Viernes 14 de octubre de 2004

El novelista estaba obsesionado por el pecado del mundo

Graham Greene en su centenario

Por Alberto Miguel Arruti

Se cumple ahora el centenario del nacimiento de Graham Greene. Analizar su obra es, en cierto modo, analizar el turbulento siglo XX que le vio nacer y morir. Hijo de un maestro de escuela, estudiante en Oxford, periodista en el Times y en el Spectator, converso al catolicismo, novelista, viajero por todo el mundo, espía del servicio secreto británico, nada menos que a las órdenes de Kim Philby, el agente doble que trabajaba también para Moscú, a cuya amistad Greene no renunció jamás, son algunos de los aspectos de su controvertida personalidad.

Y ¿cómo es su literatura? De él se ha escrito que es un católico de vida amorosa muy turbulenta y de simpatías socialistas. Greene está obsesionado por el pecado del mundo y su pesimismo crece con su obra. Se encuentra en las antípodas de los mesianismos terrestres, sean políticos o sociales. Moeller ha podido escribir que "las historias contadas por Graham Greene son aparentemente profanas; el novelista no les da jamás ese toque que orienta el tema en un sentido edificante; muchas de sus novelas se leen como relatos policíacos. Su técnica cinematográfica da a los cuadros sucesivos un poder de sugestión incomparable.

Una atmósfera obsesionante se cierne sobre cada libro: el calor húmedo de México, la triste lujuria de Brighton, el Oriente-Exprés lanzado a través de Europa con su carga de destinos bufos o trágicos, la frialdad matemática de Estocolmo, la desnudez ardiente y podrida de Sierra Leona". El odio de Greene aparece contra los que llama "los partidarios del orden", sabiendo que defienden un orden, que es injusto e inmoral. Son los representantes de Satanás en la Tierra. Y el personaje que huye, que llega a su casa preocupado por si ha sido descubierto, así es el protagonista de "El factor humano". Y su Peter Whisky, el cura mexicano, cobarde, alcohólico y pecador, furtivo de la persecución religiosa de su país, pero que al pasar la frontera para asistir al gángster moribundo, cumple un acto de caridad perfecta.

Otra clase de personajes que fascinan a nuestro novelista son los inadaptados. Quizás el personaje más típico sea aquí Luisa, la inglesa que no ha sabido adaptarse a la vida colonial, que ocupa el primer plano en "El fondo del problema". Es una representante de este puritanismo anglosajón, que tanto desprecia Greene. Una mujer falsamente seráfica, que llena las novelas de Thomas Ardí y de Henry James.

Resulta muy difícil resumir la ingente obra de este escritor. Pero después de describir tanta miseria, Greene mantiene siempre la presencia de las tres virtudes teologales, la fe que no es fruto de una aritmética moral, la esperanza, que no es el optimismo y la caridad que no es la filantropía social, como subraya Moeller. Es un nudo sin esperanza humana, cuya única posibilidad de salvación reside en Dios, que nos salva sirviéndose de nuestras debilidades.

Aunque con menos interés, Greene también cultivó el teatro. La problemática es más o menos la misma. Así en "Living Room" describe, a través de las dos solteronas y del sacerdote inválido, el sentimiento de congoja que nuestro escritor había experimentado durante su infancia protestante. En definitiva, Greene es un testigo del siglo XX, con sus guerras mundiales, con sus campos de concentración, con los bombardeos sobre Dresden y Hamburgo, con las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Pero, en el fondo, con "la esperanza contra toda esperanza".

TRC EUR
   

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