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Viernes
4 de febrero de 2005
Botín,
Corcóstegui y Amusátegui, en el banquillo de los imputados
¿Son
delito las jubilaciones millonarias?
Por
Michela Romani
Emilio Botín,
el banquero más importante de España y presidente
del Grupo Santander, el noveno banco del mundo por activos, está
sentado en el banquillo de los imputados de la Audiencia Nacional
de Madrid, acusado de apropiación indebida o gestión
desleal. Le acompañan el ex copresidente del Banco Santander
Central Hispano (BSCH), José María Amusátegui,
y el ex consejero delegado de dicha entidad, Angel Corcóstegui,
los beneficiarios de las millonarias jubilaciones
que son la causa del proceso penal, abierto por decisión
de la jueza Teresa Palacios. Una decisión que sorprendió
a muchos, ya que la Fiscalía del Estado pidió reiteradamente
el sobreseimiento del caso por no encontrar indicios de delito
penal.
La acusación
particular, la única que hay en este proceso, está
representada por Rafael Pérez Escolar y Francisco Franco
Otegui. Dos personajes conocidos en el Grupo Santander. Son accionistas
del banco y de su filial doméstica, Banesto, y en las juntas
de accionistas de ambas entidades suelen protagonizar altercados
con los directivos del banco, a quienes acusan de cuidar sólo
sus intereses.
Pérez
Escolar fue condenado por el "caso Banesto" y no está
en la cárcel por razones de salud. El segundo es un abogado
que, según el entorno del Santander, está relacionado
con el grupo de interés vinculado a Pérez Escolar.
Algo que Otegui niega. En una breve conversación con este
diario, en una de las pausas del juicio, este acusador de Botín
explicó que su lucha "no es contra el Santander, sino
contra toda la corrupción que hay en este país".
Los tres imputados
se han negado a contestar a las preguntas que durante sus respectivos
interrogatorios les formularon los abogados de la acusación
particular. Botín explicó claramente que no respondería
porque considera que quienes le acusan tienen el objetivo de dañar
al Santander "desde 1994, cuando compramos Banesto". El
banquero dijo que la animosidad del grupo de Pérez Escolar
tiene su origen en que el Santander y los nuevos gestores de Banesto,
cuya presidenta es la hija de Botín, Ana Patricia, intentaron
recuperar parte de la deuda que Pérez Escolar mantenía
con el banco. El acusador de Botín fue gestor de Banesto
en la época de Mario Conde.
En este escenario,
los abogados de Escolar y Otegui obtuvieron por primera vez respuestas
directas a sus interrogaciones en el día de hoy, viernes,
cuando comenzaron a declarar los testigos. El primero fue el secretario
del consejo de administración del BSCH, Ignacio Benjumea
Cabeza de Vaca, quien actualmente ocupa el mismo cargo en el Grupo
Santander. Su interrogatorio por parte de la acusación duró
más de lo previsto. Hoy, el tribunal había convocado
a siete testigos, pero sólo hubo tiempo para que la acusación
interrogara al primero, quien el lunes deberá volver a la
Audiencia para contestar al fiscal y a la defensa.
Todo hace pensar
que el juicio será más largo de lo que se esperaba.
Antes de que empezara la sesión de hoy, el abogado de Franco
Otegui manifestó a este diario que "todos creen que
esto acabará rápido... pero después, eventualmente,
estará el Tribunal Supremo.
¿Sed
de poder? La tesis de la acusación es que Botín
pagó a los otros dos imputados para que se fueran del neonato
BSCH y le dejaran sólo al mando. Los letrados de Escolar
y Otegui, José Manuel López Benítez y José
López Sánchez, respectivamente, intentan demostrar
que el actual presidente del Santander planteó desde el principio
de la fusión que él se quedaría como único
presidente del nuevo banco y que elegiría a su equipo sin
ningún condicionamiento. En último término,
quieren demostrar que Botín utilizó el dinero del
BSCH para sus objetivos personales.
Las fechas en que se firmaron o modificaron los contractos de los
dos directivos del BSCH, la presunta falta de entrega de información
al Banco de España y la elevada cantidad de los pagos recibidos
son, según la acusación, las pruebas de su teoría.
Todos sabían.
Uno de los puntos en los que hace hincapié la defensa es
que todas las decisiones que llevaron al BSCH a desembolsar los
millones de las jubilaciones de Amusátegui y Corcóstegui
se tomaron con la aprobación unánime del consejo de
administración. Seguidamente, fueron ratificadas con amplias
mayorías en varias juntas de accionistas, la última
vez en junio de 2004.
La defensa, además, pretende demostrar que las cantidades
percibidas por los antiguos ejecutivos del BSCH son acordes con
las del mercado. Por esta razón, ha pedido la admisión
de informes periciales sobre los pagos en grandes empresas internacionales.
Los abogados defensores, en particular el de Corcóstegui,
Javier Sánchez Junco, y el fiscal, Fernando Burgos, han insistido,
además, en dejar clara la diferencia entre consejeros y consejeros
ejecutivos. Han preguntado a los imputados sobre los procedimientos
habituales de retribución de los miembros de los consejos
según las funciones que desarrollen. Desde el entorno de
la defensa de Corcóstegui manifestaron a Americaeconomica.com
que ellos entienden que la decisión de la jueza Palacios
de abrir el proceso tiene relación con la falta de reconocimiento
de un trato diferente de los consejeros ejecutivos.
La reconstrucción
de los hechos.
Hasta la fecha de hoy, con las declaraciones de los tres imputados
y del primer testigo, se ha llegado a la siguiente reconstrucción
de los hechos relacionados con este juicio. Las conversaciones para
la fusión entre el Santander y el Banco Central Hispano (BCH)
empezaron a mediados de diciembre de 1998. Botín encargó
a Matías Rodríguez Inciarte, entonces vicepresidente
del Santander, que contactara con Corcóstegui para proponerle
la fusión, según indicó Botín. Una versión
que ratificó el ex consejero delegado del BCH quien explicó
que él le propuso la idea a Amusátegui.
Desde ese momento,
se creó el grupo de trabajo conformado por los cuatro principales
responsables de ambos bancos: Botín e Inciarte por un lado
y Amusátegui y Corcóstegui por el otro. Se
decidió que el consejo de administración del nuevo
banco tuviese 27 miembros, "en vez de los 30 y pico que habría
dado la suma de los consejos de las dos entidades", según
explicó Botín contestando a una pregunta del fiscal.
Los consejeros
del Santander y del BCH que tuvieron que renunciar a sus puestos
no recibieron indemnizaciones, ya que no eran ejecutivos. Los tres
ejecutivos del Central Hispano que mantuvieron su cargo en la nueva
entidad renegociaron sus condiciones, Amusátegui, Corcóstegui
y Santiago Foncillas. A Corcóstegui, que iba a ser el consejero
delegado del BSCH, se le ofreció un sueldo de 1,8 millones
de euros anuales, más una jubilación del 100% de su
sueldo y del 70% de las prestaciones económicas que recibía
como consejero.
El nuevo contrato
de Corcóstegui se aprobó durante el primer consejo
del BSCH, celebrado el 17 de abril de 1999. El interesado y los
dos copresidentes lo firmaron dos días después. Los
tres imputados en sus sucesivas declaraciones coincidieron en afirmar
que los consejeros aprobaron este contrato por unanimidad y que
para su redacción se contó con la asesoría
jurídica del secretario del máximo órgano directivo,
Ignacio Benjumea, quien hoy ratificó este extremo en su comparecencia.
El contrato
de Amusátegui firmado el 15 de enero de 1999 nada decía
de su sueldo, pero recogía el bonus que se le entregaría
en el momento de su cese. El consejo del mes de abril de este mismo
año decidió mantenerle el sueldo que tenía
en el BCH.
Muchas de las
preguntas de la acusación, puntualmente retomadas por el
fiscal o por algunos de los abogados de la defensa, giraron alrededor
de por qué la cifra del bonus de jubilación
que cobraría Amusátegui está escrita a mano.
Los imputados adujeron como razón la "privacidad",
en el sentido que la cifra se suele escribir en el último
momento para que no trascienda antes de lo debido.
Fuentes financieras
solventes comentaron a este diario que esta es una costumbre normal.
"Cuando Santander compró Banesto, el monto de la compra
se puso a mano y en el último momento", explicaron.
Botín
aseguró que a principios de agosto de 2001, Amusátegui
le dijo que la fusión estaba avanzando más rápidamente
de lo previsto y que cuanto "antes se avanzaría hacia
la presidencia única, mejor sería para los accionistas.
Yo la consideré una decisión perfectamente lógica
y racional", dijo el actual presidente del Santander. La cifra
de la adenda del contrato de Amusátegui firmada en agosto
también estuvo escrita a mano, aunque tanto el beneficiario
como Botín aseguraron que la cantidad era exactamente la
misma prevista en el documento firmado en enero. "El bonus
de 43 millones se aprobó en abril, el consejo de agosto simplemente
lo ejecutó", dijo el presidente del Santander.
En el consejo
de administración de agosto de 2001, donde se oficializó
la salida del co-presidente del banco, no se nombró a nadie
para cubrir la vacante. Fue una decisión que tomó
el consejero delegado, ya que las disposiciones transitorias de
los estatutos le otorgaban el derecho de nombrar a un sustituto
en caso de que Amusátegui se fuera. Benjumea dijo hoy que
fue él quien preguntó a Botín y a Corcóstegui
si se iba a cubrir la vacante y añadió que tuvo la
sensación que "ellos ni siquiera lo habían pensado",
ya que estaba claro que el nuevo banco necesitaba "adelgazar
el consejo", según los principios del buen gobierno.
En febrero de
2002 se produjo la salida de Corcóstegui del BSCH. Botín
aseguró que la dimisión del consejero delegado fue
una sorpresa enorme para él. "Me dijo que estaba muy
cansado y no se encontraba con las fuerzas necesarias para seguir
siendo nuestro consejero delegado. Intenté que cambiara de
idea pero no lo logré", relató el banquero al
fiscal.
El ex consejero
delegado del BSCH confirmó estas palabras. Dijo que las razones
de su renuncia fueron estrictamente personales y que Botín
le pidió "una, dos y más veces" que cambiara
de idea. Incluso, según afirmó Corcóstegui,
le propuso que se tomara unos días de vacaciones antes de
tomar una decisión tan drástica. Pero el consejero
delegado no cambió su decisión.
Ante el tribunal,
Corcóstegui explicó que su salida provocó que
la Comisión de Retribuciones del banco redujera en un 42%
la jubilación que él cobraría, de 175 millones
a 108,1 millones. El ex consejero del BSCH dijo que aceptó
rescatar su jubilación, o sea cobrarla toda de una vez, pese
a que esto comportara que tuviese que pagar el 50% al Fisco, porque
así le convenía al banco. Luego recordó que
el consejo de administración también le impuso una
incompatibilidad de 10 años en cualquier cargo relacionado
con la banca.
ESP BYS
Cronología
de los hechos
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15 de enero
de 1999. Mañana
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Consejos de
Santander y de BCH firman el protocolo de fusión.
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15
enero de 1999. Tarde
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Firma
del contrato de Amusátegui
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17
de abril de 1999
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Primer
consejo de la nueva entidad fusionada, BSCH. Aprobación contratos
de Amusátegui y Corcóstegui.
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19
de abril de 1999
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Firma
del contracto de Corcóstegui
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26
de julio de 2001
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El
consejo confirma a Corcóstegui como consejero delegado tras
el fin del periodo de copresidencia.
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14
de agosto de 2001
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Adenda
contracto Amusátegui para añadir reversibilidad de su pensión
en caso de muerte
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16
de agosto de 2001
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Consejo
extraordinario que toma nota de la renuncia de Amusátegui.
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13
de febrero de 2002
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Dimisión
de Corcóstegui
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Retribuciones
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Amusátegui
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Corcóstegui
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Cobró
un bonus de jubilación de 43,7 millones de euros. Además
sigue cobrando dos pensiones vitalicias una del 100% del
sueldo y otra del 70% de las retribuciones que cobraba como
consejero.
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Cobró
108,1 millones de euros. Según los cálculos iniciales iba
a cobrar 175 millones, pero el consejo le impuso una reducción
del 42%. El 50% lo pagó al Fisco.
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