez fue hace
más de una década. Entonces pensé que el infierno
de la violencia había tocado fondo. Fui un ingenuo. El infierno
en Colombia no para de arder y aprendí que no hay fondo posible.
Sólo un abismo que despeña hombres y mujeres por millares
cada año.
Nuestro último
descenso a los infiernos se desarrolla en el cuerpo de miles de
mujeres. Es un terror sin ruido. Los cuerpos de ellas se han convertido
en un campo de batalla entre hombres. Son cuerpos marcados, crímenes
silenciados. Quizá no crea lo que voy describir, pero al
menos pregúntese si todo esto es posible en una democracia,
y sobre todo no lo olvide cuando oiga Colombia.
En los últimos
10 años se han intensificado los informes de ataques que
han incluido violencia sexual contra las mujeres, con el objetivo
de castigar a una población acusada de colaborar con la guerrilla,
de generar terror o de provocar la huida de comunidades enteras
por intereses militares o económicos.
Entre el 1 y
el 7 de mayo de 2003, soldados del Batallón “Navas
Pardo”, adscrito a la Brigada 18 del ejército de Colombia
entraron con brazaletes de grupos paramilitares en las reservas
indígenas en el municipio de Tame, en el departamento de
Arauca. Según lo documentado por Amnistía Internacional,
el 5 de mayo hombres armados violaron y mataron en Parreros a Omaira
Fernández de 16 años. Embarazada, le abrieron el vientre.
“Ante los ojos de todos la abrieron. Los cuerpos de la muchacha
y del bebé fueron lanzados al río”, según
nos pudieron contar.
Hemos conocido
también casos de mutilación con instrumentos cortantes.
Es el caso de “Lidia” (nombre supuesto), que el 24 de
noviembre del 2002 fue secuestrada por seis hombres con brazaletes
de grupos paramilitares en la zona nororiental de Medellín
cuando caminaba por la calle. Se la llevaron en un vehículo,
la presionaron para que confesara que era guerrillera. La violaron
en grupo. Con un cuchillo le hicieron marcas en las piernas, en
los senos y en las nalgas. Vimos el brazo izquierdo, lo tenía
marcado con las siglas AUC de los paramilitares.
La violación
es una advertencia general a la población femenina para que
no se relacionen con lo que consideran adversarios. En un municipio
del departamento del Huila, a mediados del año 2002, una
muchacha fue violada por presuntos miembros de las FARC (el mayor
grupo guerrillero del país), que habían hecho advertencias
a las jóvenes que tenían relaciones o contacto con
miembros del ejército.
Tanto los paramilitares
como la guerrilla tratan de intervenir en las esferas más
íntimas de las mujeres y dictan normas de comportamiento,
fijan horarios, intervienen en conflictos familiares y aplican castigos
corporales. Los castigos por el incumplimiento de estas normas de
conducta incluyen la flagelación, la aplicación de
pegamento en los cabellos, las rapaduras, las mutilaciones o la
desfiguración del rostro y de zonas del cuerpo con ácido
o instrumentos cortantes.
Amnistía
Internacional ha documentado casos de personas ejecutadas por su
orientación sexual, algunos de ellos precedidos de amenazas
de muerte de grupos armados. Lesbianas, gays o enfermos de SIDA
están en el punto de mira de guerrilleros y paramilitares.
Se han ejecutado presuntos portadores de VIH dentro de los grupos
armados ilegales, sin embargo, entre los miembros de las guerrillas
las mujeres seropositivas tienen más probabilidades de ser
ejecutadas que los hombres.
La organización
ha encontrado igualmente a mujeres y niñas en condiciones
de esclavitud, para realizar labores domésticas -incluyendo
servicios sexuales para combatientes-, y ha recogido testimonios
de mujeres y niñas de tan sólo 12 años, pertenecientes
a los dos principales grupos guerrilleros, que son obligadas a abortar
y a utilizar anticonceptivos.
Si ha seguido
leyendo hasta ahora, piense en todas las mujeres que han hablado
por nuestra voz, piense en el valor que se necesita para contar
al mundo lo que ocurre en Colombia. Pregunte al Gobierno de Colombia
por qué nunca encuentra a los culpables que forman parte
de este infierno. Pida cuentas a los guerrilleros, a los gobiernos
del mundo y dígales que no se pueden soportar otros 40 años
de guerra en donde el cuerpo de las mujeres siga siendo utilizado
como campo de batalla.
CLB PLT
* Director
de la Sección Española de Amnistía Internacional.
Agencia de Información Solidaria (AIS).
RGT
PLT
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