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Viernes
18 de febrero de 2005
El
Partido de los Trabajadores (PT) sufre una derrota histórica
tras perder la Presidencia de la Cámara baja
El
Congreso desafía a Lula
Por
María Blasco
Lula ha sufrido
una derrota histórica en el Congreso. El Partido de los Trabajadores
(PT) que lidera el mandatario brasileño ha perdido la Presidencia
de la Cámara baja. Es la primera vez que el partido que tiene
mayoría en el Parlamento no preside esta institución.
Los dirigentes del PT están perplejos. No se explican qué
ha pasado y, aunque intuyen que se ha tratado de una reacción,
no saben muy bien contra qué. Ahora el partido y el Gobierno
intentan recomponerse de este duro golpe y cerrar filas para garantizar
al menos su continuidad al frente de las comisiones más influyentes
de la Cámara e impedir que el suceso no empañe la
celebración del 25 aniversario del nacimiento del PT.
El partido
no está para muchos festejos. El resultado de la votación
en el Congreso ha evidenciado la progresiva debilidad de Lula en
el Parlamento tras dos años al frente del Gobierno. El partido
que ha arrebatado al PT el liderazgo en la Cámara ha sido
el Partido Progresista (PP), organización que tiene tan sólo
52 escaños de los 513 totales, frente a los 91 del partido
de Lula, 357 si se suman los de sus aliados de coalición.
El candidato
del PT, Eduardo Greenhalgh, ha sido vapuleado por un hombre de 74
años, Severino Cavalcanti, quien ganó la votación
en la segunda vuelta con 300 votos, 105 más que Greenhalgh.
El proceso de elección de presidente del Congreso duró
14 horas.
El presidente
del PT, José Genoino, reconoció que se trata de "una
gran derrota que no esperábamos". Los dirigentes del
partido reflexionan en voz baja y en público. El líder
de esta formación política en la Cámara baja,
Arnaldo Chinaglia, admitió que hubo fallos en el proceso
de elección del candidato oficial y reconoció que
el resultado de la votación ha generado un gran revuelo entre
la base de los aliados. También admite que, por el volumen
de los votos, se deduce que se trató de una reacción,
aunque "es difícil identificar contra qué exactamente".
La reacción.
Pero no basta con lamentarse. Hay que reaccionar. El PT está
ahora analizando la estrategia a seguir para garantizar que el partido
en el Gobierno mantenga la presidencia de las principales comisiones
de la Cámara para asegurarse de que salgan adelante sin problemas
las propuestas planteadas por la Administración de Lula.
También
tendrán que buscar un nuevo líder del bloque parlamentario
del PT. Ahora, tras la pérdida de la Presidencia es el puesto
más importante del partido. La elección se realizará
la próxima semana. Probablemente el martes. Los diputados
"petistas" también han comenzado a analizar su
plan de acción política para este año.
La estrategia
tendrá que cambiar para adaptarse a las nuevas circunstancias,
al hecho de que el PT ya no dirige la Cámara. Se pusieron
a trabajar en ello el día siguiente a la derrota. Una de
las cosas que analizan es la posibilidad de establecer estrategias
para que los parlamentarios mantengan una relación más
directa y fluida con el Ejecutivo. En definitiva, se trata de un
intento de superar la caída y de indentificar los errores
que han llevado al partido a esta situación tan delicada.
Y no sólo
al partido. Algunos diputados reconocen que el voto a favor de Cavalcanti
fue un voto contra el Gobierno de Lula. El mandatario latinoamericano
no está en su mejor momento. Tras conocer la noticia, el
presidente brasileño adelantó su regreso a Brasil
desde Suriname donde participó en la Conferencia de Jefes
de Gobierno de la Comunidad del Caribe (Caricom).
Más
problemas. La prensa brasileña dio por hecho que
Lula anticipaba su vuelta para hacer frente a esta crisis aunque,
según la versión oficial, el presidente adelantó
su salida para hacer frente a la radicalización de los conflictos
surgidos en el estado de Pará. El ministro de Defensa del
país, José Alencar, anunció ese mismo día
que había ordenado, en ausencia del presidente, el envió
de 2.000 soldados a la zona para detener la ola de violencia generada
por la disputa de tierras en la Amazonia. En los últimos
días, los problemas en esta región se han radicalizado,
circunstancia que también está pasando factura a Lula.
Desde algunos sectores se asegura que este conflicto evidencia el
fracaso de la política social del Gobierno brasileño.
Tampoco están
en estos momentos demasiado contentos los empresarios ni los sindicatos.
A ninguno les gusta la política monetaria que está
llevando a cabo el Banco Central, y aunque la entidad es en la práctica
(que no en la forma) un ente independiente del Gobierno, es difícil
evitar que se identifique su actuación con la del Ejecutivo,
o al menos con su complacencia. La Administración de Lula
lo sabe y han sido varios los ministros que en público se
han encargado de mostrar su opinión contraria a la continua
subida de los tipos de interés.
Esta misma semana
el Comité de Política Monetaria (Copom) del Banco
Central de Brasil (BC) ha incrementado por sexta vez desde el pasado
mes de septiembre los tipos de interés hasta dejarlos en
el 18,75% tras una subida de 0,50 puntos porcentuales. La tasa real
(descontada la inflación) es del 12,5%, la más elevada
del mundo, un hecho que han celebrado los sindicatos con
fuegos artificiales y a ritmo de samba en una manifestación
convocada a las puertas del BC el mismo día que el Copom
anunciaba su decisión.
El presidente del
BC, Henrique Meirelles, ha intentado quitar hierro a la polémica
y asegura que subir o no la tasa selic no tiene importancia, "es
una discusión técnica", lo que a su juicio hay
que plantearse es el "por qué el tipo de interés
de referencia es alto y qué es lo que el país tiene
que hacer en el largo plazo para reducirlo". Lula
ya se ha puesto a trabajar en ello y ha comenzado a analizar la
puesta en marcha de un plan de batalla contra el aumento de los
precios. El presidente pretende negociar con los grandes sectores
económicos del país una fórmula para frenar
la inflación. El Gobierno, a través del Banco Nacional
de Desarrollo Económico y Social (Bndes), pretende estimular
estos acuerdos sectoriales a través de un aumento de la financiación
para nuevas inversiones.
Según
la prensa del país, si los empresarios se resisten, la Administración
estudiará la posibilidad de estimular las importaciones de
los productos que comercializan esas compañías 'rebeldes'
para forzar una caída de los precios mediante el incremento
de la oferta.
Al presidente
brasileño le vendría muy bien para recuperar el favor
del público que los precios cedieran y que el BC
relajara su política monetaria. Quizá los buenos datos
económicos puedan hacer olvidar el fiasco en el Congreso.
Oportunamente hoy viernes, tres días después de la
votación en la Cámara baja, se ha conocido que en
el último trimestre de 2004, el empleo en la industria y
la masa salarial crecieron a un ritmo no visto desde hace mucho
tiempo. En los tres últimos meses del año el número
de personas ocupadas en la industria aumentó un 4,3% y los
salarios un 9%, el crecimiento más elevado de los últimos
10 años.
Al menos la
economía da un respiro a Lula. Tampoco parece que Cavalcanti
vaya a dar muchos problemas al Gobierno. El Ejecutivo se ha llevado
un gran disgusto, pero el nuevo presidente del Congreso ha asegurado
que ayudará a Lula a sacar adelante su agenda política.
En cualquier caso, aunque sea así, lo que no podrán
evitar es el daño que ha hecho este episodio a la imagen
del PT, el mayor partido de izquierdas de Latinoamérica.
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