Viernes 23 de octubre de 2004

Reynaldo González, último galordonado con el Premio Nacional de Literatura de Cuba

"Cada libro que he escrito me ha supuesto tanto esfuerzo como cursar una carrera"

Por Americaeconomica.com

Reynaldo González, el último autor galardonado hasta ahora con el Premio Nacional de Literatura de Cuba, está orgulloso de que uno de sus lectores más incondicionales fuera el escritor español Manuel Vázquez Montalban, fallecido hace ahora un año, con quien le unía un fructífera amistad. Este escritor, que ha tocado todos los géneros, se considera un incondicional del bolero, estilo musical al que se ha acercado en muchas ocasiones y asegura que para él la literatura ha sustituido a la formación universitaria que no tuvo, porque cada libro que ha escrito le ha supuesto tanto esfuerzo como cursar una carrera.

- ¿De dónde surge su conocida afición por el bolero?

- Para mí el bolero forma parte de la historia universal de la sentimentalidad. Y precisamente en este momento estoy preparando una serie de conferencias que voy a dar sobre este estilo musical extremo, en las que, por supuesto contaré con el apoyo de grabaciones sonoras. Pienso que esta música enraiza en los valores de la sociedad y que, en lo que se refiere a los sentimientos, revitaliza la cultura popular en sus arquetipos violentos de machismo y hembrismo, aunque hay también boleros ambiguos, andróginos, que se escribieron y se escriben sin marcar sexos.

En el bolero la mujer es hoy santa y mañana puta, e ilustra además la apertura de la permisibilidad de la pareja. Ventila todas las situaciones sentimentales que se producen en América Latina y registra completamente las palpitaciones de la vida. Me interesan todos los géneros populares. Mi forma de ser no me permite encasillarme, me impulsa siempre a hacer otras cosas, por eso, también he sido periodista, editor y luego me pasé casi 11 años como director de la Cinemateca de Cuba, para enfrentarme a un mundo que, en aquel momento preciso, apenas intuía.

- Su gusto por los géneros populares incluía la radionovela, que analizó en “Llorar es un placer”, sin embargo, ahora parece renegar de ella...

- La radionovela estuvo presente en mi infancia que se vio poblada de fantasmas buenos, capaces de despertar, con sus mensajes múltiples, el sueño y el delirio. Y no reniego de ella. Mi planteamiento es que la radionovela y su pariente más moderno la novela de televisión, deberían hacerse de manera diferente y llevar a su público otro contenido, y no, como es habitual, la falsedad de la vida y esa visión de que la existencia es una batalla sentimental. La radionovela o la telenovela pueden llegar a ser un vehículo de información, una vía que propicie al oyente o al espectador una visión más amplia del mundo. Hay intentos en este sentido, pero el propio medio lastra el contenido.

El hombre dedica más tiempo al trabajo y a mejorar su condición que al amor. El amor es cosa de horas libres y en la radio-telenovela se le suele colocar por encima de la realidad. Quise poner en evidencia en mi libro, “Llorar es un placer” cómo la radionovela deformó a más de una generación de cubanos, pero no niego las posibilidades del género.

- Ha dicho en alguna ocasión que prefiere la novela histórica a la narrativa más pegada a la actualidad, ¿lo mantiene?

- Entre mi primera y mi segunda novela pasaron 33 años. Y fue así porque supuse que no tenía la cultura necesaria para acometer la obra que quería. Me propuse una obra que debía sustentarse en una cultura sólida y me dediqué al ensayo mientras me preparaba para escribirla. Yo no hice estudios superiores, pero cada uno de mis libros es una carrera universitaria; cada uno de ellos me llevó a la universidad. Tal vez por eso, necesito la distancia. Lo publicado es letra que queda; lo inmediato muere. Cuando se aborda lo inmediato, el escritor se deja llevar por la pasión del momento.

El periodismo tiene su campo, que es el de la actualidad, y la novela histórica tiene el suyo, la posterioridad. Yo quiero escribir para después. Necesito ocuparme de un campo cerrado para tener así todos los elementos al alcance de mi relato. La cercanía a ese pasado me lo da el estudio. Yo siempre aspiro a la novela total en la que esté todo y se hable de todos. La realidad cubana cambia mucho, se mueve todo el tiempo y a mí me hace falta distanciarme de lo que escribo.

USA CBB PLT DTC

   

Edita Asesores de Publicaciones S.L.