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Viernes
4 de febrero de 2005
Los
recursos fósiles del país se agotarán en dos
décadas
Trinidad
y Tobago: Singapur en el Caribe
Por
Juan Carlos Galindo*
Durante
la última semana de enero todas las miradas de la prensa
internacional se han centrado en dos aspectos esenciales para el
futuro del mercado energético mundial: las elecciones en
Irak, segunda reserva mundial de petróleo, y la reunión
de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP) en Viena (Austria). Quizás por eso ha pasado desapercibido
el hecho de que la multinacional BHP Billiton haya anunciado el
inicio de la explotación del pozo de Angostura, en Trinidad
y Tobago, con capacidad para producir 60.000 barriles diarios.
Pero, seguramente, la indiferencia y el olvido se deban más
al hecho de que, hasta hace muy poco tiempo, este pequeño
archipiélago del Atlántico Caribeño era más
conocido por su clima y sus fiestas que por sus recursos fósiles.
Sin embargo, los tiempos han cambiado, las necesidades energéticas
acucian y los inversores buscan lugares seguros de los que obtener
las materias primas.
El
maná fósil. Independiente
desde 1962, esta ex colonia británica, formada por las dos
islas que le dan nombre y situada enfrente de las costas venezolanas,
ha encontrado en el petróleo y el gas una fuente excepcional
para su desarrollo. En efecto, con la explotación del nuevo
pozo de Angostura, Trinidad y Tobago alcanza los 130.000 barriles
diarios. Sin embargo, es el gas natural el que se ha convertido
en los últimos años en el verdadero maná para
el país caribeño. Según las cifras aportadas
por la National Gas Company (NGC), las reservas de gas probadas
se sitúan por encima de los 32.000 millones de pies cúbicos,
pero se calcula que podrían alcanzar los 92.000 millones.
Y todo esto, sin explorar aún los recursos existentes en
aguas profundas.
Por
supuesto, tan enorme riqueza ya tiene quien la ambiciona. Más
del 80% del gas licuado que exporta cada año Trinidad y Tobago
tiene EEUU como destino final. De esta manera, el país caribeño
se convierte en el primer suministrador de gas licuado a EEUU. Y
es que los estadounidenses tienen sed de energía. Se calcula
que al actual ritmo de consumo, en pocos años sólo
la costa sureste de EEUU necesitará 2.000 millones de pies
cúbicos de gas al día.
De ahí que ambos países hayan puesto todos sus esfuerzos
en la construcción, anunciada a mediados de 2004 por el ministro
de Energía de Trinidad y Tobago, de un gaseoducto que llegue
hasta las costas de Florida y cuyo coste ascendería a 3.000
millones de dólares. Nada comparado con los inmensos beneficios
generados por una industria en constante expansión. Sólo
en el Golfo de México, EEUU tiene proyectadas entre nueve
y 12 centrales de regasificación (que transforman el gas
licuado que llega de los barcos metaneros) para 2025.
Ante
tan extraordinaria demanda, las autoridades de Puerto España
han iniciado un ambicioso programa de reformas e inversiones con
el objetivo de convertir a su país en el Singapur del Caribe.
Así, se ha aprobado la construcción de un gaseoducto
entre las islas para concentrar y transportar la producción
y optimizar costes. Además, una hábil política
gubernamental ha permitido implicar a diversas empresas extranjeras
sin dejar fuera al capital nacional.
De esta manera, la producción de gas está controlada
por el consorcio Atlantic LNG, formado por NGC (Trinidad y Tobago),
Repsol (España), British Gas y Britis Petroleum (Gran Bretaña)
y Troctebel (Bélgica). Desde principios de este año,
su actividad y sus relaciones con los poderes públicos estarán
vigiladas y auditadas gracias a que el gobierno del país
ha decidido suscribir la Iniciativa de Transparencia para las Industrias
Extractivas (ITIE).
Interrogantes
sobre el futuro. Ahora
bien, la pregunta es si autoridades, poderes económicos y
financieros y sociedad civil pueden convertir esta lluvia de inversiones
y beneficios en desarrollo social sostenible. Por el momento, en
Trinidad y Tobago están haciendo bien los deberes. Al menos
mejor que en la inmensa mayoría de los países de su
entorno o en condiciones parecidas. Según Naciones Unidas,
el país ocupa un meritorio puesto 54 en la lista elaborada
por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por
delante de grandes potencias como Brasil o Rusia. Es más,
en Trinidad y Tobago la tasa de alfabetismo está por encima
del 98% y la esperanza de vida supera los 71 años.
Una
pregunta más, ¿será capaz este pequeño
país de distribuir las riquezas generadas entre su casi millón
y medio de habitantes? ¿Se apuesta por el modelo de Singapur
o por el de Guinea Ecuatorial? De nuevo, parece que las cosas marchen
moderadamente bien. Por ejemplo, en 2000, las autoridades del archipiélago
crearon un fondo con un porcentaje de los beneficios del petróleo
y el gas para poder utilizarlo en caso de crisis. En 2005, el fondo
alcanzará los 1.000 millones de dólares.
Sin
embargo, este desarrollo presenta ciertas zonas oscuras. Así,
la explotación masiva de recursos del subsuelo está
dañando seriamente el ecosistema de las islas y aguas territoriales.
Además, la importancia excesiva de los recursos naturales
en los ingresos del país (más de tres cuartas partes
del total) unida a la ausencia de un modelo de desarrollo alternativo
mantienen en la incertidumbre el desarrollo futuro del país.
Los recursos fósiles se agotarán en dos décadas.
¿Y entonces? ¿Será capaz Trinidad y Tobago
de haber desarrollado un sistema que garantice al menos sus actuales
estándares de desarrollo? ¿Será capaz de mantener
la estabilidad y la democracia a medida que los recursos que le
han hecho rico empiecen a menguar? Todo depende de la voluntad de
la clase política y empresarial y del vigor de la sociedad
civil. No es tan fácil convertirse en el Singapur del Caribe.
*Periodista de la Agencia de Información Solidaria
(AIS)
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