|
|
Viernes 5 de noviembre de 2004
El ‘billete’ en Cuba es largo, bien largo Por
Aurelio Pedroso
Una semana más. Siete días más para que la gente continúe demostrando confianza en la voluntad del Estado y en el espíritu de la resolución que hizo soltar la liebre. Erró el Banco Central de Cuba en sus pronósticos en cuanto a la cantidad que pudiera tener la gente en casa y el tiempo imprescindible para el trueque. Y nada mejor que subsanar el dislate que anunciar la extensión del plazo para que la ciudadanía no se sienta tan presionada cuando sólo restaban horas para el cierre de la gigantesca operación, donde sólo faltó que un sacamuelas, en ese momento previo a la anestesia confirmada, hiciera también al paciente el canje de moneda oficialmente. Apartando a las principales autoridades, que son las primeras en desear que todo termine para ver finalmente –vaya, por curiosidad- cuánto tenía guardadito la población, el otro sector que ansía el final son las jóvenes cajeras. Algunas han tenido que pagar a particulares para que les cuiden los hijos porque el ritmo de trabajo ha sido tenso y extenso, sin parar. “Oye”, dice una de ellas, “fíjate que hasta hemos bajado de peso”. Una jornada agobiante que desde su comienzo no ha tenido un minuto de reposo tanto en el cambio propiamente dicho como en la apertura de nuevas cuentas en moneda dura. Y varias sorpresas han debido enfrentar estas esforzadas cajeras: una buen cantidad de billetes falsos lanzados al ruedo por aquellos seguidores de que “a río revuelto, ganancia de pescadores” u otros más suspicaces que luego en casa han intentado reclamar al banco que les faltaba dinero. Las mismas trampas de quienes en su tiempo jugaron al “Monopolio” o su versión criolla de “Capitolio”. De todo un poco, que para eso somos cubanos. Si bien es cierto que la cifra final de recaudación quizás nunca se sepa por ese proverbial sentido de la discreción bancaria, mucho menos aún se podrá tener una idea acerca de lo que finalmente quedó a buen resguardo en casa. Los hay que han optado por cambiar una parte de sus dólares y la otra sumergirla en recónditos sitios hogareños. Son los jugadores de cartas al tiempo. Y entretanto, George W. Bush de nuevo al poder. “Atácate”, como ha dicho sabiamente una vecina de nuestra delegación. CBB PLT MCR |
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
|