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Viernes 4 de febrero de 2005
DESDE EL MALECON CON... Y ahora, a no fumar Por
Aurelio Pedroso
A nosotros los cubanos siempre nos falta algo. Y esto es tan habitual en este peculiar socialismo, como en viejas épocas capitalistas. Y hasta más, desde los remotos años de la colonia. Resulta que es raro el día en que no exclamemos ante cualquier eventualidad que “lo único que nos faltaba” es tal o más cual cosa. Y de inmediato al grano. “Lo único que nos faltaba” entre tanta tensión y preocupaciones. La mano dura de la ley para prohibir, o mejor, para estrechar el cerco de los viciosos al cigarro. Con ello, Cuba se sitúa a la altura de las grandes naciones desarrolladas donde, al margen de las respectivas leyes, se puede portar un lanzacohetes o cambiarse el sexo en cada estación del año. Pero eso sí, el fumador es el enemigo número uno de esas sociedades. Más peligroso que el bebedor u alcohólico, que ya es mucho decir. Hablando claro: que muchos no tienen por qué inhalar por carambola el humo de otros. Un cabo de tabaco apagado en un local cerrado es la antesala para la aparición del mismísimo Satanás y, si no llega, al menos aquí en la isla, será por estar ocupado en una reunión o por dificultades en el transporte. La ordenanza, curiosamente, no proviene del Ministerio de Salud Pública, sino de otro muy peculiar que tenemos por acá y que se hace nombrar Ministerio del Comercio Interior. Ese mismo, el de la añeja cartilla de racionamiento o “libreta”. Pero mucho ojo, que tal resolución está avalada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. En fin, que nos quedan unas horas nada más para hacer y deshacer con el cigarrillo, que bien caro resulta el paquete por aquello de hacerlo inaccesible a los bolsillos, para no estimular su consumo. Menos mal que nos tratarán con misericordia. Tendremos habilitados en algunos sitios unos “corralitos” para fumar. Aún así, está por ver qué sucederá a partir del 7 de febrero, que ya se sabe y está confirmado, como dijera el Generalísimo Máximo Gómez, que o no llegamos o nos pasamos. A ver si hasta prohíben ese tango de “fumando espero”. Todo es posible. Por lo pronto a fumar en casa, si es que la familia lo continúa permitiendo. Motivos habrá más que suficientes para prender un cigarrillo o, el que pueda, un buen tabaco (puro). Ahí está en pleno cierre la serie nacional de béisbol, los filmes policíacos gringos del sábado por la noche, el huevo que no acaba de llegar a la bodega, el carpintero que no aparece para reparar la ventana o el par de saquitos de cemento para la rajadura del techo y la siempre inquietante espera de la niña que ha salido a una fiesta. Vivir por ver y fumar menos. CBB
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