Viernes 15 de octubre de 2004

 

DESDE EL MALECON CON...

El Día de la Hispanidad en Cuba

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

Alguien dijo una vez, tal vez para la ocasión y luego resultó que quedó para la historia, que los médicos enterraban sus errores y los periodistas los hacíamos públicos.

Luego, con el tiempo, vino otro menos filosófico, molesto sin duda alguna, más bullanguero y de seguro con copas de por medio ante una multitud y certificó que "al que le sirva el sayón pues que se lo ponga".

Y heme aquí, esta semana, poniéndome un sayón y asumiendo responsabilidades públicas. Desenterrando al muerto para que, autopsia concluida, pague las debidas culpas. No ante los parientes del occiso, sino ante los lectores.

Vayamos al lugar de los hechos, el antiguo y aristocrático Country Club.

Residencia del Excmo. Sr. Embajador de España en Cuba, Carlos Alonso Zaldívar. Martes 12 de octubre, Día de la Hispanidad. Recepción por la efeméride, convocada a celebrar entre las 19:00 y las 21:00 horas. Unas 300 personas (otros colegas, que al parecer contaron mejor, agregaron medio millar más). Comienza la celebración...

Pero antes, un chiste llegado desde Chile, de buen o mal gusto según "el consumidor" como acuñamos aquí oficialmente lo que antes, en el capitalismo, se denominaba "cliente". Al caso, simplemente lector:

Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia.

Controvertida, muy controvertida la celebración de la Embajada española. No la de La Habana, que de por sí lo fue, sino el acontecimiento histórico.

En fin, a lo reciente, al año 2003, cuando el Gobierno cubano encarceló a 75 opositores, los llevó a juicio sumario y condenó a largas condenas de cárcel por considerarlos "mercenarios del imperio". Por si fuera poco, tres secuestradores de una lancha de pasajeros terminaron ante el paredón de fusilamiento en esos tensos días.

Repulsa internacional. La UE arreció, comunitariamente, contra el Gobierno y la política de Fidel Castro. Una de las medidas: que los disidentes fueran invitados a las recepciones de las embajadas en Cuba de los países miembros de la UE. Una de las reacciones de las autoridades de la isla: que ningún miembro del Gobierno asistiría a esos actos. Un pulso, un fuerte pulso.

Triunfa el PSOE el pasado año; Aznar, derrotado, deviene en conferenciante en universidades gringas y a La Habana llega hace poco menos de un mes el nuevo embajador. Obviamente, de izquierdas, aunque derecho de mano (diestro), que eso es importante.

Ya estaba la decisión comunitaria que exigía cumplimiento. Por tanto, los opositores, invitación en mano, a los jardines de la residencia, a hacer lo que todo el mundo acostumbra en tales circunstancias, beber algo, charlar, vérselas con la clásica tortilla española, este que viene a preguntar, el otro a saludar, el de más allá que se interesa por esto y lo otro, los gringos preguntando, la foto detrás del embajador mientras hablaba...

Y la lluvia haciendo de las suyas. Tal parecía que encima de la residencia estaban un par de helicópteros no civiles con avispados bomberos regando agua cada 10 minutos. El cuento de Manolito con la jirafa enamorada del mono. Un besito en la oreja y ráscame la patita. Ráscame la patita y un besito en la oreja. Y el mono que no sabía dónde meterse.

Una marea humana que entraba al jardín y de repente volvía al estrecho espacio bajo techo de la residencia a cada rato. El “entraysale”, como decimos en buen cubano. Una práctica para el cuerpo diplomático de lo que podía resultar un viaje en 'camello' (una suerte de autobús popular, codo con codo, nariz con nariz, aliento con aliento). La emblemática tortilla española y las empanadillas de atún salpicándose del agua caída del cielo y una morena -¡Ay, las morenas!- del servicio contratado advirtiendo que “no está lloviendo, sino lloviznando, señó”.

Justo una hora, el color de la ceremonia, el intercambio con colegas, empresarios y diplomáticos españoles, para el toque de retirada y las líneas informativas pertinentes.

“Normal, más que normal, lo mismo de siempre, nada relevante, fulano o zutano presentes, el cardenal, el otro, cuántas medallas la de este agregado militar africano, el agua, mucha agua, calor sofocante en el salón, falta de aire puro, oye, que me voy y gracias por todo”. Y así salió de imprenta, bajo mi firma, bajo mi total responsabilidad.

Los que, estoica y periodísticamente permanecieron hasta el final, pasadas las ocho, escucharon el discurso de Alonso Zaldívar. Breve, conciso y con efecto explosivo para lograr poner pies en polvorosa a los ya indignados opositores. La tortilla debió sentarles muy mal en horas de la madrugada.

Repasemos momentos del discurso:
-“superar la situación actual”
-“hemos iniciado una reflexión, junto a nuestros socios de la Unión Europea”
-“consenso sobre la dudosa utilidad práctica de las medidas de junio de 2003 y sobre la necesidad de sustituirlas”
-“ese acuerdo es sólo cuestión de tiempo, y no de mucho tiempo además”
-“queremos superarla de acuerdo con el resto de la Unión y, no lo ocultamos, España quiere liderar ese proceso”
- “nos hubiera gustado que hoy estuvieran aquí miembros del Gobierno cubano”
- “esperamos que pueda haber representantes del Gobierno en las próximas fiestas nacionales”

Suficiente para que los disidentes tomaran el camino de salida, que no era otro por donde mismo entraron y estrecharan la mano del embajador. El mismo sendero que este corresponsal había transitado un rato antes para no poder narrar a su debido tiempo lo que siguió después.

Si todo esto pudo haberse realizado de otra manera, allá los analistas, los sabios que nunca faltan, los de protocolo, los del ceremonial, los consejeros, los estrategas... Sólo me pesa no haber sido un buen cronista de lo acontecido.

Eso sí, que los golpes enseñan. Si el embajador de la 'República de Cuasilandia' me invita a una de sus recepciones oficiales, hasta que no lo vea en cama y bien dormido no abandonaré el recinto diplomático. Digan lo que digan. Porque siempre en esta isla y entre cubanos no faltarán aquellos compatriotas o “compañeros” extranjeros que certifiquen que uno se quedó toda la noche para comer tortillas y soplarse unos rones de “gratindey” (gratis). Incomprensiones de la profesión.

Mis disculpas han quedado impresas, de corazón. Y que no vuelva a ocurrir, como me advirtieron en su momento. Que me invite el embajador chino y ya verán. O mejor, leerán.

CBB ESP PLT

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