Viernes, 3 de diciembre de 2004

 

Robert Devlin, subgerente del Departamento de Integración y Programas Regionales del BID

“La historia de Latinoamérica es una historia de oportunidades perdidas"

Por Gema Velasco

Robert Devlin cree que China es una oportunidad para Latinoamérica, su "despertador". El ejemplo del país asiátiaco debería espabilar a la región y animarla a replantearse su estrategia de desarrollo porque si no volverá a quedarse atrás. Y advierte de que China es un fiero competidor que se ha preparado a conciencia. El subgerente del Departamento de Integración del Banco Inteamericano de Desarrollo (BID) considera que los países latinoamericanos deberían dar más importancia al papel estimulador del Estado y aliarse con el sector privado para organizar mejor sus recursos. Es algo vital para el futuro del subcontinente.

- Últimamente en Latinoamérica se habla mucho de China. El presidente de este gigante asiático, Hu Jintao, acaba de terminar una gira por la región en la que ha concretado inversiones multimillonarias, ¿se podría decir que al subcontinente le interesa llevarse bien con China?

- Sin duda, China es cada día un actor más importante en la economía mundial. En un fenómeno que en estos momentos no puede obviarse.

- ¿El interés es recíproco?

- Sí, por supuesto. China es un mercado muy interesante para las exportaciones latinoamericanas. Es una gran fuente de importación de insumos, de hecho, en Latinoamérica han crecido mucho en los últimos tiempos las ventas a este país asiático. Pero además, China es un país que tiene muchas reservas y al mismo tiempo necesita una gran cantidad de recursos primarios para la producción, por lo que también es una fuente importante de inversión extranjera. Es por tanto un gran mercado para las exportaciones y también para las importaciones. Pero no sólo se trata de cifras. El auge de China en la economía mundial ha provocado que este país también quiera convertirse en un jugador político. Participa, por ejemplo, en el G-20 donde ha colaborado siempre y ha apoyado las tesis latinoamericanas. La visita de Hu Jintao es una muestra del interés de China en aumentar su perfil político.


- ¿Qué gana Latinoamérica con este acercamiento a China?

- Las ventajas pueden verse desde diversos ángulos. En primer lugar, su surgimiento como una potencia económica provoca en Latinoamérica un efecto despertador para que comience a pensar en su propio desarrollo. La historia de esta región es una historia de oportunidades perdidas. En la década de los 50 su desarrollo económico era muy bueno, pero luego se quedaron atrás respecto a Asia. Los tigres resurgieron mientas que la región crecía lentamente y con poco dinamismo. Ahora, en la década de los 90, ha ocurrido lo mismo con China. El subcontinente, aunque está creciendo a buen ritmo, se encuentra rezagado respecto a este gigante asiático. Este break es muy importante porque Latinoamérica no está aprovechando el crecimiento para reducir la pobreza, y este hecho está generando muchas dificultades. Por eso China es importante como despertador. Quizá la región debería replantearse su estrategia de crecimiento. Si no, se puede quedar atrás otra vez.

- Y desde el punto de vista económico, ¿qué es lo que obtiene el subcontinente?

- China es un mercado de 1.300 millones de personas. Es, sin duda, una gran oportunidad. Y además Latinoamérica tiene ventajas competitivas frente a otras regiones para aprovecharla, sobre todo desde el punto de vista de la oferta de productos primarios. No hay que olvidar que China está cambiando y con ella los patrones de consumo. Ahora demandan fundamentalmente bienes como la soja, pero dentro de poco también empezarán a adquirir otros productos, por ejemplo, el café. Además, existe una muy buena oportunidad en el sector turístico. Hoy unos 25 millones de turistas chinos visitan Latinoamérica anualmente, pero en los próximos 15 años van a ser más de 100 millones. Y también aquí hay muchos países del subcontinente que tienen ventajas comparativas.

- China se ha convertido en el principal consumidor del mundo provocando un alza de las materias primas, ¿cómo se ha beneficiado Latinoamérica de esta situación?

- Otra de las ventajas que ofrece el gigante asiático a Latinoamérica tiene que ver con los factores sistémicos. El crecimiento de China ha empujado los precios de las materias primarias. Además, este país, al igual que el resto del sureste asiático, tiene mucho ahorro doméstico y reservas internacionales. Con ese dinero lo que está haciendo es comprar muchos bonos del Tesoro americano, una actitud que ayuda de forma significativa a reducir el déficit fiscal de EEUU y que, por tanto, también reduce presiones sobre los tipos de interés del país norteamericano. Y esto beneficia al subcontinente porque la región tiene mucha deuda externa denominada en dólares. De forma que sin las compras de China de títulos norteamericanos, EEUU tendría problemas para financiarse lo que provocaría un incremento de las tasas de interés y un aumento del servicio de la deuda en Latinoamérica.

- ¿Y respecto a las relaciones políticas?

- Ese es otro asunto a tener en cuenta. Además de todas las ventajas descritas anteriormente, China es un socio de Latinoamérica. Su potencial va mucho más allá de ser un mercado, es también un colaborador de la región en los foros internacionales como el de Naciones Unidas. Hay experiencias concretas de cooperación en diversos países, como es el caso de Brasil, nación con la que está desarrollando un programa de cooperación en tecnología de satélites. Como contrapartida, Latinoamérica tiene muchas cosas que enseñar a China en temas como la apertura de capitales o los procesos de privatización.

- Sin embargo, a pesar de todas estas ventajas las empresas latinoamericanas tienen miedo a China...

- China es un competidor, y muy importante. Se suele decir que este país asiático tiene una ventaja competitiva frente a otros países porque tiene mano de obra barata. Pero no es sólo eso. En realidad, este país tiene una dotación de mano de obra muy cualificada y el suficiente capital para ser competitivo en todos los aspectos tecnológicos, algo que tiene muchas repercusiones en las exportaciones. Lo que está claro es que China es un país que se está preparando a conciencia. Su productividad crece más que en Latinoamérica e invierte mucho en educación. En esta nación asiática hay más de 1,3 millones de graduados, y la mitad de ellos en carreras de ciencias y tecnologías. Además, destina mucho dinero a I+D, mucho más que en el subcontinente. Es un Estado proactivo, que concede créditos y estímulos para que el país pueda ofrecer productos y servicios de mayor valor añadido. En definitiva, se trata de un país que tiene una estrategia a largo plazo. Esto supone no sólo un desafío para Latinoamérica, sino también un ejemplo del que aprender.

- A pesar de todo, las empresas latinoamericanas no lo tienen tan claro. Durante la visita de Hu Jintao, Brasil y Argentina han otorgado a China el estatus de "nación de libre mercado", y esto no ha gustado nada a los empresarios latinoamericanos, sobre todo a los brasileños.

- Las relaciones entre Brasil y China tienen dos aspectos distintos. Por un lado, cuenta con un sector agrícola 'hipercompetitivo', mientras que el sector industrial no lo es tanto frente a China porque exporta muchos productos parecidos a los que vende al exterior el país asiático. Esto mismo le ocurre a Chile y México. Sin embargo, las quejas de Brasil no están tan justificadas como parece puesto que las ramas industriales son casi infinitas y lo que tienen que hacer los empresarios de este país es explorar las posibilidades de la cooperación intra industria con China. Un ejemplo de este tipo de colaboración es la que ha realizado la brasileña Embraer. Una de las enseñanzas que se pueden extraer de todo esto es que en Asia hay una gran máquina productiva y que Latinoamérica debería esforzarse más para vincularse con ella.

- Respecto al Mercosur parece que ha comenzado a haber problemas. La Federación de Industrias de Brasil ha pedido al presidente Lula da Silva que dé marcha atrás y no apruebe la unión aduanera porque considera que será un lastre para que el país pueda negociar libremente acuerdos comerciales, ¿qué le parece esta postura?

- Tienen que tomar decisiones. Decidir si quieren un mercado común o un área de libre comercio. La unión aduanera no es fácil, eso es algo que saben muy bien los países europeos. Requiere un compromiso político, pero da sus frutos. Si no es chicha ni limonada provoca más costes que beneficios. El BID cree que el Mercosur es una herramienta muy útil para competir en el mundo y entre los países que lo integran, pero requiere ese compromiso de hacer un mercado único y dentro de un plazo razonable. Esperamos que tengan la voluntad política para lograrlo.

- En Latinoamérica hay un gran interés por la integración regional que impulsan países como Brasil, Argentina o Venezuela, ¿cree que es realmente factible la constitución de la Comunidad Sudamericana?

- Creo que sí. Pero de nuevo tenemos que hablar de voluntad política. En este caso es incluso más importante porque se trata de una integración que va mucho más allá de los aspectos meramente comerciales. Se requiere un gran compromiso. Lo que existe en estos momentos es una declaración de intenciones, ahora lo que es necesario es encontrar mecanismos y fuerza política para que este proyecto se concrete en el corto o medio plazo.

- ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Perjudicaría a la creación de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)?

- No creo porque el ALCA es un mercado de 800 millones de personas y, a mi juicio, cualquier esfuerzo entre uno o más países para hacerse más fuerte y competitivo es bueno para el ALCA. Un Mercosur fuerte o un EEUU fuerte hace al ALCA también más poderoso.

- ¿Cree que en un futuro Latinoamérica será una gran fuerza a tener en cuenta desde el punto de vista exportador?

- Latinoamérica tiene que pensar en una estrategia. Se han hecho cosas muy positivas. Hace 20 años, asuntos como el equilibrio fiscal, la estabilidad macroeconómica o la necesidad de estimular las exportaciones eran temas que no se consideraban vitales, se ponía en duda su idoneidad. Ahora existe la democracia, un sector privado preparado, integración regional y otros muchos activos. Pero también debilidades. No se ha avanzado en la disminución de las desigualdades, lo que genera muchas quejas y provoca inestabilidad. Además, el papel del Estado se ha marginado y hay pocos países que han tenido éxito sin un Estado fuerte que ejerza un papel proactivo. Los países latinoamericanos deben aliarse con el sector privado, que es el que mejor conoce las debilidades y oportunidades, para organizar los recursos. Es muy importante para el futuro de Latinoamérica.

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